jueves, 6 de marzo de 2014

Corea del Norte, sumida en la oscuridad

En una contundente evidencia del fracaso de las políticas colectivistas, esta foto obtenida por la NASA desde la Estación Espacial Internacional deja ver a una Corea del Norte sumergida en la penumbra.
Los astronautas tomaron esta imagen nocturna de la península coreana, que ilustra la oscuridad en la cual se encuentra el país asiático. La NASA afirma que la foto muestra la tierra oscurecida como si fuera un parche de agua uniendo el Mar Amarillo y el Mar de Japón. Pyongyang, la capital, aparece en la toma nocturna como una pequeña aldea a pesar de tener una población de 3,26 millones de habitantes. La emisión de luz de Pyongyang es la misma que la de los pueblos pequeños de Corea del Sur, explica la NASA.
Las luces nocturnas nos ilustran, justamente, la importancia económica de las ciudades. Según datos del Banco Mundial, en Corea del Norte, el consumo per cápita de energía es de 739 kilowats/hora, mientras que en Corea del Sur alcanza los 10.162 kilowats/hora. "Corea del Sur está llena de luces y energía y vitalidad y una economía en auge. Corea del Norte es oscura, " dice el ex-Secretario de Defensa Norteamericano Donald Rumsfeld.
La imagen lo dice todo. Corea del Sur, que luego de la escisión de la península en 1948 logró convertirse en una democracia liberal exitosa, se posiciona en la actualidad como una de las economías más importantes del mundo con un notable nivel de vida para todos sus habitantes, mientras que su vecino del norte está sumido, moral y materialmente, en la oscuridad, tal y como esta foto lo demuestra. Corea del Sur, Japón e incluso China, que en los últimos años se ha inclinado a las reformas de mercado, aparecen inundados de luz, mientras que la oscuridad que envuelve a Corea del Norte permanece inmutable. El tiempo parece haberse detenido allí.
Pero la luminosidad no es el único indicador relevante. Viene al caso destacar que mientras que el ingreso per cápita de este país es menor que el de Uganda, tiene el quinto ejército más poderoso del mundo y un plan nuclear propio. Todo bajo la anuencia del dictador Kim Jong-un, un hombre de pocas luces.
Y todo en el país de menor libertad económica del mundo según el reciente informe de la Heritage Fundation. La oscuridad y la tiranía van juntas por la simple razón de que son las armas elegidas por los déspotas para hundir a los pueblos en la ignorancia.

