jueves, 18 de julio de 2013

Diecinueve años de impunidad

El 18 de julio de 1994, un coche-bomba fue estrellado contra la sede de la AMIA en Buenos Aires causando la destrucción total del edificio, arrojando un saldo de 85 muertos y unos 300 heridos. 19 años después, en el acto de conmemoración frente a la sede de la mutual judía no estuvieron presentes ni la presidenta ni el vicepresidente ni el canciller de la nación. ¿Por qué? Porque, en definitiva, ya no tenemos nación. Con su ausencia, ellos se encargaron de ratificarlo.
Y digo que ya no tenemos nación porque un país que ha tergiversado su orden de prioridades deja de existir como tal para convertirse en otra cosa. Lejos de buscar el esclarecimiento del caso y el juicio y castigo a los culpables, el gobierno de la "década ganada" le vuelve el rostro a la herida y dice "acá no ha pasado nada." Una manera de legitimar el dicho "el que calla otorga" por intereses políticos. El tan mentado Memorándum de Entendimiento con Irán es un pacto de silencio para que el gobierno se saque de encima el lastre de investigar este caso hasta las últimas consecuencias como corresponde y así, libre del fardo, poder moverse con más comodidad en los terrenos que tan bien conoce y tanto le conviene; a saber, mantener a su séquito de seguidores y obsecuentes de las más diversas jerarquías por medio del otorgamiento de subsidios y dádivas, sostener su nube de complacencia mediática, y avasallar a la justicia y a la prensa independiente con su "ley de medios" y todo tipo de leyes y disposiciones delirantes funcionales a los intereses del poder de turno. En 2007, Interpol había ratificado las acusaciones de la justicia argentina efectuadas el año anterior acusando al gobierno iraní de planificar el atentado y a la organización extremista Hezbollah de ejecutarlo. Según la investigación de la fiscalía, Argentina fue elegida como blanco del ataque tras la decisión del gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán. Interpol ha requerido a Irán la extradición de sus ciudadanos acusados por el ataque para ser juzgados en Argentina o bien en un tercer país, pero el gobierno iraní jamás accedió. El canciller Timerman dice que el memorándum "es todo lo que se pudo conseguir." Y ni siquiera se toma el trabajo de aclarar qué se consiguió. Yo se los voy a decir: absolutamente nada. Eso resume su moral. Eso nos dice en manos de quiénes estamos los argentinos.
Hace dos mil años, el corrupto gobernador de una remota provincia romana se lavó las manos y selló el destino de un inocente carpintero. Hoy la historia se repite y 85 muertos no encuentran paz gracias a la inacción de un gobierno inepto que como nunca da cabales muestras de su ineptitud. Pero la presidenta Cristina Kirchner autorizó una partida adicional de cinco millones de pesos para Tecnópolis e inauguró una fábrica de bicicletas que nunca serán montadas por los 85 muertos que esperan paz en su tumba. Y ni siquiera los mencionó.
El atentado a la AMIA fue una afrenta contra la comunidad judía, fue una afrenta contra el pueblo argentino, fue una afrenta contra la raza humana. Diecinueve años más tarde, la impunidad es la herida que sigue abierta y atraviesa a todos.

lunes, 8 de julio de 2013

¿Por qué se llevan a Colón?

