Una vez más, la barbarie demostró que no tiene códigos ni límites cuando de ensañarse contra la vida humana se trata. En medio del ensayo de un desfile militar en Saná, la capital de Yemen, un atacante suicida que se había infiltrado vestido con un uniforme policial se detonó y provocó la muerte de 70 personas y casi 3.000 heridos. Si tomamos en cuenta que el atentado contra la AMIA en Buenos Aires, el 18 de julio de 1994, causó 86 muertos, nos daremos una idea de la magnitud del desastre. La organización terrorista Al Qaeda se adjudicó el hecho, y se especula que estuvo dirigido contra el ministro de defensa, Mohamed Nasser Ahmed, presente en el lugar. Sin embargo, estaba a unos cincuenta metros de la explosión y resultó ileso.
"Esto es una verdadera masacre. Hay montones de partes del cuerpos rotas, piernas y cabezas. Esto es increíble," declaró un soldado con la voz entrecortada a los periodistas. El hecho se suma a los anteriores crímenes terroristas, como el ataque a la embajada de Israel en Buenos Aires, el ya mencionado ataque a AMIA y, por supuesto, la voladura de las Torres Gemelas.
Una vez más, el mundo asistió al horror de un acto de barbarie criminal ejecutado por hombres cegados por el odio y el fanatismo. Una vez más, la barbarie ha avanzado sobre la civilización y por lo tanto y lamentablemente, no está asegurado que se cumpla el anhelo de todo hombre decente y de corazón bien puesto, como diría Esteban Echeverría: que esta última prevalezca. Este último gran golpe lo demuestra.
¿Qué hacer? No es posible que la comunidad internacional permanezca indiferente y vulnerable ante la barbarie del terrorismo. Los países y las agencias internacionales deben negar créditos, ayuda y transferencia de tecnología a aquellos estados que parecieran estar albergando o brindando cualquier tipo de apoyo a las diversas células terroristas. También deben imponer fuertes sanciones a todo individuo u organización que sea sorprendido en flagrante violación de leyes nacionales e internacionales en esta materia.
Cuando el terrorismo ataca, no se trata simplemente de algunas personas que sufren sus cobardes agresiones; se trata de la humanidad entera. "La guerra al terrorismo continuará hasta que ganemos, sean cuales sean los sacrificios," declaró el presidente Hadi. Pero mientras no se realice un esfuerzo internacional concertado con miras a detener definitivamente este flagelo, las apelaciones a combatirlo y las expresiones de condena no lograrán hacer mucho, sobre todo en los países más vulnerables a sufrir sus ataques, como la convulsionada región de Medio Oriente y las tierras islámicas, en este caso Yemen. Y la comunidad internacional seguirá asistiendo al derramamiento de sangre, al sacrificio de vidas humanas cuyo único error había sido estar en mal lugar en mal momento, como los 70 yemenitas. Y sus familias, los sobrevivientes, sabrán lo que significa convivir con el miedo por el resto de sus vidas.
Si el ignominioso espectro del terrorismo no se detiene ya sea por consideraciones morales, tratados diplomáticos coercitivos o acciones militares decisivas, muchos inocentes más llorarán... y morirán.
miércoles, 4 de julio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
El país del relato vs. el país real
Máximo Kirchner debió volar casi tres horas para curarse una rodilla
infectada. Eso es porque al cabo de veinte años de gobierno kirchnerista, Santa
Cruz está devastada. Tan es así que ni siquiera cuenta con un módico sistema de
salud. El caso es revelador para la Argentina, porque expone al país real
opuesto al país del relato. Según una encuesta de Management & Fit dada a
conocer el 10 de junio, la imagen de Cristina Kirchner está en caída libre: se
ubica en un 39% de aprobación en el país real, el país de una inflación del 25%
contra la inflación del 9% del país del relato (léase Indec).
En el país del relato, él (perdón, ÉL) es Dios. En el país real, él (con
minúscula y sin perdón) es tan relevante para el ciudadano común como el
informe anual de la cosecha de garbanzos de Hungría. El ciudadano común tiene
su mente ocupada en otros aspectos recurrentes, como volver a su casa todas las
noches sin que lo asalten o lo maten en la calle.
La fiesta se acaba. Hay un mar de fondo que indica que esto no puede
durar mucho. La mayor bonanza económica de la historia reciente se ha
convertido en una desaceleración aguda y el optimismo ha dado lugar a un estado
de ansiedad generalizada. Mientras que en el país del relato la palabra más
usada es “reelección,” en el país real la palabra es “recesión.” Pese a los
apasionados discursos de la presidenta en los que afirma que Néstor Kirchner
produjo récords de crecimiento durante gran parte de la última década, por
todos lados aparecen las grietas del modelo. La economía se va.
Más aún. Aunque el relato lo niegue, no hay economista que no atribuya el
crecimiento a factores externos. La Argentina creció, simplemente, porque así
lo determinaba el contexto en cierne. Todos los países del mundo crecían en
aquellos años, incluso Haití. O sea, que si en lugar de Néstor Kirchner, el
presidente de la República hubiera sido Alcides, Riki Maravilla, la Mona
Jiménez o la Tota Santillán, el resultado habría sido el mismo: el país habría
crecido. Los países que menos crecían eran los que ya tenían un alto grado
de crecimiento, como Estados Unidos en los últimos años de Bill Clinton.