sábado, 1 de marzo de 2014

El silencio de los inocentes

Si usted es una de esas personas que pensaba que nada podía sorprenderlo, esto puede hacerle cambiar de opinión. Amado Boudou, atosigado por las causas en su contra como  las pesadillas de los chicos de Elm Street, acaba de declarar lo siguiente respecto a la causa Ciccone: “En esto, no voy a involucrar a nadie que no sea yo. Soy responsable de todos los hechos que llevé adelante como funcionario público.” El licenciado-guitarrista titular del Senado de la Nación, investigado por negociaciones incompatibles con la función pública y enriquecimiento ilícito, aseguró el jueves que se pondrá a disposición de la justicia y que se presentará ante la misma siempre que sea requerido.
Sorprende este mensaje. En abril de 2012, tras un allanamiento a un departamento de su propiedad en Puerto Madero, Boudou acusó al entonces procurador general  de la Nación, Esteban Righi, y a abogados de su estudio de supuestas maniobras relacionadas a tráfico de influencias. Esas denuncias no prosperaron, pero Righi debió renunciar a su cargo. En esa volteada, cayeron también el fiscal Carlos Rívolo y el Juez Daniel Rafecas, quienes se alejaron de la causa Ciccone. Y ahora que habló, Boudou dice “suficiente” y asegura que no involucrará a nadie más.
¿Cómo se interpreta esto? Hay varias formas. Una de ellas, Boudou simplemente quiere poner en práctica el viejo aforismo que reza que la honestidad es la mejor política. Otra, es una manera de llevar un mensaje de tranquilidad a Cristina “Kerner” y a otros funcionarios; pero también una cruda advertencia: este llamativo sinceramiento sería una manera de decirle a la presidenta que no habría peligro de que cante en contra de ella siempre y cuando ella no intente desvincularse de él. Está claro que Amado Boudou no tiene la menor intención de abandonar el importante cargo que ocupa y perder su confortable dieta.
El silencio es uno de los bienes más preciados dela política argentina, especialmente cuando hay hechos de corrupción de por medio. El silencio es el punto de referencia de los políticos.
Por otra parte, el nombramiento como presidente provisional del Senado de Gerardo Zamora, un ex –radical acusado de “traidor” por sus antiguos correligionarios, es una señal de lo vulnerable que estaría la presidenta en estos momentos tan difíciles.  El jefe del bloque radical, Gerardo Morales, afirma que la designación de Zamora, el siguiente en la sucesión presidencial después de Boudou, responde a que “Cristina no quiere a un peronista porque tiene a Boudou complicado y teme que los propios kirchneristas la empujen fuera del gobierno.”
De cualquier modo, no hay muchas razones para pensar que la presidenta le soltaría la mano a su vicepresidente. El caso de una hipotética renuncia de Boudou sería interpretado como una señal de debilidad, y eso le añadiría más peso a la oposición cuando el gobierno se encuentra,  sin duda, en su peor momento. Estos avatares que viene sufriendo a diario, su falta de credibilidad en todas las áreas y la frágil situación económica por la que atraviesa el país lo ponen en un delicado terreno en el que todo sería bueno, todo serviría para salvar su tan deteriorada imagen. El silencio de Boudou a cambio del apadrinamiento de Cristina. Eso sería lo convenido. El convidado de piedra  es el pueblo, por supuesto.
Después de Boudou, la siguiente ficha del dominó es Cristina. Es el pensamiento que, como fantasma en el castillo, circula entre los ambientes del poder.        

lunes, 10 de febrero de 2014

¿Finalmente es el fin?

