miércoles, 11 de junio de 2014

Las venas cerradas de América latina

Durante los últimos cuarenta años, "Las venas abiertas de América Latina," de Eduardo Galeano, ha sido el texto canónico anticapitalista y antiyanki en la región. Hugo Chávez puso incluso una copia del libro, que llamó “un monumento de nuestra historia latinoamericana,” en las manos de Barack Obama la primera vez que se encontraron. A sus 73 años, sin embargo, el escritor uruguayo, se ha arrepentido de su propio libro, diciendo que no estaba calificado para tratar el asunto y que estaba mal escrito. Como era de esperar, sus declaraciones han despertado un vigoroso debate, con la izquierda empecinada en una obstinada defensa de las ideas que su propio referente ahora refuta.
“Las venas abiertas intentaba ser un libro de economía política, pero yo no contaba con suficiente entrenamiento o preparación,” dijo Galeano en abril pasado al responder algunas preguntas en la bienal del libro en Brasil, donde se celebraba el 43º aniversario de la publicación de su libro. Y agregó: “no sería capaz de leerme el libro de nuevo; me desmayaría. Para mí que esa prosa de la izquierda tradicional es extremadamente pesada y mi mente no la tolera.”
En su libro, Galeano promueve la “Teoría de la Dependencia,” la idea de que las naciones y los pueblos ricos y poderosos del mundo asignan y aplican un rol económico secundario subordinado a las naciones y los pueblos del mundo en desarrollo. Es la clásica teoría victimista de izquierda, basamento de todos los movimientos populistas y tercermundistas, una visión conspirativa de la historia en la cual unos fuertes Estados Unidos mandan sobre una débil América Latina.
Pero Galeano no se había detenido a pensar por qué otras sociedades pobres como Corea del Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong progresaron sin que nadie se lo impidiera. Malasia transformó completamente su economía en los últimos treinta años. Es decir que no les importó lo que decía el libro para construir, por ejemplo, los modernos y fabulosos edificios de Kuala Lumpur; así como los automóviles, artículos electrónicos, telas y alimentos que hoy constituyen los dos tercios de sus exportaciones. En Indonesia, el sector manufacturero se halla en continua expansión y diversificación, ayudado también por el sector turismo, que ha crecido en forma exponencial en lo que va del siglo. E incluso, en América Latina, Chile y la sexta economía del mundo: Brasil. Estos hechos muestran lo que el propio Galeano confirma ahora: que de economía sabía muy poco y lo poco que creía saber estaba totalmente errado.
Como escritor político, Galeano precisó de un verdadero coraje y gallardía para corregirse públicamente. No es fácil admitir cuando uno se equivoca. Y tengo que admitir que me ha sorprendido. Nobleza obliga.
En sus declaraciones en Brasil, Galeano aseguró que "la izquierda a veces comete graves errores cuando llega al poder," lo que se ha interpretado como crítica a Cuba bajo los hermanos Castro y a la errática administración de Venezuela bajo Chávez y su sucesor Maduro. Pero Galeano se describe todavía como "muy de izquierda," y en otras ocasiones ha celebrado los experimentos en democracia social que se han dado durante la última década en su propio país, y también en Brasil y Chile.
“La realidad ha cambiado mucho, y yo también,” dijo en la bienal. Y agregó: “La realidad es mucho más compleja precisamente porque la condición humana es diversa. Algunos sectores políticos para mí cercanos pensaban que dicha diversidad era una herejía. Incluso hoy, hay algunos sobrevivientes de ese tipo que piensan que toda diversidad es una amenaza. Por fortuna, no lo es.”
La verdad es que el progreso económico y la prosperidad son electivos. Una sociedad puede optar por hacer las cosas bien o mal, y esas decisiones tienen consecuencias. Hacen lo correcto durante un par de generaciones y la economía despegará; hacen lo contrario y la economía se hundirá.
Ya no se puede seguir insistiendo en un rencoroso discurso setentista según el cual los ricos le imponen la pobreza a los pobres. Este escritor demuestra haberlo comprendido. La tan mentada “dependencia” no parece hacer mella allí donde el ser humano elige la independencia. Hay un concepto para eso: libre albedrío.
Es muy simple: hay países que en un punto de su historia -Japón, por ejemplo, a partir de 1945- empiezan a hacer las cosas de un cierto modo que conduce al crecimiento y al desarrollo sostenido, mientras que otros países se quedan atrapados en sus propios discursos caducos. Lo que debe cambiar es la visión, y llevar ese cambio a la práctica. Mientras la visión no cambie, las consecuencias seguirán siendo las mismas.

