sábado, 22 de junio de 2013

Nuevas expectativas para Irán

La victoria del clérigo moderado Hasan Rohani en las elecciones celebradas en Irán el pasado viernes 14 abre interesantes expectativas para poner fin a 8 años de tensión entre ese país y buena parte de la comunidad internacional. El mandatario saliente, Mahmud Ahmadinejad puso en práctica un programa nuclear que Estados Unidos e Israel no aceptaron nunca. Rohani aún no se ha pronunciado sobre ese tema. Este domingo se pronunciaba sobre temas económicos, culturales, sociales y políticos, pero no se definía sobre las relaciones internacionales de este país de 80 millones de habitantes y una de las reservas de petróleo más grande del planeta.
En Washington, el triunfo de Rohani se veía como una "señal potencialmente esperanzadora" de que el país hará los cambios necesarios para trabajar con la comunidad internacional, según dijo el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Denis McDonough.
"Si él está interesado, como ha dicho en sus actos de campaña, en arreglar las relaciones de Irán con el resto del mundo, hay una oportunidad de hacerlo," afirmó McDonough a la cadena CBS.
Estas elecciones se realizaron en un momento muy especial en la historia de este país islámico al cabo de 8 años del gobierno de Ahmadinejad, que deja el poder con un desempleo de casi un 15 por ciento, una inflación del 30 por ciento anual y una moneda devaluada en un 80 por ciento en el término de dos años. Es que, en realidad, las sanciones internacionales se hicieron sentir y Rohani es de los que creen que con un mínimo de negociación y diplomacia esta situación puede revertirse. Ahmadinejad es un polémico líder que cuestiona la existencia del holocausto y se manifestó abiertamente por la destrucción del Estado de Israel. Según fuentes diplomáticas, sus declaraciones han endurecido la actitud de Occidente con el programa nuclear iraní.
"La clave será determinar si Rohani tiene voluntad de responsabilizarse por el programa nuclear ilícito de Irán, "agregó McDonough. "Si lo hace, encontrará un aliado en nosotros," aseguró el asesor en jefe del presidente estadounidense Barack Obama.
De hecho, el primer mandatario norteamericano trató a comienzos de su segundo mandato de impulsar un diálogo directo con Teherán sobre la cuestión nuclear, pero esa posibilidad fue descartada en febrero por Ahmadinejad por considerarlo una "imposición."
McDonough subrayó que las elecciones presidenciales del viernes en Irán se produjeron en un entorno de "falta de libertad de prensa, falta de transparencia y acoso en muchos casos."
"Deberíamos estar orgullosos de la forma en que los iraníes decidieron participar y expresar sus opiniones y aspiraciones democráticas. Creo que teniendo en cuenta esas circunstancias muy difíciles, todos deberíamos estar bastante orgullosos de la forma en que los iraníes decidieron participar y expresar sus opiniones y aspiraciones democráticas," señaló. Una cosa es segura: el derrotado en toda la línea fue Ahmadinejad. Su fracaso fue tan absoluto que ni siquiera logró imponer su candidato.
El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, reconoció este sábado la victoria de Rohani, que consiguió la presidencia en primera vuelta al obtener el 50,68% de los votos emitidos en las elecciones celebradas el domingo en el país. Hassan Rohani es un líder religioso shiita que cuenta con un doctorado en Derecho Constitucional de la Universidad de Glasgow, Escocia. Su experiencia le permite tener un enfoque “occidental” que será un aire renovador para Irán.
Carney aseguró que Estados Unidos "sigue preparado para relacionarse con el Gobierno iraní de forma directa para alcanzar una solución diplomática que responda de forma completa a las preocupaciones de la comunidad internacional sobre el programa nuclear de Irán".
Quienes miran con recelo este proceso son los líderes de Israel, muy en particular el primer ministro Benjamín Netanyahu, para quien lo sucedido apenas alcanza a la categoría de maquillaje de un poder que en lo esencial sigue siendo el mismo en las mismas manos: el ayatollah. No piensa en los mismos términos Simón Peres; pero más allá de los matices y los enfoques, lo seguro es que en Irán algo ha ocurrido, algo está empezando a cambiar, hay una vuelta de bisagra de la historia, y en todo caso será el futuro quien determine los alcances o límites de este cambio.