Según informa el Banco Central en su página web, el saldo al 6 de febrero era de 28.000 millones de dólares. Esa cantidad, según advierte el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, "equivale a sólo cinco meses de importaciones." Según un allegado del gobernador bonaerense Daniel Scioli, si dichas reservas "perforan el piso de los 25.000 millones, vamos a estar en problemas." ¿Contribuye este panorama a lo que podríamos llamar un clima destituyente? Que soplen vientos nadie lo niega. Más que vientos, voces explícitas. Ricardo Colombi ya avisó que tiene bonos listos para pagar las deudas impagables de Corrientes, como si el recurso bonista no hubiese sido causal de gobiernos que inexorablemente se encaminan al abismo. Otra sentencia filtrada en el entorno de Scioli fue "si cae Cristina, caemos todos." Por su parte, el ex-kirchnerista devenido en opositor Jorge Yoma dice que “esto es un final cantado” y que lo suyo no es golpista porque “los gobiernos que se caen en democracia es por inútiles.” Y el intendente de Merlo, Raúl Othacehé, quien hasta hace unas horas acompañaba el proyecto nacional y popular, anunció su pase a las huestes del traidor Sergio Massa.
Otras declaraciones pertinentes son las del jefe de gobierno porteño Mauricio Macri, uno de los presidenciables de 2015, que dijo que el gobierno “está enfrentando serios problemas de gobernabilidad.” Para el ex gobernador y actual diputado Felipe Solá, “este gobierno puede terminar como el de Alfonsín.” El jefe de gabinete Jorge Capitanich dijo que “se pretende generar una acción psicológica de desestabilización permanente.” Los sindicalistas Luis Barrionuevo y Hugo Moyano declararon respectivamente que “si tienen miedo de irse antes es porque seguro se van antes” y “buscan la forma de provocar algo y justificar su salida.”
¿Clima enrarecido? La política, como la justicia, tiene plazos, pero pueden adelantarse. El vicepresidente Amado Boudou dejó entrever en ámbitos privados que ahora, en pleno proceso legal por el caso Ciccone, analiza la posibilidad de cantar, y no precisamente una ópera. Insinúa que, si en verdad se anima a hacerlo, el expediente más sensible para el gobierno podría alcanzar directamente a Olivos. Estos son los corillos que circulan y sólo el tiempo dirá si son hechos. Boudou está viviendo una verdadera pesadilla judicial, y algunos se preguntan hasta qué punto podrá soportar tanta presión hasta que se quiebre. Agustina Kämpfer, la pareja del vicepresidente, también está siendo investigada por enriquecimiento ilícito en el marco de ese mismo expediente. Todavía no fue citada a declarar, pero puede suceder y la información que dé podría resultar comprometedora. El vice, atrapado sin salida, sabe que los tiempos se aceleran. Varios diputados de la oposición pidieron su juicio político. Tan atribulado está Boudou que en la intimidad dejó entrever como sería su rol en un eventual escenario de salida anticipada de Cristina Kirchner. La versión es que, como primer eslabón en la sucesión presidencial, negociaría su rápida salida a cambio de una limpieza en su legajo judicial. Pero el peronismo también tiene lo suyo: su condición de extracción no peronista puede dejarlo desvalido. Y si hasta el momento creía que su mejor defensa era la propia Cristina, está muy equivocado, ya que el lógico desgaste de un kirchnerismo que se empieza a despedir del poder acelera aún más los tiempos.
Por otra parte, los problemas de salud de la presidenta la colocan en una situación particularmente vulnerable. Dicen los que la rodean que el trance de la recuperación le puede llevar todo el año y, de hecho, ya nunca va a ser la misma de antes. 
Sin liderazgo claro, con falta de dialogo y en un tenso panorama en el que dos piezas juntas no parecen encajar, tanto el oficialismo como la oposición prevén la posibilidad de un final anticipado del mandato presidencial. ¿Deben activarse los mecanismos legales para el relevo del poder? Para inclinar la balanza al otro lado, diremos que la vicejefa del ejecutivo porteño María Vidal calificó como “disparate” plantear una salida anticipada de Cristina, aunque se encargó de recalcar que “el modelo se agotó.”
¿Se resignará la presidenta a su largo adiós? ¿Lograrán congeniar todas las partes involucradas? El gobierno camina en un patio de baldosas flojas y cualquier paso en falso podría resultar fatal. La impresión es que si se cae, no lo ayudarán.    
     

