lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Qué culpa tiene el Sargento García?

Henry Calvin era el actor que representaba al "Sargento García" en la inolvidable serie televisiva El Zorro. En julio de 1973, en ocasión de una visita a la Argentina junto con su ex-compañero Guy Williams, fue ovacionado por la multitud de niños y adultos, familias enteras, que lo aguardaban en el aeropuerto de Ezeiza, ya que este personaje siempre fue muy querido en nuestro país.
Por ese motivo, resulta particularmente irritante que una agrupación de adictos al gobierno kirchnerista (de cuyo nombre no quiero acordarme) utilice su imagen para desprestigiar a un periodista que está llevando a cabo investigaciones de corrupción que salpican a la actual administración. El panfleto circula por Internet y contiene un fotometraje que lo representa como el sargento de la serie, y acompaña recientes declaraciones de dicha agrupación en las que se afirma que este periodista desea "que le vaya mal al país" y que es "amigo y vocero de los fondos buitres."
Una vez más, vemos a un gobierno empecinado en aferrarse a su visión histérica y paranoica de que el periodismo independiente es una conspiración en su contra. El gobierno de la década ganada insiste en atribuir todos los males bajo el sol a inicuas conspiraciones corporativas, siempre certeras e infalibles, por medio de las cuales se exacerba la división con su ingrato pueblo. El pueblo, lejos de agradecer el crecimiento de los últimos diez años, se forma opiniones negativas. Lejos de agradecer el crecimiento de la inflación, de la inseguridad, de la marginalidad, de la malversación de fondos, del cepo cambiario y del deterioro institucional, el pueblo sólo exige soluciones a estos factores, y miran televisión y se informan, y hasta tienen la desfachatez de ir al kiosko a comprar el diario Clarín.
El periodismo no crea los hechos. Los investiga, analiza, informa y critica. Si esa investigación, análisis, información o crítica es desfavorable al gobierno, el ciudadano se forma una opinión. Si esa opinión, al convertirse en el voto que se deposita en las urnas resulta políticamente letal para el régimen de turno, es porque el periodismo, al margen de los errores que pudo cometer, ha sabido transmitir la realidad. El reportero, como su nombre lo indica, reporta lo que sucede, y eso significa que estaba haciendo bien su trabajo.
El país vive una realidad que ya es imposible de ocultar, tergiversar o distorsionar. A las irregularidades mencionadas debemos agregar la persecución a opositores empleando recursos del estado, el avasallamiento de la justicia, el empeño por encubrir a altos funcionarios sospechados de actos corruptos y criminales, las inundaciones y tragedias ferroviarias causadas por desvíos de fondos destinados a obras de infraestructura, la desatención a jubilados, y sigue un largo etcétera.
Por eso, es necesario reflejar y difundir fielmente la realidad. Es necesario que los profesionales del periodismo se muevan cómodamente para hacerlo. Pero para eso es imprescindible nuestra opción de elegir en libertad. Somos nosotros quienes hemos de decidir en qué medio o periodista vamos a confiar para ejercer nuestro derecho a estar bien informados. Luego, pretender que un gobierno haga esa elección por nosotros es una ofensa a nuestra inteligencia.
Tal vez el gobierno haría mejor en tratar de resolver nuestros problemas. Tal vez el gobierno debería abandonar la guerra santa contra las corporaciones y el diario Clarín. Tal vez lo mejor sería que en estos dos años que le queda al kirchnerismo en el poder, no le vuelva el rostro a los hechos que la prensa refleja y difunde. El relato de los medios oficialistas, que más que relato es puro cuento, no tiene la menor vinculación con la realidad. Ese es otro factor que el ciudadano percibe, y ante el cual también se irrita.
Tal vez, entonces, el gobierno haría bien en asumir su responsabilidad por sus errores de gestión, por los graves hechos que aquejan al país. El periodismo no fragua la realidad: sólo la refleja.
Por el contrario, es la nube de complacencia periodística del oficialismo la que burdamente pretende instalar su cuento.          

