viernes, 17 de mayo de 2013

Hoy como ayer

Murió Videla. Muchos festejarán, entre ellos nuestros actuales gobernantes y políticos de la oposición, ora por convicción, ora por conveniencia. ¿Termina esta muerte con las dictaduras en el país? No. Sólo se ha muerto una consecuencia, no la causa. Lo real es que ningún político se hará cargo de las causas.
Videla fue uno más de los dictadores argentinos, quizás el más cruel, pero no el único dictador y, lo que es mucho más importante, no el único responsable de la tragedia. El golpe del 24 de marzo de 1976 no sucedió porque ese día o el día anterior Videla se levantó de la cama y dijo "hoy voy a dar un golpe de estado.” Existió el fundamento y eso fue lo que posibilitó la oportunidad, no la razón.
Las organizaciones subversivas de la década del ’70 intentaron, enarbolando una bandera que no era la argentina, implantar una dictadura cubano-comunista en el país. No lo lograron gracias al accionar de las fuerzas armadas, hoy vilipendiadas por el lavado de cerebro que, con ayuda de los políticos se le hace a la población, en especial a los jóvenes. La historia se enseña de manera parcial y calamitosa. Se omiten factores que son imprescindibles para una apropiada comprensión de los hechos. Y lo que más importa señalar en este punto es que omitir una parte de la verdad es algo que puede servir para construir la peor de las mentiras.
Las fuerzas armadas realizaban el llamado Operativo Independencia, impulsado por el gobierno de María Estela Martínez de Perón, el cual tenía por objetivo “aniquilar la subversión.” Este operativo se llevó a cabo por el sacrificio en muchos casos de jóvenes soldados conscriptos. Sería redundante hablar de los innumerables secuestros, asesinatos y atentados con bombas realizados por las diversas organizaciones guerrilleras a lo largo y a lo ancho del país. Pero un caso emblemático, sin duda, es el de Hermindo Luna, el soldado salvajemente asesinado por guerrilleros montoneros en el ataque al Regimiento de Infantería de Monte de Formosa, el 5 de octubre de 1975. Y no era otro que Juan Domingo Perón el que brillantemente advertía a la población sobre la grave situación por la que atravesaba la Argentina en virtud de esta actividad subversiva. El 22 de enero de 1974, con motivo del ataque guerrillero del ERP a la Guarnición Militar de Azul, declaraba por cadena nacional de radio y televisión lo siguiente:
Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al estado y a sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la reconstrucción y la liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúan mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.
En consecuencia, ni el gobierno, que ha recibido un mandato popular claro y plebiscitario, ni el pueblo argentino, que ha demostrado con creces su deseo de pacificación y liberación, pueden permanecer inermes ante estos ataques abiertos a su decisión soberana, ni tolerar el abierto desafío a la autoridad, que pone en peligro la seguridad de la ciudadanía, cada día expuesta a la acción criminal de esta banda de asaltantes.”
El caso es que cada vez que un gobierno militar empezaba a dar muestras de resquebrajamiento, los políticos bramaron por la vuelta a la democracia, y cuando la obtuvieron volvieron a hacer inmediatamente lo que había provocado el golpe, negando las causas que llevaron al quiebre institucional y atribuyendo en última instancia todos los males del país a inicuas conspiraciones foráneas. La culpa era siempre del imperialismo yanki, del FMI, del Banco Mundial, de General Motors o de Telefónica de España, pero nunca de quienes manejaron el país a su antojo robando los dineros públicos sin ningún pudor. En eso consiste la verdadera tragedia nacional, en no querer reconocer nunca el ciclo decadente en que se encuentra la nación.    
Los políticos, pasados y actuales, no van a reconocer que fueron ellos los que sembraron la semilla de las distintas dictaduras. Su incapacidad para gobernar, su corrupción, sus actos criminales, sus  violaciones a las leyes vigentes, el dictado de leyes perversas y las peleas por el poder que hoy repiten dieron lugar a los diversos golpes de estado. Las consecuencias fueron siempre la represión, la censura, la persecución, la destrucción del aparato productivo, el aumento de la deuda externa y, en definitiva, la gran tragedia del enfrentamiento entre hermanos. Videla fue tremendamente responsable, sin duda, pero sólo uno de los tantos. 
En esa bajeza de los políticos hay que buscar las verdaderas causas de la tragedia. Lejos de justificar a los militares, estas duras lecciones deben permitirnos repensar nuestra forma de actuar y aprender de nuestros errores. El odio no es la solución. La venganza no nos lleva a la justicia.
Ayer hubo una dictadura militar. Hoy hay un gobierno corrupto y mentiroso que no es otra cosa que la continuidad de esta tragedia de la cual Videla –repito por tercera vez- es sólo uno de los responsables. Hoy como ayer, se incita al odio entre argentinos. Hoy como ayer, se avasallan derechos constitucionales. Hoy como ayer, se vulneran los ahorros, la propiedad privada, las jubilaciones, el comercio y todo tipo de actividades legítimas con medidas torpes e inoperantes propias de una republiqueta bananera más que de un país serio y predecible. Hoy como ayer, hay un clima crispado, de tensión y de violencia que no es ninguna casualidad sino que está provocado, justamente, por la deleznable clase política que nos está azotando. Hoy como ayer, entonces, urge lograr el encuentro entre argentinos para cortar definitivamente con este ciclo decadente que vive la nación y encaminarla a un destino de grandeza.     