¿Y por qué la economía está contra las cuerdas? Porque el gobierno
aumenta, en lugar de reducir, el gasto público. Porque lo financia con
inflación. Porque persiste en la falsa ilusión del estado benefactor
dispensador de favores. Hay subsidios, prebendas y planes sociales de todo tipo
en los cuales se malgastó toda una bonanza económica. Y se tardó muy pocos años
en hacerlo. El esquema de los subsidios funcionó mientras las exportaciones no
dejaban de subir, pero una vez que los precios mundiales de las materias primas
dejaron de aumentar, el país se quedó al borde de la quiebra.
Hay un mar de fondo que es el país real por donde navega la nave que es el
país del relato. La mayor unión sindical del país ha
iniciado paros esporádicos en reclamo de un aumento salarial del 30%, y las
organizaciones de productores agrícolas amenazan con huelgas contra los
impuestos que el gobierno impone a las exportadores de granos.
Mientras que el país del relato nos llama
a pesificar, el país real nos pide dolarizar a toda costa. La economía pasará
de un crecimiento del 9% el año pasado a un 2.2% este año, según estimaciones
del Banco Mundial. Muchos economistas independientes dicen que el país podría
terminar el año con crecimiento cero.
"Creemos que, tarde o temprano, esta
historia termina en una gran devaluación," decía un reciente informe del
economista Javier Kulesz, directivo del banco UBS, y añadía que la devaluación
se daría junto con un gran aumento del precio de los servicios, mayor tensión
social y crecimiento bajo o incluso negativo.
El gigantesco plan recientemente aprobado por el gobierno para construir 400.000 viviendas en el curso de los próximos cuatro años es muy peculiar. ¿De dónde saldrá el dinero? De fondos del sistema de seguridad social. El gobierno dice que el plan creará 100.000 empleos y ayudará a reactivar la economía. Los escépticos dicen que el dinero caerá en el agujero negro de la corrupción, y los futuros jubilados no verán un centavo de sus jubilaciones.
El gigantesco plan recientemente aprobado por el gobierno para construir 400.000 viviendas en el curso de los próximos cuatro años es muy peculiar. ¿De dónde saldrá el dinero? De fondos del sistema de seguridad social. El gobierno dice que el plan creará 100.000 empleos y ayudará a reactivar la economía. Los escépticos dicen que el dinero caerá en el agujero negro de la corrupción, y los futuros jubilados no verán un centavo de sus jubilaciones.
Roberto Lavagna, ex ministro de economía
del gobierno de Néstor Kirchner, estima que los subsidios a la energía y el
transporte aumentaron de 1.200 millones de dólares en 2005 a 19.000 millones el
año pasado. Tal vez el aumento del 125% de la tarifa del subte de Buenos Aires
ayude a solventarlo. Después de todo, los que pagan son sólo ciudadanos.
Si el país real tuviera algo que ver con
el país del relato, el sentido común indicaría que Cristina Kirchner daría
marcha atrás en todas sus políticas y pensaría en una visión más a largo plazo
que le permita al país mejorar sus sistemas educativos, atraer inversiones para
crear nuevas industrias y crear empleos productivos para sacar definitivamente
de la pobreza a millones de personas, como están haciendo China o nuestro
vecino Brasil. En cambio, conociéndola, todo parece indicar que se dedicará a
emitir moneda sin respaldo para comprar los votos que le permitirán ganar las elecciones
legislativas de 2013. En el país real, si los precios de las materias primas
internacionales no suben, -algo que muy pocos estiman probable- las cuentas no
cerrarán. En el país del relato, la presidenta está rodeada de una runfla de
obsecuentes de las más diversas jerarquías que cumplen a la perfección su función de
desinformarla y aislarla de la realidad.
El acto de ayer del Día de la Bandera en
Rosario fue encabezado por el vicepresidente Amado Boudou. Según el relato,
Cristina Kirchner había viajado al exterior porque estaba cumpliendo una agenda
internacional. Fue la excusa perfecta para incumplir su agenda nacional de
estar presente en ese acto multitudinario porque tenía miedo de ser silbada por
la concurrencia en el país real.
miércoles, 20 de junio de 2012
Un contrato social único en la historia
Estados Unidos declaró la independencia de Gran Bretaña el 4 de julio de 1776. Inmediatamente, este país puso en práctica un contrato social único en la historia. Es en Estados Unidos donde la democracia y la república adquieren verdadera forma luego de siglos de lucha por derrotar al poder despótico de reyes y tiranos. Es allí donde el imperio de la ley adquirió valor real, impulsando una serie de instituciones que convergen en proteger al individuo frente al avasallamiento del estado. Es allí donde se pone en práctica por primera vez el sabio sistema de contrapesos entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, cada uno con espacios bien delimitados de acción y equilibrios permanentes, el sistema conocido como "checks and balances," según la tradición anglosajona.
No existe otro ejemplo similar en la historia de las naciones donde un grupo de hombres promueven una revolución para liberarse de la potencia colonial y al mismo tiempo tienen la madurez y la grandeza de establecer las bases de un gran país, con el respeto de la ley, la libertad y los derechos de las personas como consignas centrales.