lunes, 2 de septiembre de 2013

El golpe del knock-out

En el box, cuando el adversario vacila, no hay que darle oportunidad a que se recupere. Hay que terminar de darle con todo para cumplir el objetivo: acabar la pelea de manera victoriosa. Es setiembre, y más que nunca el kirchnerismo está contra las cuerdas, y de hecho, podemos afirmar que ya perdió la pelea por puntos. La imagen del oficialismo se encuentra muy deteriorada y va a ser muy difícil, hasta imposible, que se recupere. Los avatares de todo tipo que viene sufriendo a diario le están haciendo la vida imposible y ya todo habla del fin.
Tomemos, por ejemplo, las recientes modificaciones en el impuesto a las ganancias a los trabajadores asalariados. Fue una decisión que nos tomó a todos por sorpresa ya que dio cuenta de una notable rectificación del rumbo oficial, más aún cuando fue luego de las PASO, como si se hubieran tomado el tiempo de asimilar la derrota sufrida ese día en las urnas. Muchos se preguntan si se hubiera tomado esa medida de haber sido otro el resultado de las elecciones. El gesto de levantar el mínimo no imponible exhibe a un grupo gobernante agobiado por las circunstancias, que finalmente parece comprender que no debe albergar ninguna esperanza de continuar en el poder. Se acelera el proceso de un kirchnerismo en fuga. La tan mentada "Cristina eterna" queda archivada en el armario de los sueños y una reforma constitucional es tan factible como que resuciten los dinosaurios.
Más aún, la reforma tributaria añade peso a los rivales. Las encuestas que se han conocido tras las PASO revelan un acrecentamiento de la popularidad de Sergio Massa y es una tendencia que se profundiza todavía más ahora. El gobierno admite de manera implícita que estaba equivocado y que, por lo tanto, es hora de que el país mire hacia otro lado. Por lo menos, hay un 74% del electorado que ya pide otra cosa. Este proceso no hará más que profundizarse hasta el 27 de octubre. Y si le sumamos la economía que se sigue resquebrajando, el deterioro institucional a todo nivel que se sigue agudizando y las denuncias de corrupción que siguen estando a la orden del día, el resultado es que los argentinos estamos muy cerca de dar la vuelta de página del actual régimen. ¿Qué cuenta el gobierno para sí en estos momentos tan cruciales? Nada, excepto la runfla de alcahuetes mediáticos que le sigue rindiendo pleitesía mantenidos con el dinero de los sufridos contribuyentes. Pero ya ni siquiera eso les representa un punto a favor. El resultado es el mismo: nadie les cree nada.
Los argentinos tenemos una oportunidad única: asestar el golpe del knock-out. El 27 de octubre debe ser el día en que la ciudadanía en su conjunto diga "se terminó." ¿Será posible? ¡Apuesto a que sí!  