martes, 11 de junio de 2013

Estados Unidos y el destino manifiesto

Tocqueville comparaba a los Estados Unidos con Francia y se preguntaba por las razones que llevaban a todo un pueblo a experimentar, a innovar antes que reiterar su pasado como hacían sus compatriotas. Estados Unidos era el país que conquistaba el Oeste, el que trazaba caminos y ferrocarriles, el que fundaba pueblos y ciudades. Una explicación a simple vista sería que los norteamericanos, al no tener pasado, sólo tendrían una dirección hacia dónde mirar: adelante. Pero esta visión está lejos de ser indiscutible porque este país tiene en realidad, detrás de sí, una historia. Los norteamericanos tienen una memoria presente y viva que no deja de rendir culto a sus monumentos y héroes, pero están convencidos de que son los amos de esa historia y no sus víctimas. Creen en la Providencia más que en la fatalidad. Creen en la libertad individual más que en el peso de las presiones históricas o naturales. Y tienen ese sentido de llamado a la misión, un profundo sentimiento de que tienen la misión especial de esparcir su estilo de vida alrededor del globo terráqueo. Es precisamente un carácter que el resto del mundo se resiste a aceptar.
Los norteamericanos creen en un “destino manifiesto.” Una llamada puritana a llevar su estilo de vida primero dentro de sus propias fronteras y, por fin, al resto del orbe. Fue ese destino manifiesto el que llevó a este país a enfrentar la barbarie nazi en la segunda guerra mundial y a ayudar a Europa a levantarse de nuevo con el Plan Marshall. Años más tarde, ese mismo destino manifiesto empujaba al totalitarismo comunista y lo ponía de rodillas.
En la obra de John Gast llamada “American Progress,” una mujer de aspecto angelical identificada como Columbia (una personificación de Estados Unidos del siglo XIX) lleva la luz de la civilización hacia el Oeste junto con los colonizadores, tendiendo líneas de telégrafo y de ferrocarril, participando de la creación de una nueva Tierra Prometida.
En el reverso del billete de dólar figura la leyenda "Novus Ordo Seclorum." En 1776, es un nuevo mundo el que inician los Padres Fundadores, porque ese "nuevo orden mundial" no se detiene en las fronteras del país que lo origina sino que se extiende al mundo entero. Estados Unidos es, desde hace dos siglos, el laboratorio de todas las experiencias políticas, económicas y sociales que tarde o temprano se volcarán al resto del planeta. De allá vienen las imágenes, las modas, las consagraciones.
En ese mismo billete hay una pirámide trunca. Incumbe a cada norteamericano trabajar para finalizar su construcción, la realización de la sociedad americana. Pero le incumbe hacerlo libremente. Como dice la quinta enmienda de la constitución, “a nadie se le privará de la vida, la libertad o la propiedad.”
La descripción de Abraham Lincoln de los Estados Unidos como “la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra” es una expresión muy conocida de la doctrina del destino manifiesto. Lincoln era un puritano y profundo conocedor de los temas bíblicos. Por su parte, el historiador William Weeks resume las tres principales características de esta doctrina: la virtud de las instituciones de los Estados Unidos, la misión para extender estas instituciones al resto del mundo y la decisión de Dios de encomendar a Estados Unidos el cumplimiento de esa misión. La piedra angular es la libertad y la creencia en un Dios Todopoderoso. George Washington decía: "Ningún pueblo puede estar más seguro de agradecer y adorar la Mano Invisible que conduce los asuntos de los hombres que el pueblo de los Estados Unidos."
En 1789, cuando el grito en Francia era “libertad, igualdad, fraternidad” el célebre historiador Claude Manceron ha dicho “el viento vino de América.” Era el viento de la libertad.
Dos siglos después, el viento sigue soplando.