Esta concepción moral de los llamados “Padres Fundadores” (Madison, Jefferson, Hamilton, etc.) estuvo presente desde el inicio mismo en que decidieron plantarse frente al poder inglés en rebeldía a impuestos que se definían en la isla sin representación de las colonias americanas, o en la osadía de plantear la idea del “destino manifiesto” para la nueva nación, por la cual legiones de hombres en carruajes salían a poblar y laborar semejante territorio hasta llegar a las costas del Pacífico, o en la negativa de George Washington a presentarse a un tercer mandato como presidente cuando era un líder intocable alegando los beneficios de la alternancia en el poder. O también en la brillante construcción de una cultura del trabajo y la superación personal, que se conoce como la “american way of life” la cual permite que la mayoría de los ciudadanos puedan iniciar sus emprendimientos en paz y decidir sus proyectos de vida en libertad. Y también en el federalismo, donde son las provincias las que constituyen la nación, cobran los impuestos y coparticipan al estado federal. Y no fue otro que Domingo Faustino Sarmiento quien dijo, "Nunca hemos dejado pasar el 4 de julio sin recordar que ese día principia la historia del mundo moderno y el advenimiento de la república como forma de gobierno de las naciones venideras, por desesperados que sean los esfuerzos que las viejas instituciones hagan por prolongar algunos años más su existencia."
Es este el país que ha crecido hasta ser el más poderoso de la Tierra.Y en este punto, la realidad, lo innegable, es que un mundo con el liderazgo de Estados Unidos ha sido y es mucho más previsible y justo que lo que ha sido con cualquier otra potencia en la historia (romanos, árabes, españoles, ingleses, etc.).
Nunca en toda la historia de la humanidad, un país se ha comportado de manera tan magnánima con sus vencidos como Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial.
Por supuesto que, como toda creación humana, Estados Unidos es imperfecto. Ha tenido y tiene muchos errores y flancos débiles. Por nombrar solo algunos podemos recordar la lenta lucha para derrotar la segregación racial, algunas intervenciones en el exterior con marcado predominio de sus intereses (México, Panamá, Vietnam, etc.) Incluso, la serie de desencuentros que nuestro país ha tenido con Estados Unidos y que han calado hondo en la memoria colectiva. Por ejemplo, la imprudente intervención del embajador Spruille Braden en la campaña electoral de 1946 en contra de la elección de Juan Domingo Perón, o la cercanía con Brasil después de la Segunda Guerra Mundial. Estos y otros hechos han generado una dialéctica de confrontación que perdura y se reedita con frecuencia, haciendo que una buena parte de los argentinos tome un lógico partido de defensa nacional en contra de la “injerencia” yanki.
Es comprensible que el efecto que genera el despliegue del poder americano por el mundo sea motivo de recelo: sus bases militares, sus campañas bélicas, sus supuestas intenciones de adueñarse del petróleo de Medio Oriente, etc. En una sociedad conectada en red como la actual, todo lo que sucede se conoce en minutos. Y cada acción de un líder mundial como Estados Unidos genera reacciones, protestas y todo tipo de efectos simbólicos negativos. Pero nunca se menciona que muchas de estas acciones están precedidas de resoluciones de la ONU (Irak, por ejemplo) y sin criticar de igual manera a los eternos espectadores de la abstención (China, India, Rusia) que asisten a los acontecimientos de invasión y guerra protagonizados por Estados Unidos con la misma parsimonia que los espectadores de un circo romano.
Además, incluimos las razones que tienen que ver con el recelo y los reparos que generan la “american way of life”. Hay una rara ecuación que suele hacernos admiradores de las cosas que los norteamericanos crean y difunden (Facebook, Disney, el HBO, la NBA, el Super Bowl, McDonalds, hasta el mismo idioma inglés) y al mismo tiempo, detractores de todas estas supuestas maniobras de “imperialismo cultural” deliberado por dominar las mentes de los ciudadanos del mundo.
Estos motivos de recelo, si se quiere, son "aceptables" al menos desde cierto punto de vista, pero creo que puestos en una balanza, las contribuciones que Estados Unidos le ha hecho al mundo son muy superiores a todos los errores y falencias en que pudo haber incurrido. Y respecto a la Argentina, un análisis someramente objetivo nos llevará a la conclusión de que sería muy hipócrita culpar a este país de nuestros fracasos, crisis y atrasos. No existe ninguna razón para culpar a los yankis de nuestro histórico subdesarrollo.
Creo que los argentinos haríamos mucho mejor si destináramos menos energías y pensamientos a todo lo malo de Estados Unidos (que, insisto, sí lo tiene) y mucho más a crear, desarrollar emprendimientos, participar en política, comprometerse con la sociedad, superarnos en las tareas de cada día, exportar productos al mundo, etc. Países soberanos muy cercanos a nosotros, como Brasil, Chile, Uruguay o Colombia han demostrado que una relación inteligente con Estados Unidos es posible, que ganar respeto no es cuestión de discursos y gritos y que tenemos mucho por aprender de un pueblo laborioso en el que cualquier ciudadano puede progresar en función de sus capacidades. En esencia, en eso consiste el contrato social norteamericano; un contrato social único en la historia.
Es que en este país hay un verdadero consenso de cumplimiento y respeto natural a la ley. Aún en en un año electoral como el actual, la política parece algo siempre secundario para el ciudadano común. Para ese hombre común, en cambio, lo que verdaderamente importa es la ley. Si entre todos la respetamos, parece ser el consenso tácito, todo andará mejor.
Estados Unidos, igual que Argentina, es imperfecto. Ser menos anti-yankis nos ayudará a ser más pro- argentinos, que en definitiva, es la verdadera deuda que tenemos. No solo en los discursos, sino en el terreno que realmente vale: en lo que hacemos cada día para hacer bien la parte que nos toca y sumar para un país y una sociedad mejor.