Cristina Kirchner asegura que el reemplazo del monumento a Colón por el de Juana Azurduy "no es una decisión caprichosa." Está bien que lo aclare. Para caprichos están sus carteras Louis Vuitton y los cien mil dólares que gastó en zapatos de lujo en París. Las cosas en su lugar.
Entonces, ¿qué le lleva a hacer esto? ¿Qué motivos llevan a remover esta magnífica obra realizada en mármol de Carrara por el célebre artista florentino Arnaldo Zocchi? Balanceándose en el arnés, Colón gira en el aire y en esos segundos en que se queda mirando a la Casa Rosada parece estar diciendo: ¿Qué hice yo para merecer esto?
Ya recostado sobre el andamio de madera, quizás con la paz mental que necesitan las estatuas, agrega: Debo ser el espejo en el que el gobierno no quiere mirarse.
Cristóbal Colón zarpó del Puerto de Palos con la intención de encontrar un camino alternativo a la India. El hecho de que en su periplo se haya topado con un continente es harina de otro costal, tanto es así que murió sin saber que lo había descubierto. La India, en aquellos tiempos, era un gran productor de especias que a los europeos les interesaba comercializar para obtener beneficios económicos. Vale decir, estaban realizando lo que el ser humano está realizando desde, podríamos decir, fines del período neolítico: buscar un beneficio, progresar, lo cual implica, obviamente, perseguir beneficios económicos. El mundo se mueve en función de obtener beneficios. El sistema mundial mismo reposa sobre esa premisa. Todos se especializan en ganar. Nadie se especializa en perder. El ser humano progresa cuando puede ejercer libremente sus facultades creativas en beneficio de sí mismo y de quienes lo rodean. Adam Smith decía que el hombre consigue el bienestar general persiguiendo el interés individual. 
Partiendo de estos conceptos tan claros, entonces, podemos inferir que el intervencionismo estatal en cualquiera de sus formas, con su sinfín de controles, regulaciones, subsidios y prebendas es una falacia que lejos de lograr el despegue de la sociedad, la retiene, la toma como prisionera y altera e interfiere su funcionamiento retrasando su desarrollo y crecimiento. Ese es el espejo en el que el gobierno no quiere mirarse y que quiere destruir a toda costa. La Argentina está asistiendo como nunca a una corriente política de estatismo demagogo que lo único que busca es aumentar el clientelismo político como una forma de acrecentar el caudal de votos para su redil, estrategia que ven como el modo más viable de perpetuarse en el poder. La idea de que el país ofrezca garantías para invertir queda relegada a un segundo plano ¿A quién le importa que la Argentina sea un país serio y confiable si el modelo se basa pura y exclusivamente en capturar votos por medio del otorgamiento de dádivas? ¿A quién le importa que esas dádivas sean pagadas a base de vilipendiar la moneda nacional por emisión monetaria y la consiguiente inflación?
Ningún país ha salido adelante por persistir en la falacia del estado benefactor dispensador de favores sino por poner en primer término un fuerte sentido de iniciativa y responsabilidad individual, la confianza en el espíritu humano, la determinación de superarse y progresar y el anhelo universal de la libertad. Precisamente, se trata de las cualidades que tuvo Cristóbal Colón al llevar adelante su empresa de internarse en el desconocido océano. Su osada labor puede ser un ejemplo. El discurso indigenista niega la hispanidad resultante de los últimos cinco siglos que no fueron ningún regalo sino que se dieron por el esfuerzo y el sacrificio de todas las generaciones que nos precedieron.  
A luz de las cualidades de marras, el estatismo queda expuesto tal como es: extemporáneo, banal, falaz, superfluo, prescindible. Lo que el gobierno está intentando a toda costa es impedir que este mensaje llegue por la simple razón de que no le conviene políticamente. Y para eso, no encuentra nada mejor que destruir cualquier imagen que ayude a difundirlo; en este caso, una hermosa estatua que nos recuerda a un navegante y explorador que creyó en llevar adelante una empresa.
El gobierno no quiere que la gente progrese, trabaje, se desarrolle. En suma, no quiere que la gente se haga cargo de sus vidas. Por el contrario, buscan obtener una masa amorfa y anodina dependiente de los planes sociales para acrecentar su redil de electores y asegurarse que sean dependientes en ese redil. Los amos saben muy bien que las ovejas nunca atrancan el corral en que comen y sobreviven. Toda persona que se torna dependiente del estado es una persona menos que podría contrarrestar el régimen existente.
Por las mismas razones, tampoco quieren que la gente haga lo que hizo Colón: descubrir algo. Descubrir es un mal ejemplo para un gobierno que todo lo que hace está equivocado y todo lo que dice es mentira.

