martes, 1 de octubre de 2013

Las expectativas para el 27 de octubre

A medida que se acerca la fecha de los comicios para renovar el congreso nacional, las expectativas crecen. ¿Qué posibilidades hay para el día 27? ¿Se consolidará la tendencia marcada por las PASO? ¿Hacia dónde se dirige el país en ese contexto? Pese a que el oficialismo insiste en que ha sido la fuerza más votada en términos absolutos, lo que ha resultado en la práctica es que su modesto 26% marca el desencuentro de la población con el régimen.
La fragmentación del electorado es espectacular. Así, podemos constatar una segmentación del mismo en tres grandes fracciones. La primera corresponde al oficialismo, que obtuvo un buen resultado en algunas provincias del norte del país y en la provincia de Buenos Aires, pese a haber sido derrotado por el Frente Renovador, nuevo emergente de la política argentina con Sergio Massa a la cabeza, una figura que promete dar que hablar de acá a 2015. La segunda porción la integra un mosaico de agrupaciones que van del centro a la izquierda, con dos columnas principales: el radicalismo y el socialismo. Con buenas actuaciones en Mendoza y Santa Fe, el socialismo representado por Hermes Binner se atribuye ser la segunda fuerza a nivel nacional. En tercer lugar, podemos ubicar al peronismo federal y disidente, a poca distancia del segundo. Finalmente, el PRO, con una cosecha a nivel nacional que parece impedirle, por ahora, proyectarse como actor relevante en la escena grande.
No hay un ganador claro a nivel nacional. ¿Es posible pensar en una articulación de gobierno que supere las meras instancias electorales? Chile y Uruguay pueden ser un ejemplo. La Concertación y el Frente Amplio son alianzas que, con defectos y virtudes, han podido dotar de eficacia a la administración de sus respectivos países. En la Argentina, esa incógnita no tiene todavía una respuesta, pero el problema es que cada vez hay menos margen y urge encontrar dicha respuesta. La corrupción, la economía en caída libre y el manejo arbitrario de la cosa pública siguen cobrando cuentas y cada día importa.
La peor herencia del kirchnerismo es haber instalado la violencia en la sociedad. Violencia que se vive a diario tanto en las palabras como en los hechos. Cristina no deja pasar un día sin atacar al periodismo. Las recientes tomas de colegios secundarios en la Capital Federal aprobadas por “asambleas” de padres que no superaban el centenar de integrantes, y los graves destrozos cometidos contra la parroquia de San Ignacio de Loyola dan cuenta de una sociedad hacinada, hastiada y dividida.
Por lo tanto, es importante que se dejen de lado intereses individuales para ponerlo todo al servicio del conjunto. Lo que está en juego es demasiado importante como para que los políticos pierdan tiempo en discusiones mezquinas y superficiales. Se trata, nada menos, que de salvar la república. Alguien tiene que ceder. Uno de los más profundos debates de estos diez años de kirchnerismo radicó en la manera en que debía ejercerse el poder. Esa querella generó un enorme nivel de confrontación que traspasó toda la gestión del oficialismo. Fuimos testigos de un modelo populista basado en la concentración de poder que generó lógicas resistencias. En ese contexto, el resultado de agosto, de ratificarse el próximo domingo 27, parece haber evitado aquello que le faltaba a ese esquema para perdurar: la reforma constitucional y la reelección presidencial. Obturado ese camino, se abre la transición hacia un cambio de personas en el gobierno siguiendo los principios republicanos de perioricidad de mandatos. Descreemos del modelo verticalista y autoritario que se nos proponía desde la cultura política kirchnerista. Queremos volver, en letra y en espíritu, al modelo de vida cívica y republicana que nos indica la constitución nacional.
La política siempre es más fácil para quien está en el poder. La increíble ventaja que confiere manejar los recursos del estado representa una situación terriblemente despareja para cualquier candidato opositor por fuerte que sea. Por eso, resulta imperativo que fuerzas organizadas se erijan como la alternativa opositora que tanto anhela una ciudadanía argentina ávida de propuestas plausibles para ser llevadas a la práctica en acciones de gobierno.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Venezuela se hunde en el caos