sábado, 7 de junio de 2014

Otro día, otro recital

El licenciado-guitarrista Amado Boudou cuenta con un raro privilegio respecto a otros casos de corrupción que salpicaron al gobierno: la presidenta lo respalda. A diferencia, por ejemplo, del resonado caso Skanska o las increíbles peripecias de Felisa Miceli y Antonini Wilson, en que el poder no dudó en empujar fuera de sus cargos a los funcionarios sospechados. Boudou, en cambio, no renuncia; ni siquiera pide licencia. En realidad, la primera mandataria no podía abandonar a su suerte al vicepresidente porque detrás del negocio con la ex -Ciccone habría toda una red de complicidades, y porque habría sido Néstor Kirchner quien le encargó a Boudou que desarticulara la posibilidad de que el grupo Boldt, al que se asocia con Eduardo Duhalde, pudiera quedarse con la imprenta que fabricaba billetes para la Casa de Moneda. Por lo tanto, soltarle el brazo a Boudou expondría al gobierno a que el vicepresidente confiese muchas cosas.
Una hipotética caída del vice se interpretaría como un signo de falta de cohesión de cara al fin de ciclo gubernamental, ocasionando que el poder oficialista se termine diluyendo más rápidamente todavía. El hecho de que Boudou esté vinculado a una empresa rodeada de una nube de sospechas de corrupción ha sido un factor constante de erosión al poder real de Cristina y si, además, sus problemas con la justicia se agravan, quedará demostrada la disminución de ese poder cuando el gobierno está atravesando, justamente, su peor momento. Estos avatares que viene sufriendo, su falta de credibilidad en todas las áreas y la difícil situación económica en que se encuentra el país lo ponen en un delicado terreno en el que cualquier movimiento en falso puede resultar fatal.
Frente a este escenario, entonces, la presidenta decidió renovar su defensa del vicepresidente. Lo hizo en forma indirecta el pasado miércoles, durante un acto en la Casa Rosada en el que anunció una nueva moratoria para incorporar a 473.000 nuevos jubilados. Fue cuando reivindicó la decisión de estatizar los fondos previsionales que administraban las AFJP, entre cuyos autores intelectuales se encuentra Boudou.
Al mismo tiempo, la Casa Rosada ayudó a diseñar la estrategia judicial de Boudou, tendiente a entorpecer el accionar de la justicia para postergar una definición de la misma. De acuerdo con ese plan, se pidió la nulidad del llamado a indagatoria y el vicepresidente renovó sus provocaciones al juez Ariel Lijo, tal vez con la esperanza de encontrar un camino que conduzca a la recusación del magistrado, al tiempo que, como le gusta a Cristina, recurrió a los fantasmas de Clarín y La Nación, los culpables de todas sus angustias y todos sus quebrantos como dice el bolero, para explicar su triste situación.
Además, el hecho de que Cristina lo abandone sería admitir lo que debe ser evidente hasta para ella: elegirlo como compañero de fórmula fue un error garrafal.
Lo concreto es que Boudou debe presentarse a declarar ante el juez Lijo, quien cuenta con diez días para decidir su situación procesal. Si las respuestas del vicepresidente convencen al magistrado, lo absolverá y podrá dar por finalizado el caso y seguramente otro día dará otro recital como ya nos tiene acostumbrados. Si no lo convencen, quedará procesado y tendrá problemas más graves que tocar las aburridas canciones de la Mancha de Rolando, una banda mediocre.