lunes, 1 de julio de 2013

La Estatua de la Libertad en Buenos Aires

La Estatua de la Libertad es una imagen de fuerza épica. Su antorcha en alto, su tabula ansata romana sujeta en su mano izquierda constituyen un símbolo universal de libertad política y democracia. Su verdadero nombre es "La libertad iluminando al mundo" pero el mundo la conoce por su nombre "familiar." Esta obra colosal, que fue un regalo de Francia a Estados Unidos al cumplirse el centenario de su independencia, fue diseñada por el arquitecto y escultor Frederick Auguste Bartholdi, a cuya voluntad, talento y decisión se debe su realización. Sobre la tabula ansata está escrito en números romanos la fecha de la independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 1776, y hay inscripto sobre la base del pedestal un extracto de "El nuevo coloso, " el famoso poema de Emma Lazarus, que reza: "Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, los cansados, Vuestras masas anhelando respirar en libertad, El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas. Enviad éstos, los desamparados, azotados por la tempestad a mí. ¡Levanto mi antorcha junto a la puerta dorada!" Desde entonces, este monumento es un emblema de la ciudad de Nueva York y símbolo de todo Estados Unidos que acoge inmigrantes del mundo entero.
Bartholdi quiso que su trabajo sea un símbolo inmenso e impresionante de la libertad humana para los millones de inmigrantes que vinieron a América en el siglo XIX buscando la libertad y el cumplimiento de sus sueños, y para todos los hombres del mundo que anhelan libertad. En la cabeza, lleva una corona de siete puntas que simboliza los siete mares y los siete continentes. La corona apunta hacia el exterior, hacia el mundo entero. Esa es la esencia: que la antorcha de la libertad brille no sólo para Estados Unidos sino para toda la humanidad. Hacemos hincapié nuevamente en “El nuevo coloso.” El poema diferencia específicamente la Estatua de la Libertad de la del Coloso de Rodas: “No como el broncíneo gigante de helénica fama, con sus conquistadores miembros a horcajadas de tierra a tierra.” Mientras el Coloso fue hecho para celebrar el dominio imperial de la ciudad de Rodas, la Estatua de la Libertad se erigió para dejar bien en claro que la libertad es patrimonio de toda la humanidad.
Pero lo que pocos saben es que esta obra colosal tiene su correlato en Buenos Aires, Argentina. En efecto, en el tradicional paseo de Barrancas de Belgrano hay una réplica a escala reducida sobre la barranca que da a la esquina de La Pampa y Arribeños, realizada por el mismo Bartholdi, y lo curioso es que fue inaugurada veinticinco días antes que su hermana mayor de Nueva York, el 3 de octubre de 1886, probablemente porque el presidente Julio Argentino Roca debía entregar la banda presidencial a su sucesor Miguel Juárez Celman nueve días más tarde. Al pie de la obra de bronce se puede verificar la firma de su autor, A. Bartholdi, y la leyenda Fondu por Le Val D'osne 68, 8 rue Voltaire, Paris.
El hombre es un ser de símbolos. Esto es porque el hombre es un ser social por definición y por eso es que siempre arde en nosotros ese anhelo de pertenecer, de sentirse parte de algo que compartimos con el semejante. La impresionante obra que se yergue como símbolo triunfal en la bahía de Nueva York es un ícono que representa las cosas que más anhelamos: la libertad de pensamiento, la libertad de oportunidad, la libertad de creer en Dios. Los símbolos son muy importantes para el hombre.
La llama eterna de la libertad está dignamente representada por la dama de la antorcha en alto. Su luz jamás se apagará. Cobijados por este poderoso símbolo, desde su sitio de honor en la bahía de Nueva York y su pedestal en las porteñas Barrancas de Belgrano, están estos altos anhelos del hombre. Aquí y allá, la libertad sigue iluminando al mundo.