jueves, 15 de agosto de 2013

El mensaje de las urnas

Un régimen autoritario necesita de enemigos. Es propio del dogma y liturgia del autoritarismo. Es la actitud que demostró la presidente en su discurso del miércoles 14 en Tecnópolis al declarar que sus rivales políticos representan meros intereses. Sólo el oficialismo representa la voluntad popular. Aun cuando el pueblo le haya dado la espalda en las urnas. Luego del discurso, como ya es su costumbre, se volcó a la red social twitter donde volvió a cuestionar a los medios, y en duros términos.
Así, al clima de crispación y enfrentamiento que ha venido caracterizando al país en los últimos años se sigue profundizando. El cuadro que se plantea es el de simple fatalismo fundamentalista: o se está con el gobierno o se es un esclavo de las corporaciones. No importa que un 74% del electorado piense lo contrario. O por lo menos, que asuma que en la vida no todo es blanco y negro sino que también hay matices de gris.
La presidente tendría que saber que en una democracia no hay “suplentes” y que todos somos “los dueños de la pelota.” Es lo que distingue al ciudadano como tal. Las sociedades modernas se basan en lo que Rousseau denominara el “contrato social.” Es decir, los ciudadanos consienten, mediante elecciones libres y periódicas, en delegar el poder en funcionarios probos que ejerzan la voluntad popular traducida en acciones de gobierno. Y si, como puntualizaba Thomas Jefferson, una forma de gobierno de vuelve destructora de este principio, el pueblo tiene derecho a reformarla en bien de su seguridad y felicidad. El desencuentro de un importante segmento de la población con el gobierno krchnerista se debe a que notamos desde hace ya tiempo que están conduciendo el país en un rumbo que no coincide con el de un país serio y moderno basado en instituciones republicanas sólidas y transparentes. Las denuncias y sospechas de corrupción, la galopante inflación, la inseguridad en las calles a lo largo y a lo ancho del país, el deterioro de la educación, el colapso de los transportes públicos, muy especialmente el sistema ferroviario, la justicia sometida al poder central, la falta de obras de infraestructura, sólo por nombrar los factores más relevantes, son los mismos que marcan el deterioro institucional. Es el mensaje que el pueblo dio de manera clara y contundente en las marchas multitudinarias que tuvieron lugar en el país en los meses anteriores y, el domingo, en las urnas. Somos ciudadanos. Pedimos ser escuchados. Pedimos que se nos tome en cuenta. Pedimos abrir una puerta de negociación por la que se vislumbre una posibilidad de cambio del rumbo y de las políticas del gobierno.
En un régimen autoritario, el poder está concentrado en una estructura monolítica e inapelable. En la democracia, el poder no está concentrado en una sola estructura sino disperso en varias que compiten entre sí y recíprocamente se neutralizan evitando que cualquiera de ellas adquiera una importancia desmedida. Ese es el denominador común de los países más avanzados del planeta.
Lejos de ello, Cristina conduce a un grupo de adherentes incondicionales, su ejército de focas aplaudidoras, que nunca le cuestiona nada: sólo la obedece. En esas condiciones, no hay ninguna posibilidad de enmendar nada. La palabra es “verticalismo” y la prioridad oficial es seguir adelante con la guerra santa contra las corporaciones. ¿A quién le importan conceptos tan oligárquicos y reaccionarios como “división de poderes” o “periodicidad de mandatos?”
Hay dos opciones, la jefa de las focas aplaudidoras puede empecinarse en “profundizar el modelo” o bien, asumir que la inflación es real, que la inseguridad existe, que Argentina está aislada del mundo y, así, sentarse a dialogar con quienes le ganaron el domingo y reconocer implícitamente que tenían razón. El voto opositor fue totalmente disperso; eso es muy cierto, pero no por eso deja de ser opositor. Eso es suficiente como señal. La sociedad dice “basta.”
Hasta ahora, la presidenta ha demostrado que no entiende otro lenguaje que no sea la soberbia, la prepotencia y la arrogancia. Lo demuestra con sus twits que a nadie le importan, con sus palabras en inglés, idioma que no habla ni domina, con sus discursos con voz chillona en los que dice cualquier cosa, con sus funcionarios incompetentes y tan arrogantes como ella que nadie se explica para qué los quiere; pero sobre todo con su falta de diálogo, algo que lleva adelante con una tozudez monolítica. 
¿Será la presidenta capaz de escuchar el mensaje de las urnas? ¿Será capaz, por ejemplo, de remover de su cargo al ineficaz y prepotente Guillermo Moreno? ¿Tendrá el valor de solicitar al vicepresidente, atrapado entre sus denuncias y acusaciones de corrupción, que se tome una licencia por lo menos hasta que se aclare su situación en la justicia? ¿Instruiría a su ministro de economía, a la presidenta del BCRA y al jefe de la AFIP para ir levantando, de manera paulatina, el cepo cambiario? ¿Llamará finalmente a un diálogo político? Si la respuesta a estas preguntas, y a muchas otras, por supuesto, es negativa, estamos ante una presidenta que vive encapsulada en el mundo del autoengaño avalada por el séquito de seguidores que la rodean y en todo momento la apoyan en ese aislamiento de la realidad. Por nuestra parte, habremos confirmado el hecho muy percibido por todos nosotros en las marchas que el kirchnerismo se encuentra en su fase final, en su etapa de desaparición definitiva de la vida política argentina. 
Y es que, de hecho, la caída del gobierno comenzó el 13 de setiembre del año pasado cuando los que salimos a la calle nos encontramos con miles y miles de compatriotas que copaban la avenida 9 de julio y Diagonal Norte hasta Plaza de Mayo. Esa marcha fue increíble porque nos sorprendió a todos y superó todas las expectativas. Aún recuerdo que, viendo semejante multitud, pensé: Ya está, ahora es sólo cuestión de tiempo. ¡La gente despertó! 
Desde entonces, el encapsulamiento de la presidenta lo confirma.