viernes, 6 de junio de 2014

El Día-D más 70 años

El 6 de junio de 1944 fue el día más largo, la vuelta de bisagra de la historia expresada de manera dramática por Winston Churchill y su inmortal sentencia: "Jamás nos rendiremos." Palabras que esa madrugada cobraron un sentido que perdurará para siempre.
La Operación Overlord, la hazaña del Día-D, ejecutada por sorpresa y en la que se empeñó un enorme esfuerzo bélico, marcó el principio del fin del dominio nazi en Europa.
Entonces se había reunido, en el más absoluto secreto, un ejército de cientos de miles de hombres en Inglaterra. Los ingleses y los norteamericanos que habían cruzado el océano Atlántico se reunieron para invadir el continente que estaba bajo el dominio de Hitler. Todas las capitales –París, Viena, Varsovia, Bruselas, La Haya, Budapest, Belgrado, Praga, Bucarest, Oslo, Copenhague- tenían la cruz svástica.
De pronto, en Normandía, el mar se cubre de barcos y desembarcan las tropas aliadas. El cielo se pone negro de aviones. Llueven paracaidistas. La invasión se derrama arrolladora, y ningún contraataque alemán pudo ya parar el avance de aquellos soldados. Los ojos del mundo estaban puestos en ellos por medio de las tecnologías disponibles: los diarios, el cine y la radio. La invasión se implementó sobre las cinco playas conocidas como Utah, Gold, Sword, Omaha y Juno. En las tres primeras, los aliados no encontraron mayor resistencia, pero en Juno y en "la sangrienta Omaha" tuvieron lugar encarnizadas batallas. Eisenhower, comandante supremo de las Fuerzas Aliadas, dirigía a casi 3 millones de soldados. Más de la mitad de ellos eran estadounidenses; las tropas británicas y canadienses sumaban alrededor de un millón de efectivos, y también había combatientes franceses, polacos, checos, belgas, noruegos y holandeses. Al caer la noche del 6 de junio había 150.000 soldados de las Fuerzas Aliadas en las costas del continente europeo y miles más en camino. Quienes lucharon en las playas ese día cambiaron el curso de la historia.
Y así, imparables, los aliados avanzan sobre Hitler hasta que, en 1945, queda acorralado en el edificio de la Cancillería de Berlín. Para entonces, también se había producido el avance de Rusia y Hitler queda atrapado entre los americanos que embestían por el Oeste y los rusos por el Este. Acosado simultáneamente por ambos frentes, el Fürher ve derrumbarse el edificio de la Cancillería y muere como una rata en su propia ratonera.
Fue así como las fuerzas de la libertad le devolvieron la libertad a Europa. Ese fue el sentido de Normandía.
En la casa del mariscal Rommel, en Herrlingen, Alemania, sonaba el teléfono. Llamaba el jefe de su Estado Mayor para hacerle un resumen de la invasión.
Rommel lo escuchó horrorizado, y aunque estaba claro que aún quedaban por delante meses de lucha, sabía que el juego había terminado. Todavía no eran las 12 del mediodía y el día más largo de la historia ya era historia. La suerte estaba echada. Las cartas ahora jugaban para los aliados. Por un capricho del destino, el poderoso mariscal alemán no estuvo en la línea de fuego durante la batalla decisiva. El 6 de junio era el cumpleaños de su esposa y quiso estar en su casa con ella.
Para unos 2.500 soldados estadounidenses, británicos y canadienses, aquel día de gloria fue el último. La batalla de Normandía terminó al final del verano de 1944. En la actualidad, los restos de más de 100.000 soldados que murieron a lo largo de ese verano yacen en 27 cementerios.
Seis semanas después del Día D, un grupo de conspiradores intentó matar a Hitler, pero fracasaron. Rommel, acusado falsamente de estar involucrado en la conjura, se suicidó envenenándose para evitar el juicio y salvar a su familia de las represalias.
Entre los sobrevivientes del Día D se encontraban Bill Millin, el gaitero británico que acompaño el desembarco en la playa Sword. Después de la guerra se convirtió en enfermero y se radicó en Devon, Inglaterra. Millin falleció en 2010.
El comandante alemán Werner Pluskat, quien sobrevivió al combate de la playa Omaha, recibió órdenes de regresar a Alemania, donde más tarde sería tomado prisionero por los norteamericanos. Fue liberado al finalizar la guerra y dirigió una empresa de cemento alemana. Murió en 2002.
El teniente coronel Terence Otaway recibió la Orden del Servicio Distinguido por la toma de la batería antiaérea de Merville, en la playa Sword, y llegó a ser un empresario exitoso en Surrey, Inglaterra. Otaway decía que el Día D “no sólo fue la clave para la liberación de Europa, sino también el día en que las dispersas fuerzas aliadas se convirtieron en una máquina cohesionada. La OTAN y todas las alianzas occidentales actuales le deben su existencia.” Falleció en 2006.
Lo que siguió a Normandía fue la apoteósica liberación de París y la llegada triunfal de los aliados a Berlín. La guerra terminaba. Después de seis largos y peligrosos años, Europa volvía a conocer la paz.
La reconstrucción de Europa fue hecha por los mismos europeos, pero también por los americanos. Fueron manos americanas las que reconstruyeron Monte Casino en Italia, la Catedral de Reims en Francia, o una plaza de Varsovia o un teatro de Berlín. Y la historia da una vuelta completa. Comienza un nuevo tomo de una gran enciclopedia: la historia de Europa.
Finalmente, el Plan Marshall es la mano de América que se tiende a Europa para que se levante de nuevo y camine.
Se cumplen 70 años de ese acontecimiento crucial: el desembarco de los aliados en Europa, el primer paso para liberar el continente de la ocupación nazi.
Hoy quise recordarlo no sólo como la batalla trágica pero a la vez heroica que fue, un relato desgarrador del enfrentamiento entre hombres, sino también como la vuelta de bisagra al significar el principio del fin de un capítulo negro de la historia y salvar al mundo para la civilización.