No existe otro ejemplo similar en la historia de las naciones donde un grupo de hombres promueven una revolución para liberarse de la potencia colonial y al mismo tiempo tienen la madurez y la grandeza de establecer las bases de un gran país, con el respeto de la ley, la libertad y los derechos de las personas como consignas centrales.
Esta concepción moral de los llamados “Padres Fundadores” (Madison, Jefferson, Hamilton, etc.) estuvo presente desde el inicio mismo en que decidieron plantarse frente al poder inglés en rebeldía a impuestos que se definían en la isla sin representación de las colonias americanas, o en la osadía de plantear la idea del “destino manifiesto” para la nueva nación, por la cual legiones de hombres en carruajes salían a poblar y laborar semejante territorio hasta llegar a las costas del Pacífico, o en la negativa de George Washington a presentarse a un tercer mandato como presidente cuando era un líder intocable alegando los beneficios de la alternancia en el poder. O también en la brillante construcción de una cultura del trabajo y la superación personal, que se conoce como la “american way of life” la cual permite que la mayoría de los ciudadanos puedan iniciar sus emprendimientos en paz y decidir sus proyectos de vida en libertad. Y también en el federalismo, donde son las provincias las que constituyen la nación, cobran los impuestos y coparticipan al estado federal. Y no fue otro que Domingo Faustino Sarmiento quien dijo, "Nunca hemos dejado pasar el 4 de julio sin recordar que ese día principia la historia del mundo moderno y el advenimiento de la república como forma de gobierno de las naciones venideras, por desesperados que sean los esfuerzos que las viejas instituciones hagan por prolongar algunos años más su existencia."
Es este el país que ha crecido hasta ser el más poderoso de la Tierra.Y en este punto, la realidad, lo innegable, es que un mundo con el liderazgo de Estados Unidos ha sido y es mucho más previsible y justo que lo que ha sido con cualquier otra potencia en la historia (romanos, árabes, españoles, ingleses, etc.).
Nunca en toda la historia de la humanidad, un país se ha comportado de manera tan magnánima con sus vencidos como Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial.
Por supuesto que, como toda creación humana, Estados Unidos es imperfecto. Ha tenido y tiene muchos errores y flancos débiles. Por nombrar solo algunos podemos recordar la lenta lucha para derrotar la segregación racial, algunas intervenciones en el exterior con marcado predominio de sus intereses (México, Panamá, Vietnam, etc.) Incluso, la serie de desencuentros que nuestro país ha tenido con Estados Unidos y que han calado hondo en la memoria colectiva. Por ejemplo, la imprudente intervención del embajador Spruille Braden en la campaña electoral de 1946 en contra de la elección de Juan Domingo Perón, o la cercanía con Brasil después de la Segunda Guerra Mundial. Estos y otros hechos han generado una dialéctica de confrontación que perdura y se reedita con frecuencia, haciendo que una buena parte de los argentinos tome un lógico partido de defensa nacional en contra de la “injerencia” yanki.
Es comprensible que el efecto que genera el despliegue del poder americano por el mundo sea motivo de recelo: sus bases militares, sus campañas bélicas, sus supuestas intenciones de adueñarse del petróleo de Medio Oriente, etc. En una sociedad conectada en red como la actual, todo lo que sucede se conoce en minutos. Y cada acción de un líder mundial como Estados Unidos genera reacciones, protestas y todo tipo de efectos simbólicos negativos. Pero nunca se menciona que muchas de estas acciones están precedidas de resoluciones de la ONU (Irak, por ejemplo) y sin criticar de igual manera a los eternos espectadores de la abstención (China, India, Rusia) que asisten a los acontecimientos de invasión y guerra protagonizados por Estados Unidos con la misma parsimonia que los espectadores de un circo romano.
Además, incluimos las razones que tienen que ver con el recelo y los reparos que generan la “american way of life”. Hay una rara ecuación que suele hacernos admiradores de las cosas que los norteamericanos crean y difunden (Facebook, Disney, el HBO, la NBA, el Super Bowl, McDonalds, hasta el mismo idioma inglés) y al mismo tiempo, detractores de todas estas supuestas maniobras de “imperialismo cultural” deliberado por dominar las mentes de los ciudadanos del mundo.
Estos motivos de recelo, si se quiere, son "aceptables" al menos desde cierto punto de vista, pero creo que puestos en una balanza, las contribuciones que Estados Unidos le ha hecho al mundo son muy superiores a todos los errores y falencias en que pudo haber incurrido. Y respecto a la Argentina, un análisis someramente objetivo nos llevará a la conclusión de que sería muy hipócrita culpar a este país de nuestros fracasos, crisis y atrasos. No existe ninguna razón para culpar a los yankis de nuestro histórico subdesarrollo.
Creo que los argentinos haríamos mucho mejor si destináramos menos energías y pensamientos a todo lo malo de Estados Unidos (que, insisto, sí lo tiene) y mucho más a crear, desarrollar emprendimientos, participar en política, comprometerse con la sociedad, superarnos en las tareas de cada día, exportar productos al mundo, etc. Países soberanos muy cercanos a nosotros, como Brasil, Chile, Uruguay o Colombia han demostrado que una relación inteligente con Estados Unidos es posible, que ganar respeto no es cuestión de discursos y gritos y que tenemos mucho por aprender de un pueblo laborioso en el que cualquier ciudadano puede progresar en función de sus capacidades. En esencia, en eso consiste el contrato social norteamericano; un contrato social único en la historia.