sábado, 22 de junio de 2013

Nuevas expectativas para Irán

La victoria del clérigo moderado Hasan Rohani en las elecciones celebradas en Irán el pasado viernes 14 abre interesantes expectativas para poner fin a 8 años de tensión entre ese país y buena parte de la comunidad internacional. El mandatario saliente, Mahmud Ahmadinejad puso en práctica un programa nuclear que Estados Unidos e Israel no aceptaron nunca. Rohani aún no se ha pronunciado sobre ese tema. Este domingo se pronunciaba sobre temas económicos, culturales, sociales y políticos, pero no se definía sobre las relaciones internacionales de este país de 80 millones de habitantes y una de las reservas de petróleo más grande del planeta.
En Washington, el triunfo de Rohani se veía como una "señal potencialmente esperanzadora" de que el país hará los cambios necesarios para trabajar con la comunidad internacional, según dijo el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Denis McDonough.
"Si él está interesado, como ha dicho en sus actos de campaña, en arreglar las relaciones de Irán con el resto del mundo, hay una oportunidad de hacerlo," afirmó McDonough a la cadena CBS.
Estas elecciones se realizaron en un momento muy especial en la historia de este país islámico al cabo de 8 años del gobierno de Ahmadinejad, que deja el poder con un desempleo de casi un 15 por ciento, una inflación del 30 por ciento anual y una moneda devaluada en un 80 por ciento en el término de dos años. Es que, en realidad, las sanciones internacionales se hicieron sentir y Rohani es de los que creen que con un mínimo de negociación y diplomacia esta situación puede revertirse. Ahmadinejad es un polémico líder que cuestiona la existencia del holocausto y se manifestó abiertamente por la destrucción del Estado de Israel. Según fuentes diplomáticas, sus declaraciones han endurecido la actitud de Occidente con el programa nuclear iraní.
"La clave será determinar si Rohani tiene voluntad de responsabilizarse por el programa nuclear ilícito de Irán, "agregó McDonough. "Si lo hace, encontrará un aliado en nosotros," aseguró el asesor en jefe del presidente estadounidense Barack Obama.
De hecho, el primer mandatario norteamericano trató a comienzos de su segundo mandato de impulsar un diálogo directo con Teherán sobre la cuestión nuclear, pero esa posibilidad fue descartada en febrero por Ahmadinejad por considerarlo una "imposición."
McDonough subrayó que las elecciones presidenciales del viernes en Irán se produjeron en un entorno de "falta de libertad de prensa, falta de transparencia y acoso en muchos casos."
"Deberíamos estar orgullosos de la forma en que los iraníes decidieron participar y expresar sus opiniones y aspiraciones democráticas. Creo que teniendo en cuenta esas circunstancias muy difíciles, todos deberíamos estar bastante orgullosos de la forma en que los iraníes decidieron participar y expresar sus opiniones y aspiraciones democráticas," señaló. Una cosa es segura: el derrotado en toda la línea fue Ahmadinejad. Su fracaso fue tan absoluto que ni siquiera logró imponer su candidato.
El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, reconoció este sábado la victoria de Rohani, que consiguió la presidencia en primera vuelta al obtener el 50,68% de los votos emitidos en las elecciones celebradas el domingo en el país. Hassan Rohani es un líder religioso shiita que cuenta con un doctorado en Derecho Constitucional de la Universidad de Glasgow, Escocia. Su experiencia le permite tener un enfoque “occidental” que será un aire renovador para Irán.
Carney aseguró que Estados Unidos "sigue preparado para relacionarse con el Gobierno iraní de forma directa para alcanzar una solución diplomática que responda de forma completa a las preocupaciones de la comunidad internacional sobre el programa nuclear de Irán".
Quienes miran con recelo este proceso son los líderes de Israel, muy en particular el primer ministro Benjamín Netanyahu, para quien lo sucedido apenas alcanza a la categoría de maquillaje de un poder que en lo esencial sigue siendo el mismo en las mismas manos: el ayatollah. No piensa en los mismos términos Simón Peres; pero más allá de los matices y los enfoques, lo seguro es que en Irán algo ha ocurrido, algo está empezando a cambiar, hay una vuelta de bisagra de la historia, y en todo caso será el futuro quien determine los alcances o límites de este cambio.