sábado, 1 de junio de 2013

Intelectuales

El ex-jugador y estrella de basquetbol Dennis Rodman, de dilatada trayectoria en la NBA y miembro del Hall of Fame, visitó recientemente Corea del Norte, donde se entrevistó con el dictador Kim Jong-un. El hecho fue categóricamente descalificado por los medios de comunicación, que lo nombraron como "raro, extraño, estrafalario y antipatriota." Tan es así que luego de una nota con el presentador televisivo George Stephanopoulos que fue calificada como “desastrosa,” decidió cancelar varias entrevistas.
La reacción de los medios no es para menos. Kim Jong-un es un dictador que comete graves violaciones a los derechos humanos, mantiene campos de prisioneros, somete a su pueblo al hambre y a necesidades de todo tipo y también, sin duda, ha matado personas inocentes.
¿Se puede establecer un vínculo entre este personaje y otros igualmente nefastos como Manuel Noriega, Saddam Hussein y Omar Kadafi, sólo por nombrar algunos? Sí. En todos los casos, estos personajes cuentan con diversos intelectuales que le hacen el juego, como Dennis Rodman en este caso, el cual quiere aparecer como el gran progresista que se opone a los intereses imperialistas de Estados Unidos.
¿Y qué es un intelectual? El renombrado autor británico Paul Johnson, quien suele tener una visión crítica sobre ellos, afirma que son “tan irrazonables, ilógicos y supersticiosos como cualquier otra persona.” Rodman es el payaso de la generación del Dream Team del basquetbol americano, el que se teñía la cresta del cabello de color zanahoria, luego de amarillo y luego de rosa. Y como para que no queden dudas de que la definición de Johnson le cuadra perfectamente, hasta grabó un disco de rap. Esos son sus antecedentes académicos. Y ahora va a Corea del Norte a hablar con el dictador.
Estos intelectuales de ocasión, en su afán por mantener su imagen de progresistas revolucionarios imbuidos de sensibilidad social, se dedican alegremente a apuntalar regímenes dictatoriales de indescriptible crueldad y violencia. En Buenos Aires, durante la guerra del Golfo Pérsico, los intelectuales de los corillos de café de la calle Corrientes se reunían frente al Congreso Nacional para gritar "¡Viva Saddam!” Un episodio que borraron convenientemente de su memoria.
A los intelectuales les agrada personalizar estos conflictos a favor de países que no son capitalistas. ¿Por qué? Porque es su oportunidad de demonizar el capitalismo. Al hacerlo, quedan garantizados como héroes progresistas. Pueblo contra oligarquía, patria contra corporaciones, es la pantalla que les interesa mostrar.
Hace unos días se conoció un comunicado de Carta Abierta en que dicha organización rechaza indignada las denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito, atribuyéndolas a una maniobra de la derecha reaccionaria para deslegitimar a un gobierno nacional y popular.
¿Cómo explicar, entonces, el enriquecimiento de Lázaro Báez, quien acumuló una fortuna sideral desde 2003? Cuestionado al respecto, el profesor Ricardo Foster se enojó y reclamó que no le preguntaran más sobre Báez y su insólita fortuna y que lo hicieran, en cambio, respecto de la obra “progresista” del kirchnerismo. Una manera de decir: el fin justifica los medios. Lo importante es el acatamiento visceral, la ciega sumisión al líder, al “gran conductor,” al “duce” y negar lo evidente o supeditarlo a lo que consideran el justo orden social. ¿Qué importa si hay fortunas que no tienen explicación, si la inflación sigue devastando el bolsillo de los trabajadores, si hay góndolas vacías en los supermercados, o si en el caso de Corea del Norte, hay 200.000 presos políticos en los campos de concentración?
Para los intelectuales, las ideas son más importantes que los individuos. Justifican cosas terribles que pasan porque intentan adaptar a la gente a las limitaciones de su pensamiento. Creen que sólo ellos saben cuál es el bien de los demás.
“A Kim le encanta el basquetbol, como a Obama,” comenta Rodman. Ya está: a Kim le gusta el basquetbol y no es capitalista. Desde la óptica de un intelectual, eso le justifica todo y lo hace un líder nacional y popular.