domingo, 5 de mayo de 2013

Barack Obama se expide sobre la situación política de Venezuela

Es ciertamente digna de elogio la inquietud del presidente Barack Obama sobre la situación en Venezuela. El mandatario, que acaba de finalizar una gira por México y Costa Rica, declaró en el primer país que "hay informes que prueban que Venezuela no observa los principios básicos de derechos humanos, democracia, libertad de prensa y libertad de reunión." Su declaración, en un momento en que está en tela de juicio el triunfo obtenido por Nicolás Maduro en los comicios del 14 de abril, refleja sin duda el interés no sólo de los venezolanos sino del mundo entero de llegar a las instancias de verificar fehacientemente los resultados de esta elección, algo que el líder de la oposición Henrique Capriles insistentemente ha pedido, y a lo que Maduro sistemáticamente se ha negado a acceder. Maduro ganó los comicios con una ventaja de tan sólo 1.8% en un momento en que su rival Capriles se estaba consolidando como una verdadera figura política alternativa.
"Nuestra visión es que el pueblo venezolano debe elegir a sus líderes en elecciones legítimas," agregó Obama. Y precisamente, la legitimidad de la victoria de Maduro se encuentra sobre planos cada vez más tambaleantes por su tozudez al no querer someterse a verificar los votos. No se está moviendo con la serena dignidad de quien no tiene nada que ocultar. Si piensa que su triunfo es indiscutible, ¿qué problema tiene con que la oposición lo cuestione?
Capriles impugnó ante la justicia electoral la elección del 14 de abril argumentando que hubo al menos 3.000 irregularidades y que la diferencia de votos (260.000) era tan exigua que correspondía un recuento total de los mismos. El gobierno admitió efectuar una auditoría, pero bajo condiciones que no reunían todos los requisitos exigidos por la oposición. Pocos días después de la elección, Maduro prohibió una marcha llamando “fascistas” a los opositores.
Obama, que hasta ahora evitó reconocer la victoria de Maduro, destaca también que al elegir legítimamente su destino, los venezolanos lo hagan “lejos de las prácticas de las que todo el hemisferio se ha distanciado de manera general.” Así habla el mandatario de un país cuya tradición democrática se remonta a muchos años de historia. 
La democracia es compatible con la diversidad de pensamientos, ya que encuentra en esa diversidad un rico semillero de propuestas útiles y necesarias para el bien común. Por el contrario, proyectos basados en el autoritarismo, la obediencia ciega, el fanatismo y el culto a la personalidad infalible del líder buscan desesperadamente acallar toda muestra de pluralismo, ya que ven en ese pluralismo un riesgo a su continuidad. El proyecto encarnado por Hugo Chávez en Venezuela representa un modelo que basa su hegemonía en la propaganda, en la construcción de relatos y en el uso del aparato del estado de manera total, absoluta, inapelable, con lo cual todo el sistema sigue una lógica autoritaria. Dentro de esa lógica, entonces, es bien claro que su continuador, Maduro, intente por todos los medios evitar abrir una hendija por donde pueda entrar el enemigo que más teme: el cuestionamiento a su hegemonía. Todo se origina en la vocación de ese autoritarismo y en el desprecio de las instituciones republicanas y la alternancia de sus mandatos fundamental para la supervivencia de dichas instituciones a través del tiempo. 