lunes, 3 de febrero de 2014

Las fantasías de Axel

Unos compañeros de la Universidad de Buenos Aires donde estudió Axel Kicillof señalan que era "un tipo inteligente que estaba convencido de que era muy inteligente." Otro comentó que "le costaba y le cuesta asumir que de algún tema no entiende." Mientras que un profesor decía que “hablaba mucho porque le encantaba escucharse.”
Considero que aquí radica esencialmente el problema. Kicillof es un teórico que jamás se ha movido en el plano de la economía real. Ni él ni nadie que lo rodea sabe cómo se crean los empleos ni funciona la economía en el sector privado. Parte de simples postulados teóricos que estudiaba en la universidad para aprobar las materias que cursaba. Y como todos los teóricos, se aferra al convencimiento de que sus conocimientos son correctos y que nada ni nadie podrá sacarlo de esa convicción. Hasta que la realidad toca a la puerta.
Vamos por partes. Hay un sueño del populismo que es controlar la economía en todos sus niveles: precios, salarios, tarifas, tasas de interés, etc. Pero ese sueño se convierte en pesadilla cuando se altera una variable y se lucha infructuosamente por mantener las otras bajo control. Por ejemplo, el gobierno pretendió resolver el problema de la pérdida de reservas y del atraso cambiario y el resultado fue activar otros problemas como la carestía, la puja distributiva y agravar el conflicto social. La presidenta y su ministro pretendieron representar un papel mesiánico y pusieron en marcha un mecanismo que no pudieron controlar.
“No vamos a hacer nada que genere bruscos cambios en la economía,” fue la primera definición de Kicillof el 21 de diciembre cuando asumió como ministro. Dos meses más tarde, el peso sufría su mayor devaluación en 12 años: un 32%. El dólar se fue a 8 pesos, siempre y cuando el ahorrista acredite un sueldo mínimo de 7.200 pesos y consiga autorización de la AFIP. Para todos los demás supuestos, la divisa norteamericana supera holgadamente los 10 pesos, y sigue subiendo. El 14 de abril de 2012,  durante su alocución de defensa de la estatización de YPF en el Senado, Kicillof no escatimó críticas y arremetió contra los “papagayos que repiten la idea de que hay que devaluar la moneda.” Casi dos años después, sin necesidad de hacer comparaciones con un ave tropical, fue el responsable de la devaluación.
El mismo día de su asunción también habló de las reservas: “Tenemos reservas que han sufrido alguna baja, pero que están en niveles consistentes, muy fuertes; el tipo de cambio forma parte de un programa y tenemos que lograr más ofertas de dólares.” Dos meses más tarde, las reservas del BCRA cayeron 12% y pasaron de 31.786 millones a 28.100 millones. Pero el ministro habla porque le gusta escucharse.
Y habla tonterías. En una reciente aparición televisiva dijo que “nadie sabe a cuánto cotiza el dólar 'blue,' porque como es ilegal, nadie sabe.” Señor ministro, todo lo que tiene que hacer es caminar un par de cuadras por la calle Florida para saber la cotización de la moneda en el mercado informal.
A todo esto, ¿cuál es la respuesta oficial? La presidenta habló de una conspiración global de los bancos contra los países emergentes (un plural que es más bien singular, porque sólo afecta a la Argentina) y, por supuesto, cargó por enésima vez contra los medios que nunca dicen lo que ella quiere oír.