A poco más de seis meses de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela es "un verdadero desastre, un verdadero caos," según declara el escritor y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.
"Es un país donde en vez de avanzar se retrocede; tiene la inflación más alta de América Latina," afirma, y agrega que en este país abunda "la demagogia, la corrupción y la violencia."
Vargas Llosa está satisfecho con la situación actual del Perú y dice que desde que cayó el gobierno de Fujimori en 2000, su país "ha estado en muy buen pie," aunque "problemas siempre existen."
El Perú "ha crecido económicamente, ha habido elecciones libres, las instituciones democráticas han funcionado" y hay una política económica que "cuenta con unos consensos que no había en el pasado y que ha traído mucho desarrollo económico."
Esta situación se repite "en muchos países de América Latina, que están mucho mejor que en el pasado, sin ninguna duda," asevera el autor de "El héroe discreto," su última novela.
Hay "excepciones negativas" y una de ellas es Venezuela, opina. "El caso de Venezuela es más bien trágico."
Lo que lleva al escritor a pensar así es su temor a que el actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, continúe con "esa idea mesiánica" que tuvo su antecesor, Chávez, de que Venezuela se convierta "nuevamente en el faro, en el ejemplo" para otros países.
"Creo que Venezuela es más bien la excepción a la regla. Hoy en día hay muchos más países en América Latina en los que la democracia se va enraizando con unas políticas económicas modernas que están trayendo desarrollo, progreso", señala.
¿Cuál es la situación económica de Venezuela? Veamos.
"Todos los días aumentan los precios,” afirma, apenado, José González, gerente de una ferretería en Puerto La Cruz, en el estado de Anzoátegui donde, además, no hay productos esenciales como hierros para la construcción o cemento. Esos productos están regulados y escasean desde que el gobierno expropió las empresas que los fabricaban, entre ellas, la argentina Techint. González dice que a veces se consigue lo que falta, pero clandestinamente y a precios exorbitantes. El "exprópiese" de Chávez llevado hasta las últimas consecuencias.
Igual situación viven los supermercados y farmacias. Las medicinas y los productos de la canasta alimentaria están regulados y escasean porque el gobierno debe importarlos, como ocurre con el papel higiénico. Los que no están regulados, como verduras y frutas, se consiguen en el mercado, pero a precios que desbordan incluso la enorme tasa de inflación del país.
En los últimos doce meses, la inflación llegó a 45,4%. En agosto trepó a 3%, el mayor índice de toda la era bolivariana, equivalente a lo que la mayoría de sus vecinos acumulan en un año. Es el país con más inflación después de Siria. Y el primero en la región seguido por Argentina. La ventaja es que Nelson Merentes, el ministro de economía vernáculo, no se quiere ir.
“Podemos afirmar que el país está en el umbral de la hiperinflación,” dice el prestigioso economista Alexander Guerrero, un duro crítico del gobierno de Nicolás Maduro. Si se discrimina la canasta completa de precios, los alimentos muestran una suba espectacular de 62,5% en los últimos 12 meses, con una carencia aguda de productos de primera necesidad. El problema adicional es el mercado negro: hay 400% de sobreprecio en algunos productos que se venden en la calle. Para intentar aliviar la presión, el gobierno anunció un acuerdo comercial con Colombia para la compra de alimentos por 600 millones de dólares. El mismo esquema que siguió Hugo Chávez para reducir el impacto del costo de vida y garantizarse la victoria en las elecciones de octubre pasado. El problema es que ese plan generó un rojo fiscal de dos cifras y aumentó la deuda nacional.
En esa espiral, el dólar paralelo, ilegal tanto aquí como en Argentina, cotiza a 42 bolívares por unidad contra 6,3 bolívares de la paridad oficial. Los economistas afirman que la inflación se debe a un conjunto de causas: falta de inversión, los gastos electorales, la escalada del dólar, expropiaciones y la dependencia de importaciones que agotan las divisas oficiales.
“La hiperinflación en Venezuela es de hecho un peligro real,” lo advertía en junio el economista y profesor de la Universidad de Yale, Ed Dolan. “Podemos ver los primeros signos de todas las vías de retroalimentación que provocan la hiperinflación,” añade en un artículo distribuido por Roubini Global Economics. Para el economista Orlando Ochoa, la crisis es aún más grave.
“La realidad es que estamos ante una crisis cambiaria más compleja, originada por excesos fiscales que comprometieron a la petrolera PDVSA, creando crisis en esta empresa y restringiendo el suministro de divisas al Banco Central; luego, sin escrúpulos, se recurrió al financiamiento monetario del déficit fiscal y de PDVSA, violando los artículos (318 y 320) de la Constitución."
“El impacto de la devaluación del bolívar de febrero sobre los precios, cuando la moneda venezolana se ajustó poco más de 30% a su valor actual, la falta de divisas y la rápida depreciación del bolívar en los mercados no oficiales, elevó agudamente la expectativa sobre el costo de reposición de mercancías importadas. Los precios se han disparado de tal manera, en bienes importados o nacionales con componentes importados, que el poder de compra del venezolano cae rápidamente," explica.
La escasez y el desabastecimiento son moneda corriente. La gente se mata -literalmente- por un rollo de papel higiénico o una botella de aceite. El mes pasado, en una tienda estatal Bicentenario del estado de Falcón, un hombre de 52 años murió asfixiado.
Se armó un tumulto de gente que luchaba por conseguir una botella de aceite de cocina, un bien preciado como una joya. Nadie vio a este hombre en medio del tumulto, y murió.
Una vida humana por una botella de aceite. Así es el modelo nacional y popular. Tome nota, señora Cristina.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El dilema de Siria