martes, 11 de junio de 2013

Estados Unidos y el destino manifiesto

Tocqueville comparaba a los Estados Unidos con Francia y se preguntaba por las razones que llevaban a todo un pueblo a experimentar, a innovar antes que reiterar su pasado como hacían sus compatriotas. Estados Unidos era el país que conquistaba el Oeste, el que trazaba caminos y ferrocarriles, el que fundaba pueblos y ciudades. Una explicación a simple vista sería que los norteamericanos, al no tener pasado, sólo tendrían una dirección hacia dónde mirar: adelante. Pero esta visión está lejos de ser indiscutible porque este país tiene en realidad, detrás de sí, una historia. Los norteamericanos tienen una memoria presente y viva que no deja de rendir culto a sus monumentos y héroes, pero están convencidos de que son los amos de esa historia y no sus víctimas. Creen en la Providencia más que en la fatalidad. Creen en la libertad individual más que en el peso de las presiones históricas o naturales. Y tienen ese sentido de llamado a la misión, un profundo sentimiento de que tienen la misión especial de esparcir su estilo de vida alrededor del globo terráqueo. Es precisamente un carácter que el resto del mundo se resiste a aceptar.
Los norteamericanos creen en un “destino manifiesto.” Una llamada puritana a llevar su estilo de vida primero dentro de sus propias fronteras y, por fin, al resto del orbe. Fue ese destino manifiesto el que llevó a este país a enfrentar la barbarie nazi en la segunda guerra mundial y a ayudar a Europa a levantarse de nuevo con el Plan Marshall. Años más tarde, ese mismo destino manifiesto empujaba al totalitarismo comunista y lo ponía de rodillas.
En la obra de John Gast llamada “American Progress,” una mujer de aspecto angelical identificada como Columbia (una personificación de Estados Unidos del siglo XIX) lleva la luz de la civilización hacia el Oeste junto con los colonizadores, tendiendo líneas de telégrafo y de ferrocarril, participando de la creación de una nueva Tierra Prometida.
En el reverso del billete de dólar figura la leyenda "Novus Ordo Seclorum." En 1776, es un nuevo mundo el que inician los Padres Fundadores, porque ese "nuevo orden mundial" no se detiene en las fronteras del país que lo origina sino que se extiende al mundo entero. Estados Unidos es, desde hace dos siglos, el laboratorio de todas las experiencias políticas, económicas y sociales que tarde o temprano se volcarán al resto del planeta. De allá vienen las imágenes, las modas, las consagraciones.
En ese mismo billete hay una pirámide trunca. Incumbe a cada norteamericano trabajar para finalizar su construcción, la realización de la sociedad americana. Pero le incumbe hacerlo libremente. Como dice la quinta enmienda de la constitución, “a nadie se le privará de la vida, la libertad o la propiedad.”
La descripción de Abraham Lincoln de los Estados Unidos como “la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra” es una expresión muy conocida de la doctrina del destino manifiesto. Lincoln era un puritano y profundo conocedor de los temas bíblicos. Por su parte, el historiador William Weeks resume las tres principales características de esta doctrina: la virtud de las instituciones de los Estados Unidos, la misión para extender estas instituciones al resto del mundo y la decisión de Dios de encomendar a Estados Unidos el cumplimiento de esa misión. La piedra angular es la libertad y la creencia en un Dios Todopoderoso. George Washington decía: "Ningún pueblo puede estar más seguro de agradecer y adorar la Mano Invisible que conduce los asuntos de los hombres que el pueblo de los Estados Unidos."
En 1789, cuando el grito en Francia era “libertad, igualdad, fraternidad” el célebre historiador Claude Manceron ha dicho “el viento vino de América.” Era el viento de la libertad.
Dos siglos después, el viento sigue soplando.