Y por enésima vez, el gobierno insiste en su visión histérica y paranoica de que si la realidad y la ideología no coinciden, la realidad es una conspiración en su contra.
De la realidad tomaron nota los sindicalistas que por boca del secretario general de la CGT, Antonio Caló, declararon independientemente de toda teoría conspirativa: "A la gente no le alcanza para comer." Mientras que los municipales bonaerenses empezaban por pedir un aumento del 35%, la UTA tenía a maltraer a Capitanich y se espera una tormentosa negociación de paritarias en casi todos los sindicatos a partir del mes que viene. Otro sindicalista, Jorge Lobais, dijo: "Que a nadie se le ocurra pensar que el ajuste lo van a pagar los trabajadores."
Pero, lamentablemente, el ajuste sí lo van a pagar los trabajadores, porque la corrosiva inflación no da tregua y son los sectores más vulnerables los que más la sufren.
Unos años antes, en agosto de 2008, en una columna de opinión publicada en Página 12, Kicillof también habló del tipo de cambio: “Para un país pequeño (sic) y esencialmente abierto a los flujos del comercio exterior, el tipo de cambio, lejos de ser un precio más, se transforma en una variable de vital importancia en el proceso económico.” ¿A qué se refiere con “un país pequeño?” ¿Holanda? ¿Bélgica? ¿Suiza?
Estas son las increíbles peripecias de un crítico de papagayos que en su vida administró un kiosko en el sector privado, pero que fue subgerente general de Aerolíneas Argentinas la cual se ahoga en tinta roja. Las universidades argentinas están entregando una mediocre calidad de educación. Están entregando al mercado profesionales con una pésima formación. Universidades de mediocre calidad junto a una educación escolar de las mismas características no puede generar una masa crítica de ciudadanos competentes y capaces para poder conducir un gobierno. Son expertos en hacer discursos populistas y complacientes, pero distantes de las necesidades de la mayoría de los ciudadanos. La misma designación de Kicillof como conductor de los destinos económicos de la nación responde a la ansiedad de Cristina Kirchner de dar la imagen de gobierno progresista y revolucionario poblado de jóvenes idealistas. Esa, y no otra, es la razón por la que nuestro patilludo amigo se encuentra al frente del Palacio de Hacienda.
Es obvio, como comentaban sus compañeros, que al ministro Kicillof le cuesta asumir que de algún tema no entiende. Sintetizando, sería lo siguiente: la economía es una ciencia social que llevada a la práctica, parece funcionar sin dirección personalizada y en base a principios y dinámicas que nadie entiende plenamente. Nadie diseñó la economía en el sentido global de la palabra, nadie la conduce y nadie la comprende realmente. No existe el funcionario o el gobierno que mágicamente, por decreto y por discursos establezca la prosperidad y la felicidad para su pueblo, sino que esas condiciones son en realidad un resultado, una consecuencia de la siguiente causa: la estabilidad institucional y el pleno ejercicio de los derechos individuales. Justamente, son las cualidades que están totalmente bastardeadas al cabo de diez años de soberbia, delirio y arbitrariedad. Igual que en “Las fantasías de Lila,” el film del director francés Ziad Douieri que cuenta la historia de una adolescente de 16 años inocente como un ángel y que tiene todo que aprender sobre la vida, Axel tendría que bajarse de sus postulados ideológicos y aprender economía no como teoría de los claustros sino en la vida real.  