viernes, 2 de agosto de 2013

Sobre las elecciones parlamentarias de octubre y una alternativa opositora

Dentro de pocos días se celebrarán en el país las primarias abiertas simultáneas obligatorias (PASO) que definirán el rumbo a seguir en las elecciones parlamentarias de octubre. El panorama que se presenta es paradójico. Por un lado, un oficialismo diezmado en su influencia política debido a la tambaleante situación económica y las denuncias y sospechas de corrupción. Por otro lado, una oposición que sigue tan dispersa como siempre, sin propuestas claras ni definidas, sin lograr postular un líder que se alce como alternativa creíble al proyecto de poder. Hasta ahora, como alternativa valedera, sólo podemos mencionar el reciente debate televisivo de UNEN, una agrupación que intenta captar el voto del electorado opositor, y para lo cual no han demostrado tener mejor estrategia que presentar figuras de las cuales lo menos que se puede decir es "remanidas" como Elisa Carrió, cuyo poder de convocatoria es el mismo de toda su vida: poco y nada. Y también, Martín Lousteau que fue parte de la administración actual y ahora pretende ser "la contracara del kirchnerismo" una vez que pasó el punto de no retorno. ¿Qué le habrá hecho cambiar de opinión? El joven licenciado Lousteau es el responsable de la sanción de la Resolución 125 de retenciones al campo, "un desprecio al Congreso" según Ricardo Gil Lavedra, otro de los participantes del debate, quien tampoco se ahorró críticas a Carrió acusándola de "ineficaz y dogmática." Así, durante el debate televisivo, los postulantes apuntaron sus dardos entre sí con todo tipo de cruces y recriminaciones. Ni una mano, ni un amigo, ni una flor, como dice el tango. ¿Impresión causada en la audiencia? Son capaces de ofrecer un entretenido contrapunto (después de todo, la televisión es una industria del entretenimiento de masas) pero están lejos de tener lo que la política nacional desesperadamente necesita: objetivos claros, propuestas viables.
Mauricio Macri, por su parte, tampoco consigue hacer pie en un piso firme. Tiene tantos problemas que, igual que Joaquín Sabina y sus dislates amorosos, parece como si le quisiera gastar el destino una broma macabra. Por lo pronto, no es capaz de meterse en cintura a unos cuantos "metrodelegados" que en estos días están protagonizando un conflicto por el cual las formaciones de la línea B de subte no llegan a las recientemente inauguradas estaciones de Echeverría y Juan Manuel de Rosas, con lo cual se satura aún más el ya colapsado tránsito porteño, se pierden preciosas horas de trabajo, millones de pesos de los fondos de los contribuyentes, y si lo sumamos al paro salvaje de subte de diez días que tuvo lugar en agosto del año pasado, nos pone en ridículo ante el mundo… y cada vez más lejos de cualquier remota posibilidad de modernización. La ecuación es muy simple: un país que no da garantías para viajar en transporte público no da garantías para invertir. Los metrodelegados aducen “condiciones de seguridad” en estaciones construidas según los más altos estándares internacionales. Argumentos más que poco convincentes. Y es que, en realidad, los tales “metrodelegados” son peones (léase idiotas útiles) de Cristina Kirchner que tienen el objetivo de socavar a toda costa la credibilidad de la población en Mauricio Macri, una figura que ella teme le podría hacer frente en las urnas; un objetivo que, como vemos, lo están cumpliendo muy bien.
En los casi seis años que lleva en el poder, la presidenta ha demostrado día tras día que no sabe negociar, que no quiere dialogar y que la única manera en que cambie el rumbo, a mi juicio, absolutamente errado en que está yendo el país, es recibir un mensaje contundente de votos en contra para que entienda que no tiene apoyo popular.
Por eso, es importante frenar al kirchnerismo; no tienen límites y no los van a tener nunca. El país se pierde en la maraña de regulaciones estatales de todo tipo que intentan controlar la economía, los ahorros y todas las actividades lícitas y los ciudadanos nos levantamos de la cama cada día y nos preguntamos: “¿qué van a inventar hoy?”
Es menester infligirles una derrota legislativa muy importante en octubre. Aún si pierden la mayoría absoluta en el congreso, continuarán extendiendo sus desmanes.
La Argentina, definitivamente, está perdiendo futuro con los Kirchner. Es menester contar con una alternativa opositora que frene a Cristina, que termine con Moreno, con D’Elía, con la Cámpora y con todas estas personas y políticas que han sido tan malas para el país en los últimos tiempos.