jueves, 8 de mayo de 2014

Amor, odio, amor

Hugo Chávez le dedicó un Padre Nuestro a Fidel Castro porque pensaba que Estados Unidos era Satanás.
La relación de Chávez con Estados Unidos era como la del resto de la humanidad: inevitable. Hay envidia, admiración y recelo en esa característica historia de amor y de odio por los norteamericanos, especialmente cuando nadie deposita un centavo en el Banco de Cuba. ¿Podemos comprender esta hipótesis de conflicto?
Envidia porque desde que Estados Unidos se independizó, en 1776, el resto de América siguió su ejemplo. Este país fue el primero en romper el yugo con el país más poderoso del mundo, Inglaterra, con lo cual demostró que "el hombre está dotado de ciertos derechos inalienables otorgados por su Creador, entre los que se encuentran la vida, la libertad y el propósito de la felicidad.” La inmortal sentencia de Thomas Jefferson sentó un precedente que cambió el curso de la historia.
Así, los Padres Fundadores levantaron esta nueva nación con ideas simples y nuevas casi sacadas de la naturaleza virgen que los rodeaba, libres de las complicaciones intelectuales de los países europeos que seguían cargando con el peso histórico de la nobleza, los ejércitos y la iglesia. En muchos países se adoptaron instituciones calcadas de los Estados Unidos que, a su vez, imitaba a la antigua Roma. Los capitolios de La Habana, Caracas, Buenos Aires y Bogotá son réplicas del Capitolio de Washington, inaugurado en 1800.
Recelo porque Estados Unidos ha desatado guerras, ha conquistado territorios y ha pasado de ser un país no muy grande de 13 estados hasta expandirse imparable hacia el Oeste y llegar a ser ese coloso continental “de costa a costa” de 50 estados.
Admiración porque dos siglos y medio después de su independencia, Estados Unidos es la primera potencia planetaria. Han creado un sistema económico, político y social tan perfecto que sirvió de inspiración y guía a todos los demás sistemas del mundo y las migraciones son, justamente, hacia ese país. Todos los latinoamericanos (los pobres a recoger la fruta, los ricos a estudiar a Harvard) quieren ir al paraíso norteamericano cueste lo que cueste.
Estados Unidos es el gran laboratorio desde donde se perfila el futuro. De allí vienen las modas, las músicas, las imágenes, las técnicas, las consagraciones que tarde o temprano se esparcirán por todo el mundo.
Para los ingleses, Estados Unidos es la colonia que humilló al rey Jorge. Para  los franceses, la nación que les arrebató la primacía de Occidente. Para los españoles, la potencia que vino a despojarlos de sus últimos bastiones americanos: Cuba y Puerto Rico. Además, toda Europa tiene que agradecer que los yankis le sacaran de encima a Hitler. Y en la Argentina, la historia indica que Kissinger se mostraba complacido con Videla, pero el movimiento de los derechos humanos fue impulsado por Jimmy Carter y su diligente secretaria Patricia Derian, enemigos jurados de la dictadura militar.
Muchos miran con odio a los Estados Unidos por implementar guerras e invasiones en otras partes del mundo. Culpar y odiar es fácil, pero desde este otro punto de vista se adquiere otra visión de las cosas. Durante mucho tiempo, mientras países como Inglaterra, Francia, Holanda, Portugal o España fueron grandes imperios marítimos, Estados Unidos fue un país pobre. Pobre era el inmigrante que llegaba al puerto de la bahía de Nueva York. Pobre era el pionero que colonizaba el Oeste.
Y uno de los estados del Oeste, California, es hoy tan rico que si fuera un país independiente sería la quinta economía mundial.
Todo ese odio y envidia, entonces, al ver una sociedad próspera y ordenada, una sociedad que se proyecta en el tiempo formada por decenas de culturas diferentes donde el respeto hacia el otro es fundamental, donde no existe el caos, donde las reglas de juego son claras, donde todo aquel que lleve una vida ordenada puede acceder a un crédito para la vivienda, puede progresar a largo plazo. Una sociedad norteamericana que es el espejo del mundo. Y la imagen que se refleja es que en el corazón de cada hombre anida el deseo de ser libre.
Muchos de nosotros sabemos de sobra todo esto, pero resulta sorprendente ver cuántos políticos latinoamericanos siguen engañando a sus pueblos con cuentos sobre “la inexorable decadencia” de Estados Unidos. En muchos casos, son sus propios países los que están en caída libre.