viernes, 17 de mayo de 2013

Hoy como ayer

Murió Videla. Muchos festejarán, entre ellos nuestros actuales gobernantes y políticos de la oposición, ora por convicción, ora por conveniencia. ¿Termina esta muerte con las dictaduras en el país? No. Sólo se ha muerto una consecuencia, no la causa. Lo real es que ningún político se hará cargo de las causas.
Videla fue uno más de los dictadores argentinos, quizás el más cruel, pero no el único dictador y, lo que es mucho más importante, no el único responsable de la tragedia. El golpe del 24 de marzo de 1976 no sucedió porque ese día o el día anterior Videla se levantó de la cama y dijo "hoy voy a dar un golpe de estado.” Existió el fundamento y eso fue lo que posibilitó la oportunidad, no la razón.
Las organizaciones subversivas de la década del ’70 intentaron, enarbolando una bandera que no era la argentina, implantar una dictadura cubano-comunista en el país. No lo lograron gracias al accionar de las fuerzas armadas, hoy vilipendiadas por el lavado de cerebro que, con ayuda de los políticos se le hace a la población, en especial a los jóvenes. La historia se enseña de manera parcial y calamitosa. Se omiten factores que son imprescindibles para una apropiada comprensión de los hechos. Y lo que más importa señalar en este punto es que omitir una parte de la verdad es algo que puede servir para construir la peor de las mentiras.
Las fuerzas armadas realizaban el llamado Operativo Independencia, impulsado por el gobierno de María Estela Martínez de Perón, el cual tenía por objetivo “aniquilar la subversión.” Este operativo se llevó a cabo por el sacrificio en muchos casos de jóvenes soldados conscriptos. Sería redundante hablar de los innumerables secuestros, asesinatos y atentados con bombas realizados por las diversas organizaciones guerrilleras a lo largo y a lo ancho del país. Pero un caso emblemático, sin duda, es el de Hermindo Luna, el soldado salvajemente asesinado por guerrilleros montoneros en el ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Y no era otro que Juan Domingo Perón el que brillantemente advertía a la población sobre la grave situación por la que atravesaba la Argentina en virtud de esta actividad subversiva. El 22 de enero de 1974, con motivo del ataque guerrillero del ERP a la Guarnición Militar de Azul, declaraba por cadena nacional de radio y televisión lo siguiente:
Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al estado y a sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la reconstrucción y la liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúan mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.
En consecuencia, ni el gobierno, que ha recibido un mandato popular claro y plebiscitario, ni el pueblo argentino, que ha demostrado con creces su deseo de pacificación y liberación, pueden permanecer inermes ante estos ataques abiertos a su decisión soberana, ni tolerar el abierto desafío a la autoridad, que pone en peligro la seguridad de la ciudadanía, cada día expuesta a la acción criminal de esta banda de asaltantes.”
El caso es que cada vez que un gobierno militar empezaba a dar muestras de resquebrajamiento, los políticos bramaron por la vuelta a la democracia, y cuando la obtuvieron volvieron a hacer inmediatamente lo que había provocado el golpe, negando las causas que llevaron al quiebre institucional y atribuyendo en última instancia todos los males del país a inicuas conspiraciones foráneas. La culpa era siempre del imperialismo yanki, del FMI, del Banco Mundial, de General Motors o de Telefónica de España, pero nunca de quienes manejaron el país a su antojo robando los dineros públicos sin ningún pudor. En eso consiste la verdadera tragedia nacional, en no querer reconocer nunca el ciclo decadente en que se encuentra la nación.    
Los políticos, pasados y actuales, no van a reconocer que fueron ellos los que sembraron la semilla de las distintas dictaduras. Su incapacidad para gobernar, su corrupción, sus actos criminales, sus  violaciones a las leyes vigentes, el dictado de leyes perversas y las peleas por el poder que hoy repiten dieron lugar a los diversos golpes de estado. Las consecuencias fueron siempre la represión, la censura, la persecución, la destrucción del aparato productivo, el aumento de la deuda externa y, en definitiva, la gran tragedia del enfrentamiento entre hermanos. Videla fue tremendamente responsable, sin duda, pero sólo uno de los tantos. 
En esa bajeza de los políticos hay que buscar las verdaderas causas de la tragedia. Lejos de justificar a los militares, estas duras lecciones deben permitirnos repensar nuestra forma de actuar y aprender de nuestros errores. El odio no es la solución. La venganza no nos lleva a la justicia.
Ayer hubo una dictadura militar. Hoy hay un gobierno corrupto y mentiroso que no es otra cosa que la continuidad de esta tragedia de la cual Videla –repito por tercera vez- es sólo uno de los responsables. Hoy como ayer, se incita al odio entre argentinos. Hoy como ayer, se avasallan derechos constitucionales. Hoy como ayer, se vulneran los ahorros, la propiedad privada, las jubilaciones, el comercio y todo tipo de actividades legítimas con medidas torpes e inoperantes propias de una republiqueta bananera más que de un país serio y predecible. Hoy como ayer, hay un clima crispado, de tensión y de violencia que no es ninguna casualidad sino que está provocado, justamente, por la deleznable clase política que nos está azotando. Hoy como ayer, entonces, urge lograr el encuentro entre argentinos para cortar definitivamente con este ciclo decadente que vive la nación y encaminarla a un destino de grandeza.     