¿Es correcto que Estados Unidos asuma el papel de gendarme del mundo? Ese es el tema de debate que la crisis de Siria ha vuelto a poner sobre el tapete. En cualquiera de sus numerosas intervenciones foráneas, la cuestión era si la nación tomada como objetivo era estratégica para los intereses vitales norteamericanos. En el caso de Siria, la propuesta del presidente ruso Vladimir Putin de examinar el arsenal de Al -Assad, pone por lo menos una presión sobre el régimen sirio y a la vez pone limitaciones objetivas a Estados Unidos para que se involucre nuevamente en una guerra, luego del desgaste bélico que supuso la intervención de Afganistán e Irak. En su carta publicada en The New York Times, Putin señala que es “alarmante que la intervención militar en conflictos extranjeros se haya convertido en un lugar común para los Estados Unidos.” De hecho, una hipotética intervención en Siria no está bien vista por el pueblo norteamericano según indican todas las encuestas: la última publicada por el Washington Post y la cadena CBS señala que el 59% de los ciudadanos está en contra de un ataque y que sólo el 29% lo apoyaría. Más aún: tanto como el 75% de los militares se oponen. Putin agrega que “el uso de la fuerza sólo está permitido actualmente bajo la ley internacional en defensa propia o por una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU.”
Más allá de sus buenas intenciones, el mandatario ruso no parece presentar una alternativa plausible. Siria está padeciendo una guerra civil que ya lleva dos años y medio que ha causado al menos 110.000 muertos, dos millones de refugiados y cuatro millones y medio de desplazados internos. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon asegura que el régimen de Assad ha cometido “muchos crímenes contra la humanidad” y que espera que las investigaciones de los inspectores confirmen un ataque con armas químicas. “Creo que el informe será un informe abrumador de que se usaron armas químicas,” expresó. Por su parte, la organización Human Rights Watch presentó documentación sobre la matanza de 248 civiles perpetrada por el ejército sirio en los pueblos de Bayda y Banias en mayo pasado. En Bayda, "los soldados entraron en las casas, separaron a los hombres de las mujeres, reunieron a los hombres de cada barrio en un solo lugar y los ejecutaron disparando a quemarropa ." La mencionada  organización afirma tener "información documentada sobre la ejecución de al menos 23 mujeres y 14 niños, algunos de ellos bebés," y que hay testigos que vieron a las fuerzas favorables al régimen quemar decenas de cadáveres y luego saquear e incendiar casas. “En Banias fueron ejecutados 26 miembros de una misma familia, nueve hombres, tres mujeres y 14 niños,” dicen los reportes.
Estos hechos aberrantes dan cuenta de la grave situación que se vive en Siria y plantean el dilema: ¿Qué hacer? ¿Cruzarse de brazos y seguir mirando con la parsimonia de espectadores de un circo romano cómo este país se sigue desangrando? Cuando el mundo asiste a la tragedia de flagrantes violaciones a la dignidad humana, hay un interés que se impone sobre toda otra consideración y nos urge encontrar una solución. Y ponerla en práctica.
Ya una vez Occidente miró para otro lado cuando los tanques rusos aplastaron Hungría y Checoslovaquia sin el menor pudor. En ese caso la actitud fue apaciguar a los invasores rusos, ya que la idea era evitar todo motivo que pudiera provocar a éstos a seguir cometiendo más ataques. Pero esta actitud de apaciguamiento y retroceso siempre tiene un efecto inverso al deseado. Al ver que nadie reacciona, el enemigo se convencerá de que nadie le hará frente; y así, creyéndose dueño del campo, se sentirá incentivado a seguir golpeando. Apaciguar al enemigo que se expande es incitarlo a seguir atacando. Si la inacción y pasividad del mundo le hacen ver a Assad que nadie le hace frente, se sentirá inmune para seguir cometiendo toda clase de desmanes.
“No me gusta la idea de un ataque armado, no sé dónde está Siria ni por qué quieren lanzar bombas, pero en la guerra todo el mundo pierde, no hay guerras humanitarias”, dice una mujer frente a las cámaras de televisión. Más allá de sus pobres conocimientos de geografía, injustificables desde todo punto de vista, estamos de acuerdo con que no queremos un ataque armado. No queremos que nadie ataque a nadie. Nadie quiere la guerra. Todos queremos la paz. Pero la diferencia es que a veces hay que elegir. Siria no es una democracia de sólidas instituciones republicanas. Es un lugar de gran violencia donde se está jugando el futuro del mundo. Es necesario, entonces, que el mundo sepa qué hacer ante los asesinatos de Al-Assad. La actitud de apaciguamiento no es la respuesta. Por el contrario, Occidente debe ponerse a la altura de sus atemporales principios y valores y tomar la determinación de poner límites a esta locura. Franklin Roosevelt dijo una vez: “Nuestra determinación como nación de mantenernos fuera de las guerras y de los enredos en el extranjero no nos puede impedir sentir una profunda preocupación cuando se desafían los ideales y los principios que valoramos.”
Estos ideales están en juego en Siria. Si Estados Unidos debe erigirse como el gendarme del mundo es una cuestión que todavía debe resolverse, pero con una actitud firme y decidida se puede evitar que más hombres inocentes, mujeres y niños mueran envenenados con gases tóxicos a manos de un régimen despótico y demencial.