jueves, 1 de mayo de 2014

Hay que pasar el invierno

La plaga de la inflación no se agota en sus efectos inmediatos, como el menor poder adquisitivo, la mayor pobreza y el aumento de la conflictividad social. Es un virus tan pernicioso que exige tomar medidas radicales y, por lo tanto, impopulares. Esa es la carga que le espera al próximo gobierno. Pero aún le quedan casi veinte meses al gobierno actual y, como es su costumbre, se limitará a combatir las secuelas de los males, no sus causas. Su retórica populista y complaciente seguirá versando sobre la guerra santa contra las corporaciones y el diario Clarín. El verdadero tratamiento quedará para quien asuma la presidencia el 10 de diciembre de 2015. Una vez que el proyecto “Cristina eterna” recibió su lápida y el relato que emana todos los días de la Casa Rosada transita sus últimos tramos, queda abierta la puerta para la próxima fase de la historia.
El nuevo gobierno empezará así de la peor manera. Desde el inicio, deberá pagar el enorme costo político de hacer un ajuste impopular, que sólo producirá resultados con el paso del tiempo. La fórmula inversa del manual kirchnerista de supervivencia política, en cambio, consiste en no pagar jamás un costo y postergar hasta el infinito la solución verdadera de los problemas.
La verdadera receta consiste en la reducción del gasto público desbordado para así limitar la emisión monetaria que es la causa de la inflación. Por lo tanto, tendrán que desaparecer subsidios, dádivas y programas del estilo de "Fútbol Para Tapar Todo." Acaso, reducir la cantidad de empleados en todos los niveles de la administración pública. Eso no le gustará a la Cámpora, ya que sus miembros, sus amigos, los amigos de sus amigos, y los amigos de los amigos de sus amigos son los que ocupan los cargos. ¿Habrá, tal vez, que reprivatizar empresas estatizadas en los últimos once años? Esas empresas no se mantienen por arte de magia sino que son una carga para el contribuyente. Los números no mienten. Si no se paga hasta el último centavo del déficit, éste no cerrará. Pero los próximos gobernantes serán blanco de la demagogia y la crítica fácil. Se los tachará de reaccionarios, traidores a la patria y agentes del imperialismo yanki.
La década ganada es el corolario de las siete décadas perdidas que comenzaron en 1945 cuando el lema era “los dólares no se comen” y que significaron el retroceso de la entonces séptima economía mundial hasta caer en el pantano del facilismo demagogo en el que hoy se encuentra con las consecuencias que todos conocemos y que sería redundante enumerar aquí. En la actual situación, sería bueno intentar otras políticas.
Esas otras políticas serían el ajuste fiscal, el desarrollo de planes energéticos, la restauración de la independencia judicial y el desmantelamiento de la red de obsecuencia mediática oficialista, sólo por nombrar algunos factores que serían muy positivos para la recuperación de la calidad institucional. Son medidas, como dije, que tienden a ser impopulares y que sólo arrojarán un resultado con el paso del tiempo, pero como decía Álvaro Alsogaray, “hay que pasar el invierno.”
Hace ya muchos años, la reina María Antonieta inmortalizó la frase “si no tienen pan, que coman torta,” y perdió la cabeza. Dos siglos más tarde, Néstor Kirchner dijo, “¿Qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso?” Y él también se fue de este valle de lágrimas. Es como para pensar que las sentencias formuladas desde el poder tienen consecuencias fatales.
Si al próximo presidente argentino se le ocurre poner en práctica la consigna de Alsogaray, espero sinceramente que no haya nada que lamentar.