domingo, 5 de mayo de 2013

Barack Obama se expide sobre la situación política de Venezuela

Es ciertamente digna de elogio la inquietud del presidente Barack Obama sobre la situación en Venezuela. El mandatario, que acaba de finalizar una gira por México y Costa Rica, declaró en el primer país que "hay informes que prueban que Venezuela no observa los principios básicos de derechos humanos, democracia, libertad de prensa y libertad de reunión." Su declaración, en un momento en que está en tela de juicio el triunfo obtenido por Nicolás Maduro en los comicios del 14 de abril, refleja sin duda el interés no sólo de los venezolanos sino del mundo entero de llegar a las instancias de verificar fehacientemente los resultados de esta elección, algo que el líder de la oposición Henrique Capriles insistentemente ha pedido, y a lo que Maduro sistemáticamente se ha negado a acceder. Maduro ganó los comicios con una ventaja de tan sólo 1.8% en un momento en que su rival Capriles se estaba consolidando como una verdadera figura política alternativa.
"Nuestra visión es que el pueblo venezolano debe elegir a sus líderes en elecciones legítimas," agregó Obama. Y precisamente, la legitimidad de la victoria de Maduro se encuentra sobre planos cada vez más tambaleantes por su tozudez al no querer someterse a verificar los votos. No se está moviendo con la serena dignidad de quien no tiene nada que ocultar. Si piensa que su triunfo es indiscutible, ¿qué problema tiene con que la oposición lo cuestione?
Capriles impugnó ante la justicia electoral la elección del 14 de abril argumentando que hubo al menos 3.000 irregularidades y que la diferencia de votos (260.000) era tan exigua que correspondía un recuento total de los mismos. El gobierno admitió efectuar una auditoría, pero bajo condiciones que no reunían todos los requisitos exigidos por la oposición. Pocos días después de la elección, Maduro prohibió una marcha llamando “fascistas” a los opositores.
Obama, que hasta ahora evitó reconocer la victoria de Maduro, destaca también que al elegir legítimamente su destino, los venezolanos lo hagan “lejos de las prácticas de las que todo el hemisferio se ha distanciado de manera general.” Así habla el mandatario de un país cuya tradición democrática se remonta a muchos años de historia. 
La democracia es compatible con la diversidad de pensamientos, ya que encuentra en esa diversidad un rico semillero de propuestas útiles y necesarias para el bien común. Por el contrario, proyectos basados en el autoritarismo, la obediencia ciega, el fanatismo y el culto a la personalidad infalible del líder buscan desesperadamente acallar toda muestra de pluralismo, ya que ven en ese pluralismo un riesgo a su continuidad. El proyecto encarnado por Hugo Chávez en Venezuela representa un modelo que basa su hegemonía en la propaganda, en la construcción de relatos y en el uso del aparato del estado de manera total, absoluta, inapelable, con lo cual todo el sistema sigue una lógica autoritaria. Dentro de esa lógica, entonces, es bien claro que su continuador, Maduro, intente por todos los medios evitar abrir una hendija por donde pueda entrar el enemigo que más teme: el cuestionamiento a su hegemonía. Todo se origina en la vocación de ese autoritarismo y en el desprecio de las instituciones republicanas y la alternancia de sus mandatos fundamental para la supervivencia de dichas instituciones a través del tiempo. 