Es que en este país hay un verdadero consenso de cumplimiento y respeto natural a la ley. Aún en en un año electoral como el actual, la política parece algo siempre secundario para el ciudadano común. Para ese hombre común, en cambio, lo que verdaderamente importa es la ley. Si entre todos la respetamos, parece ser el consenso tácito, todo andará mejor.
Estados Unidos, igual que Argentina, es imperfecto. Ser menos anti-yankis nos ayudará a ser más pro- argentinos, que en definitiva, es la verdadera deuda que tenemos. No solo en los discursos, sino en el terreno que realmente vale: en lo que hacemos cada día para hacer bien la parte que nos toca y sumar para un país y una sociedad mejor.
sábado, 9 de junio de 2012
El rol de la OTAN después de la Guerra Fría
La cumbre de la OTAN realizada el 20 y 21 de mayo en Chicago tuvo como
tema central el futuro rol de la organización en Afganistán. El presidente
Obama y líderes de otros países miembros acordaron que las tropas
norteamericanas comenzarán a abandonar ese país asiático a mediados del año que
viene, luego de más de una década de intervención cuando Estados Unidos lo invadió
a fines de 2001 como respuesta a los ataques terroristas del 11 de setiembre. La
OTAN fue creada en 1949 por el presidente Harry S. Truman en un esfuerzo
por contrarrestar el poderío del bloque soviético. Una vez finalizada la Guerra
Fría, cumplido su objetivo original, la alianza pasó a tener, entre otros
objetivos, el de defender las propias ex-repúblicas soviéticas, y realizó la
mayor parte de sus misiones fuera del área del Atlántico Norte (Bosnia, Kosovo,
Afganistán y Libia). Durante la invasión a Afganistán, Rusia, antigua enemiga de
la OTAN, proporcionó a Estados Unidos una línea alternativa de
aprovisionamiento cuando la ruta a través de Pakistán se tornó problemática.
La Guerra Fría terminó, pero eso no significa que los europeos deban ser
librados a sus propios medios para defenderse a sí mismos, a pesar de los grandes
problemas fiscales que aquejan a Estados Unidos. Ivan Eland, director asociado
del Instituto Independiente de Oakland, uno de los foros de discusión y
análisis independientes más importantes de ese país, propuso en un reciente
artículo abandonar la OTAN. La actual situación económica de los Estados Unidos,
afirma, no justifica su permanencia en la organización. Considerando la escena
internacional actual, ¿sería esa una buena maniobra?
Una vez finalizada la Guerra Fría, Estados Unidos procedió a reconvertir
su aparato militar para enfrentar al nuevo peligro que lo amenazaba. Ya no se
trataba, como en el mundo de la bipolaridad ruso-estadounidense, de dos bloques
antagónicos, sino de un enemigo corporizado en células terroristas
caracterizadas por el odio y el fanatismo. Por eso, el presidente Obama, lejos
de buscar un abandono de la alianza, ha propuesto medidas para fortalecer la
misma: la adquisición de aviones no tripulados de vigilancia Global Hawk, el otorgamiento a la OTAN del control sobre un sistema de antimisiles construido
por Estados Unidos, la concesión de los radares e interceptores de misiles de
los buques de guerra Aegis a la OTAN en tiempos de crisis, y el entrenamiento
conjunto de tropas norteamericanas y de otros países miembros de la alianza,
aún en tiempos de paz o de baja probabilidad de conflicto. Estas medidas
servirán para fortalecer los vínculos entre los países miembros de la alianza,
asegurando la libertad para todos.
La reciente intervención en Libia demostró que el contar con un
apropiado poderío militar es indispensable para defender la libertad. En
general, Rusia y Estados Unidos ven coincidir sus intereses en la lucha contra
el terrorismo islámico. Ambos países, además, subscribieron un importante
tratado de control de armas que limita las armas nucleares estratégicas, el
cual ha proporcionado algo de ayuda en los esfuerzos de presionar a Irán para
que detenga su programa nuclear.
La amenaza de la Guerra Fría terminó, pero el mundo sigue aún en tensión
bajo el peligro del terrorismo fundamentalista islámico. Esta forma nueva y
peligrosa de barbarie, el terrorismo, existe. Por eso, lejos de ignorarlo, el
mundo libre debe poner su máxima presión sobre él y sobre los estados que
pudieran cobijarlo o brindarle apoyo, pues si se continúa con ese esfuerzo, hay
serias posibilidades de incapacitarlo definitivamente como amenaza. Lejos de
ser abandonada, la OTAN puede ser una gran herramienta en línea con este fin.
Hay una guerra mundial antiterrorista que comenzó el 11 de setiembre de
2001 cuando las Torres Gemelas dejaron de existir porque un tal Bin Laden las
tiró abajo. Es una guerra que debemos ganar. La razón es muy simple: está en
juego la supervivencia de la civilización sobre la barbarie. Y recordemos que
la barbarie no tiene códigos ni límites. La barbarie tiene un rostro
encapuchado y cobarde. La barbarie no distingue raza, color, religión ni credo
alguno. En cambio, siembra el odio, el caos y el mal en todas partes.
lunes, 4 de junio de 2012
Ensayar la libertad
La Fundation for Economic Education (FEE) es uno de los foros de
discusión y análisis independientes más importantes de los Estados Unidos.