jueves, 16 de enero de 2014

Y la nave va

Pido al lector que tenga la paciencia de leer esta lista: Chad, Guinea Ecuatorial, República del Congo, Timor- Leste, Turkmenistán, República Democrática del Congo, Irán, Eritrea, Venezuela, Zimbawe, Cuba y Corea del Norte. Son los únicos países del mundo donde la libertad económica es menor que en la Argentina.
Según la edición 2014 del Índice de Libertad Económica de la Heritage Fundation, la prestigiosa institución con sede en Washington que elabora este indicador, la Argentina integra la lista de las economías "reprimidas"  por debajo de otros 14 países entre los que se encuentran Togo, Lesotho y Haití. En ellos, hay más libertad económica que en la patria de Juan Bautista Alberdi.
"La interferencia del estado en la economía argentina ha crecido sustancialmente desde 2003, acelerando la erosión de la libertad económica," dice el informe de la Fundación que analiza la calidad institucional, el tamaño del estado, la eficacia de las regulaciones y la apertura de los mercados de cada país. En el caso de la Argentina, la nueva calificación es de 44.6, quince puntos por debajo del promedio mundial. Además, retrocedió  seis lugares desde el año pasado quedando en el puesto 166 del total de los 178 países evaluados. Todo en medio de duras críticas a “la corrupción, el intervencionismo del gobierno y la pérdida de independencia judicial.”
Corea del Norte cierra la lista. Ese país sometido a la dictadura de los K (Kim, no Kirchner) vive en una ignorancia y una pobreza absoluta con un gobierno corrupto y dictatorial. Lo mismo puede decirse de Cuba, en el penúltimo puesto. Las Islas Salomón, un país de menos de un millón de habitantes compuesto por un par de archipiélagos de Oceanía y que produce algunos minerales, ocupa el lugar 165. Entre las Islas Salomón y Chad, la Argentina.
Hasta acá, suficiente. ¿Hace falta agregar más? Nunca antes como hasta ahora la Argentina ha estado tan lejos de los fundamentos mismos que la había enriquecido, educado y proyectado al mundo con una identidad singular y respetable. Los ilustrados constituyentes liberales de 1853 proyectaron una sociedad basada en el trabajo y un estado austero y educador, moderado y moderador. Alberdi delineó el modelo que Mitre y Sarmiento impulsaron y los siguientes gobiernos perfeccionaron. Fue el exitoso modelo que atrajo al país inmigrantes de todas partes del mundo, el “crisol de razas” que definió nuestra nacionalidad.
El populismo demagogo y estatista fue el verdugo supremo de aquella singularidad. Su consecuencia inevitable fue la gradual decadencia de la nación que alguna vez fuera la séptima economía mundial hasta llegar a ocupar un lugar lamentable y humillante entre los últimos del planeta.
Sin embargo, no sería apropiado buscar en la economía la raíz del problema. La política define esta situación. Cuando hay un poder político absoluto que no reconoce los derechos individuales, la calidad institucional desciende arrastrando consigo todos los aspectos del quehacer humano, entre ellos, la economía. El sistema de la libertad es determinante, y si se violan sus principios, el resultado no será otro que el desastre y la decadencia a todo nivel. Este retroceso del país en materia de respeto por la ley,  la propiedad privada, la libertad de prensa y la cohesión social así lo demuestra.
Hay una increíble degradación del capital institucional. Hay un gobierno intruso que controla la prensa, que somete la justicia, que ofrenda dádivas a sus acólitos para asegurarse sus votos.   Argentina pertenece a la categoría de regímenes populistas y con enormes restricciones ciudadanas. Asimismo, acredita uno de los índices de inflación más altos del mundo.
Y la nave va, como decía Fellini. La decadencia se ahonda y ahonda. Esta inmensa tragedia, lejos de ofrecer visos de solución, no hace más que agravarse en virtud de un gobierno corrupto y mentiroso. La recuperación de la calidad institucional debe ser una política de estado. Ya no se trata, como hacían los argentinos de 1910, de luchar por un lugar entre las naciones más avanzadas de la Tierra. Hoy el objetivo, al menos en una primera fase, es mucho más modesto: mantener cierta preminencia regional para apartarnos aunque sea un poco de los últimos puestos del ranking. De lo contrario, el país estará condenado a seguir descendiendo. Es menester que mejoren las condiciones institucionales para no seguir sufriendo esta ignominia, para no seguir siendo la vergüenza de la región.