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Qué culpa tiene el Sargento García?

Henry Calvin era el actor que representaba al "Sargento García" en la inolvidable serie televisiva El Zorro. En julio de 1973, en ocasión de una visita a la Argentina junto con su ex-compañero Guy Williams, fue ovacionado por la multitud de niños y adultos, familias enteras, que lo aguardaban en el aeropuerto de Ezeiza, ya que este personaje siempre fue muy querido en nuestro país.
Por ese motivo, resulta particularmente irritante que una agrupación de adictos al gobierno kirchnerista (de cuyo nombre no quiero acordarme) utilice su imagen para desprestigiar a un periodista que está llevando a cabo investigaciones de corrupción que salpican a la actual administración. El panfleto circula por Internet y contiene un fotometraje que lo representa como el sargento de la serie, y acompaña recientes declaraciones de dicha agrupación en las que se afirma que este periodista desea "que le vaya mal al país" y que es "amigo y vocero de los fondos buitres."
Una vez más, vemos a un gobierno empecinado en aferrarse a su visión histérica y paranoica de que el periodismo independiente es una conspiración en su contra. El gobierno de la década ganada insiste en atribuir todos los males bajo el sol a inicuas conspiraciones corporativas, siempre certeras e infalibles, por medio de las cuales se exacerba la división con su ingrato pueblo. El pueblo, lejos de agradecer el crecimiento de los últimos diez años, se forma opiniones negativas. Lejos de agradecer el crecimiento de la inflación, de la inseguridad, de la marginalidad, de la malversación de fondos, del cepo cambiario y del deterioro institucional, el pueblo sólo exige soluciones a estos factores, y miran televisión y se informan, y hasta tienen la desfachatez de ir al kiosko a comprar el diario Clarín.
El periodismo no crea los hechos. Los investiga, analiza, informa y critica. Si esa investigación, análisis, información o crítica es desfavorable al gobierno, el ciudadano se forma una opinión. Si esa opinión, al convertirse en el voto que se deposita en las urnas resulta políticamente letal para el régimen de turno, es porque el periodismo, al margen de los errores que pudo cometer, ha sabido transmitir la realidad. El reportero, como su nombre lo indica, reporta lo que sucede, y eso significa que estaba haciendo bien su trabajo.
El país vive una realidad que ya es imposible de ocultar, tergiversar o distorsionar. A las irregularidades mencionadas debemos agregar la persecución a opositores empleando recursos del estado, el avasallamiento de la justicia, el empeño por encubrir a altos funcionarios sospechados de actos corruptos y criminales, las inundaciones y tragedias ferroviarias causadas por desvíos de fondos destinados a obras de infraestructura, la desatención a jubilados, y sigue un largo etcétera.
Por eso, es necesario reflejar y difundir fielmente la realidad. Es necesario que los profesionales del periodismo se muevan cómodamente para hacerlo. Pero para eso es imprescindible nuestra opción de elegir en libertad. Somos nosotros quienes hemos de decidir en qué medio o periodista vamos a confiar para ejercer nuestro derecho a estar bien informados. Luego, pretender que un gobierno haga esa elección por nosotros es una ofensa a nuestra inteligencia.
Tal vez el gobierno haría mejor en tratar de resolver nuestros problemas. Tal vez el gobierno debería abandonar la guerra santa contra las corporaciones y el diario Clarín. Tal vez lo mejor sería que en estos dos años que le queda al kirchnerismo en el poder, no le vuelva el rostro a los hechos que la prensa refleja y difunde. El relato de los medios oficialistas, que más que relato es puro cuento, no tiene la menor vinculación con la realidad. Ese es otro factor que el ciudadano percibe, y ante el cual también se irrita.
Tal vez, entonces, el gobierno haría bien en asumir su responsabilidad por sus errores de gestión, por los graves hechos que aquejan al país. El periodismo no fragua la realidad: sólo la refleja.
Por el contrario, es la nube de complacencia periodística del oficialismo la que burdamente pretende instalar su cuento.          