jueves, 18 de julio de 2013

Diecinueve años de impunidad

El 18 de julio de 1994, un coche-bomba fue estrellado contra la sede de la AMIA en Buenos Aires causando la destrucción total del edificio, arrojando un saldo de 85 muertos y unos 300 heridos. 19 años después, en el acto de conmemoración frente a la sede de la mutual judía no estuvieron presentes ni la presidenta ni el vicepresidente ni el canciller de la nación. ¿Por qué? Porque, en definitiva, ya no tenemos nación. Con su ausencia, ellos se encargaron de ratificarlo.
Y digo que ya no tenemos nación porque un país que ha tergiversado su orden de prioridades deja de existir como tal para convertirse en otra cosa. Lejos de buscar el esclarecimiento del caso y el juicio y castigo a los culpables, el gobierno de la "década ganada" le vuelve el rostro a la herida y dice "acá no ha pasado nada." Una manera de legitimar el dicho "el que calla otorga" por intereses políticos. El tan mentado Memorándum de Entendimiento con Irán es un pacto de silencio para que el gobierno se saque de encima el lastre de investigar este caso hasta las últimas consecuencias como corresponde y así, libre del fardo, poder moverse con más comodidad en los terrenos que tan bien conoce y tanto le conviene; a saber, mantener a su séquito de seguidores y obsecuentes de las más diversas jerarquías por medio del otorgamiento de subsidios y dádivas, sostener su nube de complacencia mediática, y avasallar a la justicia y a la prensa independiente con su "ley de medios" y todo tipo de leyes y disposiciones delirantes funcionales a los intereses del poder de turno. En 2007, Interpol había ratificado las acusaciones de la justicia argentina efectuadas el año anterior acusando al gobierno iraní de planificar el atentado y a la organización extremista Hezbollah de ejecutarlo. Según la investigación de la fiscalía, Argentina fue elegida como blanco del ataque tras la decisión del gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán. Interpol ha requerido a Irán la extradición de sus ciudadanos acusados por el ataque para ser juzgados en Argentina o bien en un tercer país, pero el gobierno iraní jamás accedió. El canciller Timerman dice que el memorándum "es todo lo que se pudo conseguir." Y ni siquiera se toma el trabajo de aclarar qué se consiguió. Yo se los voy a decir: absolutamente nada. Eso resume su moral. Eso nos dice en manos de quiénes estamos los argentinos.
Hace dos mil años, el corrupto gobernador de una remota provincia romana se lavó las manos y selló el destino de un inocente carpintero. Hoy la historia se repite y 85 muertos no encuentran paz gracias a la inacción de un gobierno inepto que como nunca da cabales muestras de su ineptitud. Pero la presidenta Cristina Kirchner autorizó una partida adicional de cinco millones de pesos para Tecnópolis e inauguró una fábrica de bicicletas que nunca serán montadas por los 85 muertos que esperan paz en su tumba. Y ni siquiera los mencionó.
El atentado a la AMIA fue una afrenta contra la comunidad judía, fue una afrenta contra el pueblo argentino, fue una afrenta contra la raza humana. Diecinueve años más tarde, la impunidad es la herida que sigue abierta y atraviesa a todos.

lunes, 8 de julio de 2013

¿Por qué se llevan a Colón?