lunes, 13 de enero de 2014

Hay que restaurar el contrato social

Los autoacuartelamientos de las policías en diciembre ocasionaron la peor ola de saqueos desde la crisis de 2001. Luego, el desastre energético afectó a 800.000 personas. Para darnos una idea de la magnitud de la tragedia, hay 13 provincias de la Argentina que no llegan a tener esa población. En ambos casos, la respuesta oficial fue la ausencia. Ni un funcionario kirchnerista presente para brindar contención y apoyo, ni un mensaje de la presidenta llamando a la calma. En una palabra, comparecer ante la realidad, pero eso no es lo de ellos. Lo de ellos es rodearse de aplaudidores. La actitud del gobierno fue análoga a la de las empresas eléctricas: nadie contestaba nada, nadie sabía nada.
¿Y por qué, en definitiva, los ciudadanos están desamparados, sin poder recurrir a nadie, sin información, con la máxima autoridad de la nación de vacaciones en el Calafate y con las empresas de electricidad escudadas  en sus contestadores y en sus sedes tapiadas como fortalezas? Porque está roto el contrato social. La Argentina está fracturada. Un país serio se basa en que existe toda una red social que, mal que bien, sirve de contención y apoyo a las necesidades que pueda sufrir la población a través del tiempo. Nunca la sociedad está libre de sufrir todo tipo de avatares, algunos incluso muy traumáticos. Pero en ese caso el ciudadano sabe que no estará desamparado, sino que puede confiar en instituciones y personal calificado que lo ayudará, y eso le proporcionará calma y contribuirá a la paz social. En el caso de la Argentina, en cambio, hay un increíble grado de desamparo, una sensación de  estar librado totalmente a los propios medios en virtud de un estado ausente que no brinda la contención necesaria ante la emergencia. Por el contrario, la falta de respuesta demostrada sistemáticamente ante cada urgencia es alarmante. No se coordinan medidas, no se organiza a los afectados, no se distribuyen los recursos existentes, no se pide ayuda, no se llama a la calma. Se lleva a la población al extremo de la desesperación, una desesperación que alcanza al paroxismo. Hubo cortes de calles sólo por nombrar un hecho de gravedad menor; pero hubo muertes al intentar manipular generadores, niños y ancianos quemados con velas, otros asesinados en verdaderas guerras civiles entre vecinos, electricistas y policías. Hechos que son impensables en una sociedad civilizada porque, en definitiva, nos rige la ley de la selva.
En 2002, Duhalde intervino los contratos de las empresas privatizadas durante el gobierno menemista, y prohibió cobrar más a las empresas de energía privadas del país. Estas empresas dependen de subsidios del gobierno, que se estiman en once mil millones de pesos en 2013. ¿Deben las empresas aumentar las tarifas? ¿Debe el gobierno suspender los subsidios? Son temas de debate que deben resolverse. Pero lo que importa destacar es que un país como la Argentina, en el que cada 10 ó 15 años se rompen las reglas de juego y se formulan nuevas, difícilmente saldrá airoso. Cada gobierno que asume borra lo hecho por el anterior y diseña su propio y caprichoso esquema: se intervienen empresas, se devalúa la moneda, se cambian las alianzas estratégicas internacionales, se rediseñan los programas educativos.
La clave para la supervivencia de un país serio y moderno es capitalizar los aciertos de cada gobierno y llevarlos adelante en el siguiente; no rechazarlos porque no respondan a los intereses políticos del momento. Esa es la fórmula exitosa que han puesto en práctica las sociedades más avanzadas de nuestro tiempo, aquellas que brindan a sus ciudadanos esa sensación de paz social, seguridad y bienestar general  que les da proyección y continuidad y un lugar respetable entre las demás naciones. Por el contrario, la falta de continuidad, la ruptura de esquemas y de reglas de juego enervan la paz y fomentan un clima de tensión y crispación social en el que todo se hace más problemático, más febril. Se vive al día. Argentina está a años luz de ser un país predecible y, por ende, confiable. Es en ese lamentable estado de cosas, que además es propio de un país bananero, en que todo se vuelve más difícil.
Tener agua y luz no son lujos, son derechos del siglo XXI. Importa quién generó el colapso energético. O quiénes. Lo engloba otro factor mucho más importante. Si la Argentina no vuelve a tener contrato social, si no se restaura la cosa pública, si no se supera el estado de anodinia en el que la sociedad está inmersa, el resultado será una fragmentación aún mayor y una sensación aún más grande de vivir en un estado sin ley donde el ciudadano se encuentra totalmente desamparado. Sin mencionar, obviamente, el funcionamiento cada vez peor de todos los servicios. Ese es el factor más grande que engloba al primero, no por eso menos trágico. El hecho de que la sociedad argentina esté hastiada y dividida no es ninguna novedad. Pero eso se profundizó horriblemente durante los interminables días de cortes con el inenarrable precio de penuria, de sufrimiento y de indignidad.  