lunes, 2 de septiembre de 2013

El golpe del knock-out

En el box, cuando el adversario vacila, no hay que darle oportunidad a que se recupere. Hay que terminar de darle con todo para cumplir el objetivo: acabar la pelea de manera victoriosa. Es setiembre, y más que nunca el kirchnerismo está contra las cuerdas, y de hecho, podemos afirmar que ya perdió la pelea por puntos. La imagen del oficialismo se encuentra muy deteriorada y va a ser muy difícil, hasta imposible, que se recupere. Los avatares de todo tipo que viene sufriendo a diario le están haciendo la vida imposible y ya todo habla del fin.
Tomemos, por ejemplo, las recientes modificaciones en el impuesto a las ganancias a los trabajadores asalariados. Fue una decisión que nos tomó a todos por sorpresa ya que dio cuenta de una notable rectificación del rumbo oficial, más aún cuando fue luego de las PASO, como si se hubieran tomado el tiempo de asimilar la derrota sufrida ese día en las urnas. Muchos se preguntan si se hubiera tomado esa medida de haber sido otro el resultado de las elecciones. El gesto de levantar el mínimo no imponible exhibe a un grupo gobernante agobiado por las circunstancias, que finalmente parece comprender que no debe albergar ninguna esperanza de continuar en el poder. Se acelera el proceso de un kirchnerismo en fuga. La tan mentada "Cristina eterna" queda archivada en el armario de los sueños y una reforma constitucional es tan factible como que resuciten los dinosaurios.
Más aún, la reforma tributaria añade peso a los rivales. Las encuestas que se han conocido tras las PASO revelan un acrecentamiento de la popularidad de Sergio Massa y es una tendencia que se profundiza todavía más ahora. El gobierno admite de manera implícita que estaba equivocado y que, por lo tanto, es hora de que el país mire hacia otro lado. Por lo menos, hay un 74% del electorado que ya pide otra cosa. Este proceso no hará más que profundizarse hasta el 27 de octubre. Y si le sumamos la economía que se sigue resquebrajando, el deterioro institucional a todo nivel que se sigue agudizando y las denuncias de corrupción que siguen estando a la orden del día, el resultado es que los argentinos estamos muy cerca de dar la vuelta de página del actual régimen. ¿Qué cuenta el gobierno para sí en estos momentos tan cruciales? Nada, excepto la runfla de alcahuetes mediáticos que le sigue rindiendo pleitesía mantenidos con el dinero de los sufridos contribuyentes. Pero ya ni siquiera eso les representa un punto a favor. El resultado es el mismo: nadie les cree nada.
Los argentinos tenemos una oportunidad única: asestar el golpe del knock-out. El 27 de octubre debe ser el día en que la ciudadanía en su conjunto diga "se terminó." ¿Será posible? ¡Apuesto a que sí!  