Creada "para estudiar y hacer avanzar la filosofía de la libertad,"
esta organización se dedica a promover las ideas de mercado libre. Su fundador,
el célebre economista Leonard Read, solía sintetizar su pensamiento en el siguiente
y sencillo interrogante: “¿Por qué no ensayar la libertad?” Observando la
experiencia mundial, ¿podemos decir que tal interrogante tuvo respuesta?
Desde los tiempos de Adam Smith sabemos que el libre intercambio entre
partes dio origen al progreso de los pueblos. La seguridad jurídica, la
estabilidad monetaria, y el nivel de especialización y amplitud del mercado
distinguieron en todos los tiempos a las naciones más ricas de las más pobres.
Por su parte, economistas de la escuela austríaca, como Ludwig von Mises,
Frederick Hayek y Carl Menger, entre otros pensadores, pusieron énfasis en las
mutuas ventajas del cambio pacífico y voluntario. El término economía define,
de esta manera, el bienestar emergente del trabajo, industria, comercio,
agricultura, y nunca la obra de ministerios que tienen esos rótulos.
Los países más avanzados deben su éxito a la economía basada en la
división del trabajo y el intercambio de mercado. Lejos de procurar un modelo
distributivo de riquezas planificado por el estado, la idea es permitir la
operativa de los factores de mercado dándole a este esquema el mayor grado de
libertad posible. La baja tasa de mortalidad, el bienestar generalizado y el
consiguiente aumento del promedio de vida son los resultados más elocuentes del
sistema capitalista. Por el contrario, la incomprensión del concepto de
gobierno como planificador y dispensador de la riqueza ha conducido al fracaso
y a la postergación. El caos hiperiflacionario, según advertía Read, es el
trágico fin a que conduce el intervencionismo estatal. El contrasentido en esto
es que cuando el estado interviene y legisla sobre las más diversas
actividades, el fracaso se convierte en “planificación estatal.”
La definitiva restauración de las instituciones republicanas consiste en
reconocer que el basamento moral de la creación de los gobiernos proviene del
derecho del individuo a la autorrealización en libertad.
Ese basamento moral incluye remover todos los obstáculos legales que
impidan esta autorrealización y materializar la grandeza de la comunidad de
acuerdo con los postulados de las sociedades libres y competitivas.
sábado, 2 de junio de 2012
Códigos y señales de la economía
Una netbook como la que yo estoy usando para escribir este artículo
habría parecido un privilegio inconcebible para el hombre más rico del mundo cien años atrás. El capitalismo favorece,
obviamente, en primer término a los más ricos, pero termina alcanzando, aunque
sea muy lentamente, al resto. Esto es porque la economía se maneja con una
serie de códigos y señales que la misma necesita indefectiblemente. Cuando una
economía funciona correctamente genera información sobre las preferencias de
los consumidores, así como soluciones a la producción. Esta información se
transmite de tal modo que en ese momento se crea un estímulo y se organizan los
medios para corresponder a esa señal. Es el proceso que se define como ley de
oferta y demanda. El gasto de un consumidor (demanda) al efectuar una compra se
convierte para el proveedor (oferta) en el medio de cubrir el costo de ofrecer
el bien y obtener un beneficio.
Estos factores informan, orientan la inversión. Con el tiempo y el
acompañamiento de políticas que incorporen educación y tecnología, también
estimulan, guían y orientan las innovaciones que mejor satisfacen los deseos de
los consumidores.
Este esquema, naturalmente, es muy teórico y constituye una
simplificación de una realidad llena de imperfecciones; requiere políticas
correctivas, pero las mismas nunca deben operar como inhibidores de los
circuitos normales de una economía libre. Si lo hacen, terminan generando las
causas de un colapso económico.
Las políticas de intervencionismo estatal dinamitan los cimientos del
crecimiento económico sostenido, condición necesaria de todo programa de
desarrollo económico y social. La información que genera la economía cuando
funciona normalmente retroalimenta un proceso clave en la creación de riquezas
y trabajo. Por el contrario, una economía central planificada intenta organizar
la economía avasallando la información, ignorando todo tipo de señal del
mercado. Durante algún tiempo, este modo forzado de dirigir la economía puede
ser eficaz para alcanzar ciertos objetivos, que generalmente son de
industrialización pesada como los realizados en la Unión Soviética durante la
época de Stalin. Es más, el logro de estos objetivos puede seducir a muchos,
haciéndoles creer que se encuentran frente a una alternativa válida, pero
entonces el esquema colapsa frente a los problemas del cambio y la innovación a
largo plazo. Como un falso ídolo que, por fin, muestra sus pies de barro y se
derrumba, los resultados del desengaño de la planificación centralizada quedan
en flagrante evidencia.
La información económica confiable es un factor fundamental para
asegurar la continuidad de todo el circuito económico y arreglar el sistema de
incentivos. Por el contrario controles de precios y subsidios distorsionan el
sistema. Cuando las señales e incentivos están distorsionadas por el estado,
¿dónde invertir?
El intervencionismo estatal inhibe con arbitrariedad el necesario
proceso que permite que la información circule libremente para orientar la
marcha de la economía. Hay que evitar las distorsiones porque de lo contrario todos
los incentivos operan mal.