sábado, 1 de junio de 2013

Intelectuales

El ex-jugador y estrella de basquetbol Dennis Rodman, de dilatada trayectoria en la NBA y miembro del Hall of Fame, visitó recientemente Corea del Norte, donde se entrevistó con el dictador Kim Jong-un. El hecho fue categóricamente descalificado por los medios de comunicación, que lo nombraron como "raro, extraño, estrafalario y antipatriota." Tan es así que luego de una nota con el presentador televisivo George Stephanopoulos que fue calificada como “desastrosa,” decidió cancelar varias entrevistas.
La reacción de los medios no es para menos. Kim Jong-un es un dictador que comete graves violaciones a los derechos humanos, mantiene campos de prisioneros, somete a su pueblo al hambre y a necesidades de todo tipo y también, sin duda, ha matado personas inocentes.
¿Se puede establecer un vínculo entre este personaje y otros igualmente nefastos como Manuel Noriega, Saddam Hussein y Omar Kadafi, sólo por nombrar algunos? Sí. En todos los casos, estos personajes cuentan con diversos intelectuales que le hacen el juego, como Dennis Rodman en este caso, el cual quiere aparecer como el gran progresista que se opone a los intereses imperialistas de Estados Unidos.
¿Y qué es un intelectual? El renombrado autor británico Paul Johnson, quien suele tener una visión crítica sobre ellos, afirma que son “tan irrazonables, ilógicos y supersticiosos como cualquier otra persona.” Rodman es el payaso de la generación del Dream Team del basquetbol americano, el que se teñía la cresta del cabello de color zanahoria, luego de amarillo y luego de rosa. Y como para que no queden dudas de que la definición de Johnson le cuadra perfectamente, hasta grabó un disco de rap. Esos son sus antecedentes académicos. Y ahora va a Corea del Norte a hablar con el dictador.
Estos intelectuales de ocasión, en su afán por mantener su imagen de progresistas revolucionarios imbuidos de sensibilidad social, se dedican alegremente a apuntalar regímenes dictatoriales de indescriptible crueldad y violencia. En Buenos Aires, durante la guerra del Golfo Pérsico, los intelectuales de los corillos de café de la calle Corrientes se reunían frente al Congreso Nacional para gritar "¡Viva Saddam!” Un episodio que borraron convenientemente de su memoria.
A los intelectuales les agrada personalizar estos conflictos a favor de países que no son capitalistas. ¿Por qué? Porque es su oportunidad de demonizar el capitalismo. Al hacerlo, quedan garantizados como héroes progresistas. Pueblo contra oligarquía, patria contra corporaciones, es la pantalla que les interesa mostrar.
Hace unos días se conoció un comunicado de Carta Abierta en que dicha organización rechaza indignada las denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito, atribuyéndolas a una maniobra de la derecha reaccionaria para deslegitimar a un gobierno nacional y popular.
¿Cómo explicar, entonces, el enriquecimiento de Lázaro Báez, quien acumuló una fortuna sideral desde 2003? Cuestionado al respecto, el profesor Ricardo Foster se enojó y reclamó que no le preguntaran más sobre Báez y su insólita fortuna y que lo hicieran, en cambio, respecto de la obra “progresista” del kirchnerismo. Una manera de decir: el fin justifica los medios. Lo importante es el acatamiento visceral, la ciega sumisión al líder, al “gran conductor,” al “duce” y negar lo evidente o supeditarlo a lo que consideran el justo orden social. ¿Qué importa si hay fortunas que no tienen explicación, si la inflación sigue devastando el bolsillo de los trabajadores, si hay góndolas vacías en los supermercados, o si en el caso de Corea del Norte, hay 200.000 presos políticos en los campos de concentración?
Para los intelectuales, las ideas son más importantes que los individuos. Justifican cosas terribles que pasan porque intentan adaptar a la gente a las limitaciones de su pensamiento. Creen que sólo ellos saben cuál es el bien de los demás.
“A Kim le encanta el basquetbol, como a Obama,” comenta Rodman. Ya está: a Kim le gusta el basquetbol y no es capitalista. Desde la óptica de un intelectual, eso le justifica todo y lo hace un líder nacional y popular.