jueves, 15 de agosto de 2013

El mensaje de las urnas

Un régimen autoritario necesita de enemigos. Es propio del dogma y liturgia del autoritarismo. Es la actitud que demostró la presidente en su discurso del miércoles 14 en Tecnópolis al declarar que sus rivales políticos representan meros intereses. Sólo el oficialismo representa la voluntad popular. Aun cuando el pueblo le haya dado la espalda en las urnas. Luego del discurso, como ya es su costumbre, se volcó a la red social twitter donde volvió a cuestionar a los medios, y en duros términos.
Así, al clima de crispación y enfrentamiento que ha venido caracterizando al país en los últimos años se sigue profundizando. El cuadro que se plantea es el de simple fatalismo fundamentalista: o se está con el gobierno o se es un esclavo de las corporaciones. No importa que un 74% del electorado piense lo contrario. O por lo menos, que asuma que en la vida no todo es blanco y negro sino que también hay matices de gris.
La presidente tendría que saber que en una democracia no hay “suplentes” y que todos somos “los dueños de la pelota.” Es lo que distingue al ciudadano como tal. Las sociedades modernas se basan en lo que Rousseau denominara el “contrato social.” Es decir, los ciudadanos consienten, mediante elecciones libres y periódicas, en delegar el poder en funcionarios probos que ejerzan la voluntad popular traducida en acciones de gobierno. Y si, como puntualizaba Thomas Jefferson, una forma de gobierno de vuelve destructora de este principio, el pueblo tiene derecho a reformarla en bien de su seguridad y felicidad. El desencuentro de un importante segmento de la población con el gobierno krchnerista se debe a que notamos desde hace ya tiempo que están conduciendo el país en un rumbo que no coincide con el de un país serio y moderno basado en instituciones republicanas sólidas y transparentes. Las denuncias y sospechas de corrupción, la galopante inflación, la inseguridad en las calles a lo largo y a lo ancho del país, el deterioro de la educación, el colapso de los transportes públicos, muy especialmente el sistema ferroviario, la justicia sometida al poder central, la falta de obras de infraestructura, sólo por nombrar los factores más relevantes, son los mismos que marcan el deterioro institucional. Es el mensaje que el pueblo dio de manera clara y contundente en las marchas multitudinarias que tuvieron lugar en el país en los meses anteriores y, el domingo, en las urnas. Somos ciudadanos. Pedimos ser escuchados. Pedimos que se nos tome en cuenta. Pedimos abrir una puerta de negociación por la que se vislumbre una posibilidad de cambio del rumbo y de las políticas del gobierno.
En un régimen autoritario, el poder está concentrado en una estructura monolítica e inapelable. En la democracia, el poder no está concentrado en una sola estructura sino disperso en varias que compiten entre sí y recíprocamente se neutralizan evitando que cualquiera de ellas adquiera una importancia desmedida. Ese es el denominador común de los países más avanzados del planeta.