Cristina Kirchner asegura que el reemplazo del monumento a Colón por el de Juana Azurduy "no es una decisión caprichosa." Está bien que lo aclare. Para caprichos están sus carteras Louis Vuitton y los cien mil dólares que gastó en zapatos de lujo en París. Las cosas en su lugar.
Entonces, ¿qué le lleva a hacer esto? ¿Qué motivos llevan a remover esta magnífica obra realizada en mármol de Carrara por el célebre artista florentino Arnaldo Zocchi? Balanceándose en el arnés, Colón gira en el aire y en esos segundos en que se queda mirando a la Casa Rosada parece estar diciendo: ¿Qué hice yo para merecer esto?
Ya recostado sobre el andamio de madera, quizás con la paz mental que necesitan las estatuas, agrega: Debo ser el espejo en el que el gobierno no quiere mirarse.
Cristóbal Colón zarpó del Puerto de Palos con la intención de encontrar un camino alternativo a la India. El hecho de que en su periplo se haya topado con un continente es harina de otro costal, tanto es así que murió sin saber que lo había descubierto. La India, en aquellos tiempos, era un gran productor de especias que a los europeos les interesaba comercializar para obtener beneficios económicos. Vale decir, estaban realizando lo que el ser humano está realizando desde, podríamos decir, fines del período neolítico: buscar un beneficio, progresar, lo cual implica, obviamente, perseguir beneficios económicos. El mundo se mueve en función de obtener beneficios. El sistema mundial mismo reposa sobre esa premisa. Todos se especializan en ganar. Nadie se especializa en perder. El ser humano progresa cuando puede ejercer libremente sus facultades creativas en beneficio de sí mismo y de quienes lo rodean. Adam Smith decía que el hombre consigue el bienestar general persiguiendo el interés individual. 
Partiendo de estos conceptos tan claros, entonces, podemos inferir que el intervencionismo estatal en cualquiera de sus formas, con su sinfín de controles, regulaciones, subsidios y prebendas es una falacia que lejos de lograr el despegue de la sociedad, la retiene, la toma como prisionera y altera e interfiere su funcionamiento retrasando su desarrollo y crecimiento. Ese es el espejo en el que el gobierno no quiere mirarse y que quiere destruir a toda costa. La Argentina está asistiendo como nunca a una corriente política de estatismo demagogo que lo único que busca es aumentar el clientelismo político como una forma de acrecentar el caudal de votos para su redil, estrategia que ven como el modo más viable de perpetuarse en el poder. La idea de que el país ofrezca garantías para invertir queda relegada a un segundo plano ¿A quién le importa que la Argentina sea un país serio y confiable si el modelo se basa pura y exclusivamente en capturar votos por medio del otorgamiento de dádivas? ¿A quién le importa que esas dádivas sean pagadas a base de vilipendiar la moneda nacional por emisión monetaria y la consiguiente inflación?
Ningún país ha salido adelante por persistir en la falacia del estado benefactor dispensador de favores sino por poner en primer término un fuerte sentido de iniciativa y responsabilidad individual, la confianza en el espíritu humano, la determinación de superarse y progresar y el anhelo universal de la libertad. Precisamente, se trata de las cualidades que tuvo Cristóbal Colón al llevar adelante su empresa de internarse en el desconocido océano. Su osada labor puede ser un ejemplo. El discurso indigenista niega la hispanidad resultante de los últimos cinco siglos que no fueron ningún regalo sino que se dieron por el esfuerzo y el sacrificio de todas las generaciones que nos precedieron.  
A luz de las cualidades de marras, el estatismo queda expuesto tal como es: extemporáneo, banal, falaz, superfluo, prescindible. Lo que el gobierno está intentando a toda costa es impedir que este mensaje llegue por la simple razón de que no le conviene políticamente. Y para eso, no encuentra nada mejor que destruir cualquier imagen que ayude a difundirlo; en este caso, una hermosa estatua que nos recuerda a un navegante y explorador que creyó en llevar adelante una empresa.
El gobierno no quiere que la gente progrese, trabaje, se desarrolle. En suma, no quiere que la gente se haga cargo de sus vidas. Por el contrario, buscan obtener una masa amorfa y anodina dependiente de los planes sociales para acrecentar su redil de electores y asegurarse que sean dependientes en ese redil. Los amos saben muy bien que las ovejas nunca atrancan el corral en que comen y sobreviven. Toda persona que se torna dependiente del estado es una persona menos que podría contrarrestar el régimen existente.
Por las mismas razones, tampoco quieren que la gente haga lo que hizo Colón: descubrir algo. Descubrir es un mal ejemplo para un gobierno que todo lo que hace está equivocado y todo lo que dice es mentira.