viernes, 3 de mayo de 2013

La otra guerra de Cristina

A todos los problemas que agobian a la presidenta en el ámbito interno del país hay que sumarle otro: el duro documento de la ONU en contra de la reforma judicial. Los vientos en contra de la gestión kirchnerista ahora vienen tanto de adentro como de afuera del país. ¿Será capaz Cristina de capear esta tormenta?
En realidad, la razón de la crítica a la reforma judicial hay que buscarla en su intrínseca ilegitimidad. Según la definición anglosajona de democracia, nunca tan apropiada para entender qué está sucediendo, este sistema de gobierno responde a un concepto de "check and balances." Vale decir, el poder no está concentrado en una estructura contundente sino disperso en varias que compiten entre sí y recíprocamente se neutralizan. Cuando una de ellas (poder ejecutivo) adquiere una influencia desmedida sobre otra (poder judicial) todo el sistema queda desequilibrado. En la práctica, el sistema queda tergiversado, y entonces la democracia pasa a ser no más que un hecho nominal, una manera de legitimar el avasallamiento de un régimen omnímodo y sofocante. Se cumple aquella vieja máxima según la cual "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente." No es cierta la explicación que intenta dar el gobierno según la cual esta reforma va a “democratizar” la justicia. ¿Acaso la justicia, tal como la conocíamos hasta ahora, no va en concordancia con el sistema democrático? Si se garantiza que ella quede aparte de las pasiones políticas del momento y los jueces son probos e imparciales, ya se encuentra en el punto requerido para funcionar como engranaje de la maquinaria democrática. No es necesaria ninguna reforma adicional.
Lo que el gobierno está buscando, en realidad, es remover todo escollo que impida consolidar su proyecto de poder hegemónico. Lo hizo con la tan mentada “ley de medios” que busca acallar, o por lo menos postergar, toda voz opositora; lo está haciendo con sus constantes amagues de reforma constitucional para permitir la reelección de la presidente, y lo está haciendo ahora también al privar a la democracia del bastión mismo de que dispone para seguir existiendo como tal: un poder judicial independiente. A estas instancias se llega en virtud de la elección partidaria de los miembros del Consejo de la Magistratura y con las limitaciones de las medidas cautelares, que resguardaban a los ciudadanos de las decisiones del gobierno hasta la decisión definitiva de la justicia. En el comunicado de la ONU, la redactora especial Gabriela Knaul afirma que la reforma “no respeta los estándares internacionales” de la necesaria independencia de los jueces, y que se violan artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que la Argentina ha suscrito. Y no es un dato menor que el gobierno sea reprendido tan severamente por las Naciones Unidas. Eso habla de una política argentina sin dirección ni conducción tanto en lo interno como en lo externo que ha logrado exacerbar a este importante organismo internacional como para que se expida de manera tan categórica sobre lo que ellos perciben como un gran despropósito.
Y es que en realidad, este país navega a la deriva según los caprichos de los humores presidenciales. La corrosiva inflación, la baja en la creación de empleos, el aumento del deterioro institucional, la pérdida gradual de los derechos individuales en virtud del avasallamiento  gubernamental en todos los órdenes, sumados ahora a esta descalificación internacional, son los factores que evidencian el desgaste de la gestión. Fue lo que la ciudadanía expresó de manera contundente en la marcha del 18 de Abril. Tal vez Cristina no previó que recibiría este golpe en contra del exterior, del organismo internacional más importante de la Tierra. Tal vez pensó que todos sus enemigos estaban adentro y que para mantenerlos a raya, le bastaría con rodearse de su comitiva de funcionarios acólitos y la nube de complacencia mediática que en todo momento distorsiona y tergiversa la realidad a su favor; pero los actos tienen consecuencias, y tarde o temprano, la realidad sale a la luz, a veces por el lado que menos se la espera, en este caso, la ONU.
¿En qué va a devenir todo esto? Este último gran golpe, sumado a todos los que está recibiendo el gobierno kirchnerista, está haciendo subir los amperímetros al rojo. Y hay que sumar escándalos, papelones televisivos, las denuncias de corrupción, etc.
El humor social está cada vez más tenso. La situación es cada vez más insostenible. Hay un gobierno mentiroso, inepto y totalmente mediocre en la conducción de un país que se precie de serio y de moderno. Vale decir, estamos acumulando los factores para una debacle nacional histórica. A los vientos en contra internos, ahora se le suma esto. La otra guerra de Cristina, un inesperado golpe que los medios adictos no tardarán en encontrar la forma de vincularlo al diario Clarín. 