Lejos de ello, Cristina conduce a un grupo de adherentes incondicionales, su ejército de focas aplaudidoras, que nunca le cuestiona nada: sólo la obedece. En esas condiciones, no hay ninguna posibilidad de enmendar nada. La palabra es “verticalismo” y la prioridad oficial es seguir adelante con la guerra santa contra las corporaciones. ¿A quién le importan conceptos tan oligárquicos y reaccionarios como “división de poderes” o “periodicidad de mandatos?”
Hay dos opciones, la jefa de las focas aplaudidoras puede empecinarse en “profundizar el modelo” o bien, asumir que la inflación es real, que la inseguridad existe, que Argentina está aislada del mundo y, así, sentarse a dialogar con quienes le ganaron el domingo y reconocer implícitamente que tenían razón. El voto opositor fue totalmente disperso; eso es muy cierto, pero no por eso deja de ser opositor. Eso es suficiente como señal. La sociedad dice “basta.”
Hasta ahora, la presidenta ha demostrado que no entiende otro lenguaje que no sea la soberbia, la prepotencia y la arrogancia. Lo demuestra con sus twits que a nadie le importan, con sus palabras en inglés, idioma que no habla ni domina, con sus discursos con voz chillona en los que dice cualquier cosa, con sus funcionarios incompetentes y tan arrogantes como ella que nadie se explica para qué los quiere; pero sobre todo con su falta de diálogo, algo que lleva adelante con una tozudez monolítica. 
¿Será la presidenta capaz de escuchar el mensaje de las urnas? ¿Será capaz, por ejemplo, de remover de su cargo al ineficaz y prepotente Guillermo Moreno? ¿Tendrá el valor de solicitar al vicepresidente, atrapado entre sus denuncias y acusaciones de corrupción, que se tome una licencia por lo menos hasta que se aclare su situación en la justicia? ¿Instruiría a su ministro de economía, a la presidenta del BCRA y al jefe de la AFIP para ir levantando, de manera paulatina, el cepo cambiario? ¿Llamará finalmente a un diálogo político? Si la respuesta a estas preguntas, y a muchas otras, por supuesto, es negativa, estamos ante una presidenta que vive encapsulada en el mundo del autoengaño avalada por el séquito de seguidores que la rodean y en todo momento la apoyan en ese aislamiento de la realidad. Por nuestra parte, habremos confirmado el hecho muy percibido por todos nosotros en las marchas que el kirchnerismo se encuentra en su fase final, en su etapa de desaparición definitiva de la vida política argentina. 
Y es que, de hecho, la caída del gobierno comenzó el 13 de setiembre del año pasado cuando los que salimos a la calle nos encontramos con miles y miles de compatriotas que copaban la avenida 9 de julio y Diagonal Norte hasta Plaza de Mayo. Esa marcha fue increíble porque nos sorprendió a todos y superó todas las expectativas. Aún recuerdo que, viendo semejante multitud, pensé: Ya está, ahora es sólo cuestión de tiempo. ¡La gente despertó! 
Desde entonces, el encapsulamiento de la presidenta lo confirma.