lunes, 1 de julio de 2013

La Estatua de la Libertad en Buenos Aires

La Estatua de la Libertad es una imagen de fuerza épica. Su antorcha en alto, su tabula ansata romana sujeta en su mano izquierda constituyen un símbolo universal de libertad política y democracia. Su verdadero nombre es "La libertad iluminando al mundo" pero el mundo la conoce por su nombre "familiar." Esta obra colosal, que fue un regalo de Francia a Estados Unidos al cumplirse el centenario de su independencia, fue diseñada por el arquitecto y escultor Frederick Auguste Bartholdi, a cuya voluntad, talento y decisión se debe su realización. Sobre la tabula ansata está escrito en números romanos la fecha de la independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 1776, y hay inscripto sobre la base del pedestal un extracto de "El nuevo coloso, " el famoso poema de Emma Lazarus, que reza: "Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, los cansados, Vuestras masas anhelando respirar en libertad, El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas. Enviad éstos, los desamparados, azotados por la tempestad a mí. ¡Levanto mi antorcha junto a la puerta dorada!" Desde entonces, este monumento es un emblema de la ciudad de Nueva York y símbolo de todo Estados Unidos que acoge inmigrantes del mundo entero.
Bartholdi quiso que su trabajo sea un símbolo inmenso e impresionante de la libertad humana para los millones de inmigrantes que vinieron a América en el siglo XIX buscando la libertad y el cumplimiento de sus sueños, y para todos los hombres del mundo que anhelan libertad. En la cabeza, lleva una corona de siete puntas que simboliza los siete mares y los siete continentes. La corona apunta hacia el exterior, hacia el mundo entero. Esa es la esencia: que la antorcha de la libertad brille no sólo para Estados Unidos sino para toda la humanidad. Hacemos hincapié nuevamente en “El nuevo coloso.” El poema diferencia específicamente la Estatua de la Libertad de la del Coloso de Rodas: “No como el broncíneo gigante de helénica fama, con sus conquistadores miembros a horcajadas de tierra a tierra.” Mientras el Coloso fue hecho para celebrar el dominio imperial de la ciudad de Rodas, la Estatua de la Libertad se erigió para dejar bien en claro que la libertad es patrimonio de toda la humanidad.
Pero lo que pocos saben es que esta obra colosal tiene su correlato en Buenos Aires, Argentina. En efecto, en el tradicional paseo de Barrancas de Belgrano hay una réplica a escala reducida sobre la barranca que da a la esquina de La Pampa y Arribeños, realizada por el mismo Bartholdi, y lo curioso es que fue inaugurada veinticinco días antes que su hermana mayor de Nueva York, el 3 de octubre de 1886, probablemente porque el presidente Julio Argentino Roca debía entregar la banda presidencial a su sucesor Miguel Juárez Celman nueve días más tarde. Al pie de la obra de bronce se puede verificar la firma de su autor, A. Bartholdi, y la leyenda Fondu por Le Val D'osne 68, 8 rue Voltaire, Paris.
El hombre es un ser de símbolos. Esto es porque el hombre es un ser social por definición y por eso es que siempre arde en nosotros ese anhelo de pertenecer, de sentirse parte de algo que compartimos con el semejante. La impresionante obra que se yergue como símbolo triunfal en la bahía de Nueva York es un ícono que representa las cosas que más anhelamos: la libertad de pensamiento, la libertad de oportunidad, la libertad de creer en Dios. Los símbolos son muy importantes para el hombre.
La llama eterna de la libertad está dignamente representada por la dama de la antorcha en alto. Su luz jamás se apagará. Cobijados por este poderoso símbolo, desde su sitio de honor en la bahía de Nueva York y su pedestal en las porteñas Barrancas de Belgrano, están estos altos anhelos del hombre. Aquí y allá, la libertad sigue iluminando al mundo.