lunes, 7 de abril de 2014

El panorma de la sucesión presidencial

Un nuevo sondeo de la consultora M&F confirma la tendencia que se viene percibiendo desde la primera marcha masiva opositora al gobierno realizada el 13 de septiembre de 2012: la imagen presidencial va en caída libre. El 65% de las personas consultadas desaprueba la gestión. Otro dato curioso que dejó la encuesta fue la pregunta relacionado con el partido político con el que se identifica la gente. El 43,5% de los entrevistados dijo que “con ninguno,” el 26,1% afirmó que con el peronismo, el 13,6% con el radicalismo y el 3,6% con el socialismo. Un 7,1% no quiso o no supo responder. Por otra parte, el nombre que se baraja como el posible próximo presidente es Sergio Massa.
En la Casa Rosada saben esto, así como que el 18 de octubre 2015 es la fecha de vencimiento del "relato" y del "modelo." No solamente eso, sino también la posible apertura de un proceso revisionista de consecuencias imprevisibles para quienes manejaron durante más de una década los recursos del estado sin ningún control efectivo; es decir, con un poder absoluto.
Con este panorama en cierne y sin ninguna posibilidad de re-reelección, la presidenta se encuentra ante dos alternativas. Una, el kirchnerismo consigue hacer pie en ese núcleo duro que lo sustenta (léase el 22% que catapultó a Néstor al poder) y logra postular un candidato propio para rivalizar con Massa; o dos, el "modelo" se diluye sin pena ni gloria y estos años se recordarán con nostalgia como la encarnación efímera de un proyecto de poder que tal vez estuvo a punto de existir.
En el primer caso, el análisis es muy arduo ya que Axel Kicillof y Amado Boudou, por nombrar los máximos puntales del kirchnerismo, son precisamente quienes registran los peores niveles de aprobación según el sondeo de la mencionada consultora, y por lo menos hasta el día de hoy no parece surgir figura alguna que pudiera captar votos. Daniel Scioli, abrumado por sus desgastantes problemas, sería el único capaz de enfrentar a Massa, pero en las actuales condiciones no cuenta con mayores posibilidades de ganar la pulseada.
Por lo tanto, la segunda opción parece la más plausible. La razón es que el poder de los Kirchner en su apogeo era indiscutible y nadie estaba en condiciones de disputárselo. Los caciques territoriales y los jefes del conurbano eran virtualmente sus empleados. Pero ahora el poder de los Kirchner está muy lejos de su apogeo. El “pragmatismo” demostrado por la presidenta al devaluar la moneda después de años de haber predicado exactamente lo contrario demuestra que la realidad, tarde o temprano, se impone a la ideología, y que si ambas no coinciden, el dilema es adaptarse o desaparecer. Por otra parte, el nombramiento del ex-radical Gerardo Zamora como presidente provisional del Senado, el tercero en la sucesión presidencial después de Boudou, puede interpretarse como una señal de lo debilitada que estaría la presidenta en estos momentos. El jefe del bloque radical, Gerardo Morales, declaró que la designación de Zamora responde a que “Cristina no quiere a un peronista porque tiene a Boudou complicado y teme que los propios kirchneristas la empujen fuera del gobierno.”
Las circunstancias del poder han cambiado de manera dramática y seguirán cambiando a medida que este poder se extinga. A la presidenta ya no le basta con su ejército de aduladores mediáticos ni con su habitual troupe de focas aplaudidoras a los que nos tenía acostumbrados. Los tiempos se aceleran y la ciudadanía está ávida de nuevas propuestas, de buenas y nuevas propuestas.
Estas son las condiciones en las que se desarrollará la transición. Con una presidenta atenta a las variables macroeconómicas y dispuesta a hacer los ajustes necesarios, pero limitada por falta de oferentes en lo que a sucesión se refiere. Con un partido que la acompañará hasta el final, pero disperso a la hora de elegir un sucesor.