viernes, 17 de mayo de 2013

Hoy como ayer

Murió Videla. Muchos festejarán, entre ellos nuestros actuales gobernantes y políticos de la oposición, ora por convicción, ora por conveniencia. ¿Termina esta muerte con las dictaduras en el país? No. Sólo se ha muerto una consecuencia, no la causa. Lo real es que ningún político se hará cargo de las causas.
Videla fue uno más de los dictadores argentinos, quizás el más cruel, pero no el único dictador y, lo que es mucho más importante, no el único responsable de la tragedia. El golpe del 24 de marzo de 1976 no sucedió porque ese día o el día anterior Videla se levantó de la cama y dijo "hoy voy a dar un golpe de estado.” Existió el fundamento y eso fue lo que posibilitó la oportunidad, no la razón.
Las organizaciones subversivas de la década del ’70 intentaron, enarbolando una bandera que no era la argentina, implantar una dictadura cubano-comunista en el país. No lo lograron gracias al accionar de las fuerzas armadas, hoy vilipendiadas por el lavado de cerebro que, con ayuda de los políticos se le hace a la población, en especial a los jóvenes. La historia se enseña de manera parcial y calamitosa. Se omiten factores que son imprescindibles para una apropiada comprensión de los hechos. Y lo que más importa señalar en este punto es que omitir una parte de la verdad es algo que puede servir para construir la peor de las mentiras.
Las fuerzas armadas realizaban el llamado Operativo Independencia, impulsado por el gobierno de María Estela Martínez de Perón, el cual tenía por objetivo “aniquilar la subversión.” Este operativo se llevó a cabo por el sacrificio en muchos casos de jóvenes soldados conscriptos. Sería redundante hablar de los innumerables secuestros, asesinatos y atentados con bombas realizados por las diversas organizaciones guerrilleras a lo largo y a lo ancho del país. Pero un caso emblemático, sin duda, es el de Hermindo Luna, el soldado salvajemente asesinado por guerrilleros montoneros en el ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Y no era otro que Juan Domingo Perón el que brillantemente advertía a la población sobre la grave situación por la que atravesaba la Argentina en virtud de esta actividad subversiva. El 22 de enero de 1974, con motivo del ataque guerrillero del ERP a la Guarnición Militar de Azul, declaraba por cadena nacional de radio y televisión lo siguiente:
Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al estado y a sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la reconstrucción y la liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúan mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.
En consecuencia, ni el gobierno, que ha recibido un mandato popular claro y plebiscitario, ni el pueblo argentino, que ha demostrado con creces su deseo de pacificación y liberación, pueden permanecer inermes ante estos ataques abiertos a su decisión soberana, ni tolerar el abierto desafío a la autoridad, que pone en peligro la seguridad de la ciudadanía, cada día expuesta a la acción criminal de esta banda de asaltantes.”
El caso es que cada vez que un gobierno militar empezaba a dar muestras de resquebrajamiento, los políticos bramaron por la vuelta a la democracia, y cuando la obtuvieron volvieron a hacer inmediatamente lo que había provocado el golpe, negando las causas que llevaron al quiebre institucional y atribuyendo en última instancia todos los males del país a inicuas conspiraciones foráneas. La culpa era siempre del imperialismo yanki, del FMI, del Banco Mundial, de General Motors o de Telefónica de España, pero nunca de quienes manejaron el país a su antojo robando los dineros públicos sin ningún pudor. En eso consiste la verdadera tragedia nacional, en no querer reconocer nunca el ciclo decadente en que se encuentra la nación.    
Los políticos, pasados y actuales, no van a reconocer que fueron ellos los que sembraron la semilla de las distintas dictaduras. Su incapacidad para gobernar, su corrupción, sus actos criminales, sus  violaciones a las leyes vigentes, el dictado de leyes perversas y las peleas por el poder que hoy repiten dieron lugar a los diversos golpes de estado. Las consecuencias fueron siempre la represión, la censura, la persecución, la destrucción del aparato productivo, el aumento de la deuda externa y, en definitiva, la gran tragedia del enfrentamiento entre hermanos. Videla fue tremendamente responsable, sin duda, pero sólo uno de los tantos. 
En esa bajeza de los políticos hay que buscar las verdaderas causas de la tragedia. Lejos de justificar a los militares, estas duras lecciones deben permitirnos repensar nuestra forma de actuar y aprender de nuestros errores. El odio no es la solución. La venganza no nos lleva a la justicia.
Ayer hubo una dictadura militar. Hoy hay un gobierno corrupto y mentiroso que no es otra cosa que la continuidad de esta tragedia de la cual Videla –repito por tercera vez- es sólo uno de los responsables. Hoy como ayer, se incita al odio entre argentinos. Hoy como ayer, se avasallan derechos constitucionales. Hoy como ayer, se vulneran los ahorros, la propiedad privada, las jubilaciones, el comercio y todo tipo de actividades legítimas con medidas torpes e inoperantes propias de una republiqueta bananera más que de un país serio y predecible. Hoy como ayer, hay un clima crispado, de tensión y de violencia que no es ninguna casualidad sino que está provocado, justamente, por la deleznable clase política que nos está azotando. Hoy como ayer, entonces, urge lograr el encuentro entre argentinos para cortar definitivamente con este ciclo decadente que vive la nación y encaminarla a un destino de grandeza.