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cantando decimos adiós

En 1959, cuando llegó Castro, Cuba era un país con ribetes de primer mundo. Tan es así que en la embajada cubana de Roma había doce mil solicitudes de visas de inmigrante. El modelo de Fidel incluyó al menos por un tiempo, es cierto, comida y alfabetismo para todos (y todas). Esos modestos logros ya ni se mantienen. Con un par de guisos por mes, sin leche, sin gasolina ni transportes, ¿cómo estar conforme? ¿Cómo no inquietarse o protestar? En esas condiciones, un gobierno democrático no sobreviviría a la primera elección. Un gobierno autoritario al estilo del rumano Ceausescu, por dar un ejemplo, no duraría mucho más. ¿Qué pasa con Fidel Castro? ¿Por qué no cae? Este artículo tiene por objeto resolver el misterio de la supervivencia en el poder de un dictador dinosáurico que representa para su pueblo toda clase de privaciones, padecimientos y persecuciones.
Veamos la historia desde el principio. En la mañana del 8 de enero de 1959, el joven comandante Fidel Castro hacía su ingreso triunfal en La Habana a bordo del jeep que encabezaba su comitiva, blandiendo su fusil y saludando a la alborozada multitud. Desde ese mismo día, desde su primer minuto en el poder, Castro implementó un régimen totalitario, una estructura de poder monolítica e inapelable. Un sistema donde toda la vida individual, familiar, profesional, cultural se halla regulada, orientada y cautelada por un mecanismo casi impersonal y anónimo donde se han ido concentrando todos los poderes.
¿Qué aspecto de la vida queda fuera del alcance de ese mecanismo opresivo? Ninguno. En esas condiciones, no hay alternativas de cambio, no hay posibilidad de reformar el sistema, no hay forma de abrir una hendija por donde comiencen a circular vientos libres.  Cuba es una vasta isla-cárcel en que los súbditos son prisioneros. No hay escape. No hay apelación posible. El poder del estado sobre las conciencias es total.
En agosto de 1989, el gobierno de Hungría decide abrir la frontera con Austria. Inmediatamente, miles de “turistas” empezaron a pasar. Aquel fue el primer eslabón de toda una serie de sucesos el más importante de los cuales, sin duda, fue la caída del muro de Berlín. El comunismo no se sostendría sin el auxilio de la estructura que lo había impuesto: el Ejército Rojo. Los alemanes del Este, los polacos, los húngaros, los lituanos, los búlgaros, nunca fueron comunistas; así lo demostraron apenas la bota soviética dejó de pisar. Esto es lo que, hasta ahora, no ha pasado en Cuba. En la isla-cárcel del caribe no ha habido ese primer eslabón;  la bota de la opresión totalitaria no ha sido levantada un milímetro. Para que un régimen totalitario caiga, debe empezar gradualmente a dejar de serlo. Debe comenzar por retroceder aunque sea un paso. Debe ceder o perder posiciones de poder.  La paradoja es que por “mejorar,” por ser menos totalitario que antes, el totalitarismo cae. El comunismo no terminó en Rusia con el rígido, tiránico e inapelable Stalin sino con el coherente, prudente y mesurado Gorbachov.
Un sistema democrático es coherente consigo mismo: está diseñado para aprovechar y vivir en libertad. Un sistema totalitario también es coherente consigo mismo: su lógica interna es la opresión. No deja ningún resquicio por donde pueda filtrarse su más grande enemiga: la libertad. Toda alternativa es anulada. Toda voz opositora es acallada. Todo rival es encarcelado o muerto. Cuando un régimen hasta ese momento cerrado abre una hendija, firma propia su sentencia de muerte. La libertad es un dominó: tiene que caer la primera ficha. Una vez que esa primera hendija fue abierta, que ese primer eslabón tuvo lugar, que ese primer paso fue dado, todo lo demás seguirá en orden. O como decía George Orwell, la libertad es poder decir libremente que dos más dos son cuatro. Si eso se concede, todo lo demás se dará por añadidura.
Quizás así podamos comprender por qué nuestro barbado amigo sigue en la palestra después de 55 largos años. Porque aunque Raúl Castro sea “presidente del consejo de estado y de ministros de la república de Cuba” (todo eso), el que dirige la batuta es el otro, como siempre. Fidel vive en una gran mansión de La Habana que nada tiene que envidiarle a las mejores residencias de Hollywood mientras que su pueblo sufre hambre y privaciones. Hasta ahora, en Cuba, no se abrió esa primera hendija, no cayó esa primera ficha de dominó, no se dio ese primer paso, esa chispa para que todo explote. Nuestras abuelas decían que por algo se empieza. Ese “algo” se dio con Gorbachov cuando desató los vientos de cambio en la Unión Soviética y entonces fue fácil predecir el fin de los regímenes comunistas. Más atrás en la historia, se dio con Luis XVI el cual, menos enérgico y tiránico que su antecesor Luis XIV, perdió su cabeza y el poder. No se dio con Fidel Castro. Ni bien percibió un disenso  en el alto mando militar, lo purgó sin escrúpulos ni piedad. No sea cosa que suceda en Cuba lo mismo que en Europa del Este: apenas esos regímenes  aflojaron su control, abrieron la Caja de Pandora de la libertad.
Todo lo cual nos remite a la definición de Montesquieu: así como la democracia se consolida cuando es fiel al principio que la inspira –la virtud cívica de los ciudadanos- el despotismo se consolida cuando es fiel a su propio principio: el terror de los ciudadanos convertidos en súbditos. Cuando un dictador decide serlo un poco menos, ya tiene un pie afuera del poder. Por eso, el día que Castro afloje un poco en su tesitura totalitaria, como dice la sevillana, cantando decimos adiós.