viernes, 19 de abril de 2013

Cristina está sola

Si hay una palabra que caracterizó a la movilización que tuvo lugar el jueves 18 es ”heterogeneidad.” Nadie –aclaremos, nadie que tenga un mínimo de objetividad y que no intente recargar los hechos con un contenido capcioso o peyorativo- puede atribuir la gran concurrencia a un sector social o político determinado. En la marcha, la tercera contra el gobierno en siete meses y, sin duda, la más masiva de las tres, hubo peronistas, radicales, socialistas, liberales, conservadores, desarrollistas, y todavía más. Hubo gente de todos los barrios. Hubo profesionales, comerciantes, cuentapropistas o no. Hubo todos los estamentos. Y eso significa que el kirchnerismo perdió el control de la calle, el cual daba por descontado que lo tenía, y ha reanudado su caída la imagen presidencial. Cristina Kirchner se encuentra en una situación cada vez más endeble, sobre un escenario cada vez más frágil, a pesar de sus patéticos intentos de avanzar sobre la justicia para convertirla en una simple agencia al servicio del gobierno de turno, a pesar de que así parecía estar más cerca que nunca de alcanzar la suma del poder público. Y la difusión de las maniobras y negociados de los círculos cercanos al poder parecen dar cuenta de un resquebrajamiento de viejos pactos de silencio. La cadena de encubrimiento parece estar cortada, y esto es un revelador de fisuras en el propio oficialismo.
No era necesario que para el éxito dela concurrida marcha contra el gobierno se conociera el informe periodístico sobre el empresario Lázaro Báez, pero su difusión potenció la indignación.
Como la potenció la desidia oficial demostrada ante el trágico temporal del 2 de abril, por nombrar otro de los factores del profundo desasosiego expresado en las calles.
Y a pesar de que, como en las dos anteriores marchas masivas no faltaron las estigmatizaciones a los manifestantes y las banalizaciones de sus reclamos, el mensaje fue contundente: la ciudadanía se expresó por la calidad institucional, por la seguridad, por la transparencia de las gestiones de los funcionarios y en contra de la inflación, de la corrupción, de la soberbia, de la mentira, del avasallamiento de la justicia, del cercenamiento de las libertades individuales y de la reforma de la constitución nacional.
Fiel a su estilo, lamentablemente, el gobierno decidió no tomar nota de este evento tan importante. Mientras se desarrollaba la marcha, la presidenta Cristina Kirchner, a bordo de su avión que la transportaba a Perú y a Venezuela, se dedicó a inundar el espacio virtual en la conocida red social twitter con un total de 60 mensajes contabilizados en los que ponderaba la acción de su propio gobierno y evocaba a Hugo Chávez entre otras consideraciones, pero ni una sola palabra de la marcha. En uno de los twits, concretamente el enviado a las 21:35 dijo: “El sábado por la mañana voy a ir al Cuartel de la Montaña donde descansa (Hugo Chávez). Quiero estar un poco más sola, sin tanta gente, sin tanto ruido.”