Operando libremente y sin interferencias, estos incentivos constituyen
los estímulos necesarios
para invertir e innovar. El resultado será el gradual aumento de la
prosperidad y el progreso para todos.
lunes, 21 de mayo de 2012
Una buena palabra
El eminente economista norteamericano William Boumal, co-autor de "Good capitalism, bad capitalism and the economics of growth and prosperity" realiza una clara distinción de lo que llama capitalismo "malo" u "oligárquico" que es el que proliferó en las dictaduras militares latinoamericanas de la década del '70, y que no puede exhibir un solo ejemplo de desarrollo exitoso. Al contrario, sus objetivos no están puestos en el desarrollo, sino en la preservación de un poder concentrado, autocrático y vinculado a un estrecho núcleo de intereses dominantes. Podría decirse que es el causante del fracaso de muchas sociedades sumidas en la frustración económica y social. En realidad, es una tergiversación que Boumal y otros autores llaman también "capitalismo de amigos" o "capitalismo clientelista," y no conduce al crecimiento ni a la prosperidad. Es característico de las mencionadas dictaduras de los países de América latina, de algunas repúblicas de la ex-Unión Soviética y de países de Medio Oriente y Africa. Rige en ellos la propiedad privada y hay empresas, pero las empresas son funcionales al poder de turno o son empresas de los amigos del poder. La cultura productiva es sustituida por una cultura rentista que concentra el ingreso y acrecienta las desigualdades. En consecuencia, crece la informalidad, la burocracia y la corrupción. Los que logran excedentes lo acumulan afuera, lejos del oportunismo que pudo haberlos beneficiado.
Lamentablemente, lejos de ser una huella de las dictaduras del pasado, el capitalismo malo está hoy presente. Disimula su vocación autoritaria tras una fachada nacionalista, populista y caudillista Es funcional al proyecto de poder.
¿Cuál es el paso inicial para consolidar una estructura de poder clientelar y legitimar el proyecto político autocrático? La captura de la renta de los recursos naturales (agricultura, petróleo, minería, etc.)
La apropiación de dicha renta es una maniobra que requiere de toda una hilera de burócratas, el semillero del que saldrá la próxima generación de "amigos" del poder de turno. Ellos van a fomentar, luego, el capitalismo malo, el capitalismo de amigos.
La segunda consigna es el acoso a los capitalistas que no están, como los primeros, bajo el ala del estado, aquellos que no tienen nada que ver con la camarilla del poder de turno. Los capitalistas clientelistas denostan a los otros como simples cultores de la "codicia corporativa," tanto más si los activos fijos (caños, redes, cables, plantas, antenas, etc.) están en infraestructura relacionada a servicios públicos. Allí, el discurso antiempresa se hace más famoso más en la sociedad, sobre todo cuando se martilla la conciencia pública con las ganancias pasadas y la falta de inversiones.
Los empresarios no adictos sirven como chivo expiatorio de los males presentes, como potenciales destinatarios de nuevas exacciones. Todo es coyuntural a la organización económica funcional al proyecto de poder. Algunos que no están de acuerdo se van y, en su lugar, aparece una nueva clase empresaria más cortesana con el gobierno. Pero como la estrategia es el poder por el poder mismo, todo es contingente y cortoplacista, también las amistades empresarias.
Como el corto plazo lo domina todo, la escasez de inversiones en capital fijo impera. Ni siquiera los amigos están dispuestos a asumir los costos de recomponer insumos y apostar al futuro cuando la necesidad del presente lo domina todo. La descapitalización de los sectores de infraestructura y energía se vuelve indisimulable. Y hasta presenta ejemplos luctuosos en algunos servicios públicos. Mientras tanto, se acumulan pasivos futuros de magnitudes siderales.
Sin embargo, hay que destacar que oponerse a este tipo de capitalismo forma parte de la causa del verdadero capitalismo, así como oponerse a la inquisición forma parte de la causa del verdadero cristianismo y oponerse a la demagogia forma parte de la causa de la verdadera democracia. La versión populista del capitalismo, el capitalismo oligárquico, no cierra ni por acumulación ni por distribución. En cambio, incentiva una cultura rentista y desigualitaria.
Los socialistas de todas las tendencias afirman que el verdadero marxismo nunca fue aplicado en el mundo. Si un "verdadero capitalismo" existió o no alguna vez, es motivo de otra discusión. Sin embargo, a diferencia del "verdadero socialismo," el capitalismo simplemente funciona allí donde se lo deja sin ser molestado. Las ideas de Marx, en la misma y exacta proporción en que fueron implementadas, dieron lugar a una miseria, hambruna y esclavitud humanas sin precedentes. Por eso, es preferible el capitalismo defectuoso al socialismo defectuoso en cualquier momento. Los frutos del capitalismo pueden ser usados para el mal, y son, sin duda, utilizados de esta manera por el estado. La burocracia se alimenta de la producción de las empresas privadas. La experiencia histórica demuestra que el estado se vuelve más rico en términos absolutos con el capitalismo que con cualquier otro sistema. Pero esta es meramente una acusación práctica y moral del estado, no del capitalismo.
Paradójicamente, no es esta faceta negativa del capitalismo lo que lleva a los anticapitalistas a serlo. Para ellos, el problema no es que el estado mantenga estos "amigos," estos "clientes." El problema no es que mantenga toda una burocracia que llega a ser hasta monstruosa: el problema es el espíritu emprendedor sin restricciones. Vale decir, todo pasa por resentimientos y complejos sociales.
Al anticapitalismo se lo define mejor, parafraseando a Mencken, por el temor de que alguien, en algún lugar, se esté haciendo rico. De modo significativo, la objeción anticapitalista no es con la burocracia mantenida por el capitalismo, es con el capitalismo que mantiene a la burocracia.