viernes, 2 de agosto de 2013

Sobre las elecciones parlamentarias de octubre y una alternativa opositora

Dentro de pocos días se celebrarán en el país las primarias abiertas simultáneas obligatorias (PASO) que definirán el rumbo a seguir en las elecciones parlamentarias de octubre. El panorama que se presenta es paradójico. Por un lado, un oficialismo diezmado en su influencia política debido a la tambaleante situación económica y las denuncias y sospechas de corrupción. Por otro lado, una oposición que sigue tan dispersa como siempre, sin propuestas claras ni definidas, sin lograr postular un líder que se alce como alternativa creíble al proyecto de poder. Hasta ahora, como alternativa valedera, sólo podemos mencionar el reciente debate televisivo de UNEN, una agrupación que intenta captar el voto del electorado opositor, y para lo cual no han demostrado tener mejor estrategia que presentar figuras de las cuales lo menos que se puede decir es "remanidas" como Elisa Carrió, cuyo poder de convocatoria es el mismo de toda su vida: poco y nada. Y también, Martín Lousteau que fue parte de la administración actual y ahora pretende ser "la contracara del kirchnerismo" una vez que pasó el punto de no retorno. ¿Qué le habrá hecho cambiar de opinión? El joven licenciado Lousteau es el responsable de la sanción de la Resolución 125 de retenciones al campo, "un desprecio al Congreso" según Ricardo Gil Lavedra, otro de los participantes del debate, quien tampoco se ahorró críticas a Carrió acusándola de "ineficaz y dogmática." Así, durante el debate televisivo, los postulantes apuntaron sus dardos entre sí con todo tipo de cruces y recriminaciones. Ni una mano, ni un amigo, ni una flor, como dice el tango. ¿Impresión causada en la audiencia? Son capaces de ofrecer un entretenido contrapunto (después de todo, la televisión es una industria del entretenimiento de masas) pero están lejos de tener lo que la política nacional desesperadamente necesita: objetivos claros, propuestas viables.
Mauricio Macri, por su parte, tampoco consigue hacer pie en un piso firme. Tiene tantos problemas que, igual que Joaquín Sabina y sus dislates amorosos, parece como si le quisiera gastar el destino una broma macabra. Por lo pronto, no es capaz de meterse en cintura a unos cuantos "metrodelegados" que en estos días están protagonizando un conflicto por el cual las formaciones de la línea B de subte no llegan a las recientemente inauguradas estaciones de Echeverría y Juan Manuel de Rosas, con lo cual se satura aún más el ya colapsado tránsito porteño, se pierden preciosas horas de trabajo, millones de pesos de los fondos de los contribuyentes, y si lo sumamos al paro salvaje de subte de diez días que tuvo lugar en agosto del año pasado, nos pone en ridículo ante el mundo… y cada vez más lejos de cualquier remota posibilidad de modernización. La ecuación es muy simple: un país que no da garantías para viajar en transporte público no da garantías para invertir. Los metrodelegados aducen “condiciones de seguridad” en estaciones construidas según los más altos estándares internacionales. Argumentos más que poco convincentes. Y es que, en realidad, los tales “metrodelegados” son peones (léase idiotas útiles) de Cristina Kirchner que tienen el objetivo de socavar a toda costa la credibilidad de la población en Mauricio Macri, una figura que ella teme le podría hacer frente en las urnas; un objetivo que, como vemos, lo están cumpliendo muy bien.
En los casi seis años que lleva en el poder, la presidenta ha demostrado día tras día que no sabe negociar, que no quiere dialogar y que la única manera en que cambie el rumbo, a mi juicio, absolutamente errado en que está yendo el país, es recibir un mensaje contundente de votos en contra para que entienda que no tiene apoyo popular.
Por eso, es importante frenar al kirchnerismo; no tienen límites y no los van a tener nunca. El país se pierde en la maraña de regulaciones estatales de todo tipo que intentan controlar la economía, los ahorros y todas las actividades lícitas y los ciudadanos nos levantamos de la cama cada día y nos preguntamos: “¿qué van a inventar hoy?”
Es menester infligirles una derrota legislativa muy importante en octubre. Aún si pierden la mayoría absoluta en el congreso, continuarán extendiendo sus desmanes.
La Argentina, definitivamente, está perdiendo futuro con los Kirchner. Es menester contar con una alternativa opositora que frene a Cristina, que termine con Moreno, con D’Elía, con la Cámpora y con todas estas personas y políticas que han sido tan malas para el país en los últimos tiempos.