No, señora Cristina, usted no necesita ir a ningún lado para estar sola. Usted está sola. Porque el kirchnerismo está en la recta final, en la fase de su decadencia definitiva. El proceso es irreversible, ya no se puede volver atrás. Es la primera vez que el oficialismo kirchnerista sufre la aparición de personajes que revelan sus intrincados manejos a favor del poder, a espaldas del pueblo y flagrantemente en contra de sus intereses. Los astronómicos fondos desviados hacia paraísos fiscales son los que deberían haberse utilizado para las obras de infraestructura necesarias en el país y para la atención a jubilados. Esa percepción que cala hasta el fondo del poder kirchnerista, sumada a la deteriorada situación económica y, en general, a todas las irregularidades que afectan al país, fue la que se manifestó en la histórica marcha del 18 de abril, y la que nos hace ver un gobierno kirchnerista flojo, tratando de bailar sobre un escenario cada vez más tambaleante. Y en cualquier momento pueden aparecer más testimonios comprometedores que inclinarán aún más la balanza en su contra y lo dejará más desvalido. La endeble situación económica sumada a los graves hechos de corrupción son un golpe demasiado contundente como para que la debilitada presidenta lo pueda asimilar. Todas las encuestas marcan lo mismo: aumenta su imagen negativa, desciende su aprobación. Alicia Kirchner, por su parte, no consigue hacer pie en ningún escenario con vistas a las elecciones legislativas de octubre.
Cristina está sola. Y será mejor que tome nota de eso. Ni siquiera puede contar con Amado Boudou o Axel Kicillof, por nombrar dos de sus puntales más emblemáticos, porque tanto ellos como cualquiera de los alcahuetes que forman su entorno no tendrán el menor inconveniente en darle la espalda y salir caminando como el mejor cuando vean que ya no les conviene seguir cerca de ella, lo cual no debe estar muy lejano en el tiempo si tomamos en cuenta este irreversible proceso del deterioro de la “cohesión” kirchnerista.      
El gobierno está contra las cuerdas y, de hecho, podríamos afirmar que ya perdió la pelea por puntos. La runfla de alcahuetes televisivos, mientras tanto, seguirá desoyendo la voz de los hechos, atribuyendo el malestar de la población con el gobierno nacional a inicuas conspiraciones corporativas.
Hay una deuda pendiente. Exigimos la presencia de una fuerza política organizada, seria, coherente, que sea capaz de presentar propuestas, de exponer ideas. Una contrafigura real y desafiante. Justamente, uno más de los reclamos de la marcha es que los políticos opositores acusen recibo y se erijan en la alternativa política que anhelamos para llevar adelante la voz de un electorado que ha demostrado no doblegarse ante el avasallamiento de un régimen corrupto y demencial.