miércoles, 2 de abril de 2014

Maduro escribe en The New York Times

Nicolás Maduro utilizó uno de los símbolos del “imperio” que tanto odia y decidió publicar una nota en el diario The New York Times para lanzar un “llamado a la paz” y pedir al “pueblo estadounidense” que aliente a las autoridades a no sancionar a Venezuela. En un artículo titulado “Un llamado a la paz desde Venezuela,” invitó a los venezolanos a leer su columna porque allí, aseguró, se dice “una cantidad de verdades contrastables con el pueblo de Venezuela porque se miente mucho en Estados Unidos.”
El mandatario acusó además a quienes llevan adelante las protestas en su contra y dijo que lo hacen con “el sólo objetivo de un derrocamiento inconstitucional del gobierno elegido democráticamente.”
“Las recientes protestas en Venezuela –dice el presidente- han llamado la atención de la comunidad internacional. Gran parte de la cobertura en los medios internacionales ha distorsionado la realidad de mi país y los hechos de actualidad,” y agrega que hay una “narración” presentada por el gobierno estadounidense en la cual “los manifestantes están ampliamente descriptos como pacíficos, mientras dicen que el gobierno es violento y represivo.”
“En realidad, el gobierno de Estados Unidos está en el lado del 1% que quiere arrastrar a nuestro país de nuevo a una época en que el 99% era excluido de la vida política y sólo la élite, incluyendo las empresas de Estados Unidos, se beneficiaban del petróleo de Venezuela,” señaló. “Espero que los estadounidenses, conociendo la verdad, expresen que Venezuela y su pueblo no merecen tal castigo y llamen a sus líderes políticos para que se abstengan de sanciones.”
En un cambio de tono, a la vez, Maduro dice que ha llegado la “hora del diálogo y la diplomacia.” También señala que su gobierno le ha hecho llegar al gobierno de Barack Obama su “deseo de volver a intercambiar embajadores,” aunque no aclaró cuándo ni cómo fue efectivizada esa propuesta.
Hace unos días, escribió en esas mismas páginas Leopoldo López, el líder opositor venezolano que fuera encarcelado por las protestas.
Creo que es bueno que el periódico New York Times publique un artículo del presidente de Venezuela. Al igual que este importante órgano de prensa y todos los medios de prensa escrita, radial y televisiva de Estados Unidos publiquen y emitan imágenes y declaraciones, transmitan entrevistas, conceptos y puntos de vista de todo ser humano que pisa este planeta.
Creo que es bueno que suceda este hecho no solamente por lo publicado, por los conceptos vertidos con los que podemos estar de acuerdo o no, sino por entenderse que la democracia, la libertad de expresión y el respeto al ser humano es eso que, en el gran imperio que tanto se odia, se practica y ejerce a diario mientras que en muchos otros países brilla por su ausencia.