Algunas palabras son dramáticas y los conceptos que representan también lo son. Democracia es una palabra que parece demasiado idealista en un mundo que aún dista mucho de ser perfecto. Pero este ideal, en la medida en que se le permite florecer, señala el camino hacia un futuro de armonía y abundancia. Lo mismo pasa con el capitalismo. Brasil, Chile, Perú y Uruguay parecen estar encaminados en el verdadero capitalismo. ¿Se puede decir lo mismo de la Argentina? Así como no podemos permitir que se tergiverse el cristianismo o la democracia, no dejemos que se tergiverse el capitalismo, esta buena palabra para el más grande sistema económico en la historia de la raza humana.
Lamentablemente, lejos de ser una huella de las dictaduras del pasado, el capitalismo malo está hoy presente. Disimula su vocación autoritaria tras una fachada nacionalista, populista y caudillista Es funcional al proyecto de poder.
¿Cuál es el paso inicial para consolidar una estructura de poder clientelar y legitimar el proyecto político autocrático? La captura de la renta de los recursos naturales (agricultura, petróleo, minería, etc.)
La apropiación de dicha renta es una maniobra que requiere de toda una hilera de burócratas, el semillero del que saldrá la próxima generación de "amigos" del poder de turno. Ellos van a fomentar, luego, el capitalismo malo, el capitalismo de amigos.
La segunda consigna es el acoso a los capitalistas que no están, como los primeros, bajo el ala del estado, aquellos que no tienen nada que ver con la camarilla del poder de turno. Los capitalistas clientelistas denostan a los otros como simples cultores de la "codicia corporativa," tanto más si los activos fijos (caños, redes, cables, plantas, antenas, etc.) están en infraestructura relacionada a servicios públicos. Allí, el discurso antiempresa se hace más famoso más en la sociedad, sobre todo cuando se martilla la conciencia pública con las ganancias pasadas y la falta de inversiones.
Los empresarios no adictos sirven como chivo expiatorio de los males presentes, como potenciales destinatarios de nuevas exacciones. Todo es coyuntural a la organización económica funcional al proyecto de poder. Algunos que no están de acuerdo se van y, en su lugar, aparece una nueva clase empresaria más cortesana con el gobierno. Pero como la estrategia es el poder por el poder mismo, todo es contingente y cortoplacista, también las amistades empresarias.
Como el corto plazo lo domina todo, la escasez de inversiones en capital fijo impera. Ni siquiera los amigos están dispuestos a asumir los costos de recomponer insumos y apostar al futuro cuando la necesidad del presente lo domina todo. La descapitalización de los sectores de infraestructura y energía se vuelve indisimulable. Y hasta presenta ejemplos luctuosos en algunos servicios públicos. Mientras tanto, se acumulan pasivos futuros de magnitudes siderales.
Sin embargo, hay que destacar que oponerse a este tipo de capitalismo forma parte de la causa del verdadero capitalismo, así como oponerse a la inquisición forma parte de la causa del verdadero cristianismo y oponerse a la demagogia forma parte de la causa de la verdadera democracia. La versión populista del capitalismo, el capitalismo oligárquico, no cierra ni por acumulación ni por distribución. En cambio, incentiva una cultura rentista y desigualitaria.
Los socialistas de todas las tendencias afirman que el verdadero marxismo nunca fue aplicado en el mundo. Si un "verdadero capitalismo" existió o no alguna vez, es motivo de otra discusión. Sin embargo, a diferencia del "verdadero socialismo," el capitalismo simplemente funciona allí donde se lo deja sin ser molestado. Las ideas de Marx, en la misma y exacta proporción en que fueron implementadas, dieron lugar a una miseria, hambruna y esclavitud humanas sin precedentes. Por eso, es preferible el capitalismo defectuoso al socialismo defectuoso en cualquier momento. Los frutos del capitalismo pueden ser usados para el mal, y son, sin duda, utilizados de esta manera por el estado. La burocracia se alimenta de la producción de las empresas privadas. La experiencia histórica demuestra que el estado se vuelve más rico en términos absolutos con el capitalismo que con cualquier otro sistema. Pero esta es meramente una acusación práctica y moral del estado, no del capitalismo.
Paradójicamente, no es esta faceta negativa del capitalismo lo que lleva a los anticapitalistas a serlo. Para ellos, el problema no es que el estado mantenga estos "amigos," estos "clientes." El problema no es que mantenga toda una burocracia que llega a ser hasta monstruosa: el problema es el espíritu emprendedor sin restricciones. Vale decir, todo pasa por resentimientos y complejos sociales.
Al anticapitalismo se lo define mejor, parafraseando a Mencken, por el temor de que alguien, en algún lugar, se esté haciendo rico. De modo significativo, la objeción anticapitalista no es con la burocracia mantenida por el capitalismo, es con el capitalismo que mantiene a la burocracia.
Algunas palabras son dramáticas y los conceptos que representan también lo son. Democracia es una palabra que parece demasiado idealista en un mundo que aún dista mucho de ser perfecto. Pero este ideal, en la medida en que se le permite florecer, señala el camino hacia un futuro de armonía y abundancia. Lo mismo pasa con el capitalismo. Brasil, Chile, Perú y Uruguay parecen estar encaminados en el verdadero capitalismo. ¿Se puede decir lo mismo de la Argentina? Así como no podemos permitir que se tergiverse el cristianismo o la democracia, no dejemos que se tergiverse el capitalismo, esta buena palabra para el más grande sistema económico en la historia de la raza humana.
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