viernes, 3 de mayo de 2013

La otra guerra de Cristina

A todos los problemas que agobian a la presidenta en el ámbito interno del país hay que sumarle otro: el duro documento de la ONU en contra de la reforma judicial. Los vientos en contra de la gestión kirchnerista ahora vienen tanto de adentro como de afuera del país. ¿Será capaz Cristina de capear esta tormenta?
En realidad, la razón de la crítica a la reforma judicial hay que buscarla en su intrínseca ilegitimidad. Según la definición anglosajona de democracia, nunca tan apropiada para entender qué está sucediendo, este sistema de gobierno responde a un concepto de "check and balances." Vale decir, el poder no está concentrado en una estructura contundente sino disperso en varias que compiten entre sí y recíprocamente se neutralizan. Cuando una de ellas (poder ejecutivo) adquiere una influencia desmedida sobre otra (poder judicial) todo el sistema queda desequilibrado. En la práctica, el sistema queda tergiversado, y entonces la democracia pasa a ser no más que un hecho nominal, una manera de legitimar el avasallamiento de un régimen omnímodo y sofocante. Se cumple aquella vieja máxima según la cual "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente." No es cierta la explicación que intenta dar el gobierno según la cual esta reforma va a “democratizar” la justicia. ¿Acaso la justicia, tal como la conocíamos hasta ahora, no va en concordancia con el sistema democrático? Si se garantiza que ella quede aparte de las pasiones políticas del momento y los jueces son probos e imparciales, ya se encuentra en el punto requerido para funcionar como engranaje de la maquinaria democrática. No es necesaria ninguna reforma adicional.
Lo que el gobierno está buscando, en realidad, es remover todo escollo que impida consolidar su proyecto de poder hegemónico. Lo hizo con la tan mentada “ley de medios” que busca acallar, o por lo menos postergar, toda voz opositora; lo está haciendo con sus constantes amagues de reforma constitucional para permitir la reelección de la presidente, y lo está haciendo ahora también al privar a la democracia del bastión mismo de que dispone para seguir existiendo como tal: un poder judicial independiente. A estas instancias se llega en virtud de la elección partidaria de los miembros del Consejo de la Magistratura y con las limitaciones de las medidas cautelares, que resguardaban a los ciudadanos de las decisiones del gobierno hasta la decisión definitiva de la justicia. En el comunicado de la ONU, la redactora especial Gabriela Knaul afirma que la reforma “no respeta los estándares internacionales” de la necesaria independencia de los jueces, y que se violan artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que la Argentina ha suscrito. Y no es un dato menor que el gobierno sea reprendido tan severamente por las Naciones Unidas. Eso habla de una política argentina sin dirección ni conducción tanto en lo interno como en lo externo que ha logrado exacerbar a este importante organismo internacional como para que se expida de manera tan categórica sobre lo que ellos perciben como un gran despropósito.
Y es que en realidad, este país navega a la deriva según los caprichos de los humores presidenciales. La corrosiva inflación, la baja en la creación de empleos, el aumento del deterioro institucional, la pérdida gradual de los derechos individuales en virtud del avasallamiento  gubernamental en todos los órdenes, sumados ahora a esta descalificación internacional, son los factores que evidencian el desgaste de la gestión. Fue lo que la ciudadanía expresó de manera contundente en la marcha del 18 de Abril. Tal vez Cristina no previó que recibiría este golpe en contra del exterior, del organismo internacional más importante de la Tierra. Tal vez pensó que todos sus enemigos estaban adentro y que para mantenerlos a raya, le bastaría con rodearse de su comitiva de funcionarios acólitos y la nube de complacencia mediática que en todo momento distorsiona y tergiversa la realidad a su favor; pero los actos tienen consecuencias, y tarde o temprano, la realidad sale a la luz, a veces por el lado que menos se la espera, en este caso, la ONU.
¿En qué va a devenir todo esto? Este último gran golpe, sumado a todos los que está recibiendo el gobierno kirchnerista, está haciendo subir los amperímetros al rojo. Y hay que sumar escándalos, papelones televisivos, las denuncias de corrupción, etc.
El humor social está cada vez más tenso. La situación es cada vez más insostenible. Hay un gobierno mentiroso, inepto y totalmente mediocre en la conducción de un país que se precie de serio y de moderno. Vale decir, estamos acumulando los factores para una debacle nacional histórica. A los vientos en contra internos, ahora se le suma esto. La otra guerra de Cristina, un inesperado golpe que los medios adictos no tardarán en encontrar la forma de vincularlo al diario Clarín. 

viernes, 19 de abril de 2013

Cristina está sola

Si hay una palabra que caracterizó a la movilización que tuvo lugar el jueves 18 es ”heterogeneidad.” Nadie –aclaremos, nadie que tenga un mínimo de objetividad y que no intente recargar los hechos con un contenido capcioso o peyorativo- puede atribuir la gran concurrencia a un sector social o político determinado. En la marcha, la tercera contra el gobierno en siete meses y, sin duda, la más masiva de las tres, hubo peronistas, radicales, socialistas, liberales, conservadores, desarrollistas, y todavía más. Hubo gente de todos los barrios. Hubo profesionales, comerciantes, cuentapropistas o no. Hubo todos los estamentos. Y eso significa que el kirchnerismo perdió el control de la calle, el cual daba por descontado que lo tenía, y ha reanudado su caída la imagen presidencial. Cristina Kirchner se encuentra en una situación cada vez más endeble, sobre un escenario cada vez más frágil, a pesar de sus patéticos intentos de avanzar sobre la justicia para convertirla en una simple agencia al servicio del gobierno de turno, a pesar de que así parecía estar más cerca que nunca de alcanzar la suma del poder público. Y la difusión de las maniobras y negociados de los círculos cercanos al poder parecen dar cuenta de un resquebrajamiento de viejos pactos de silencio. La cadena de encubrimiento parece estar cortada, y esto es un revelador de fisuras en el propio oficialismo.
No era necesario que para el éxito dela concurrida marcha contra el gobierno se conociera el informe periodístico sobre el empresario Lázaro Báez, pero su difusión potenció la indignación.
Como la potenció la desidia oficial demostrada ante el trágico temporal del 2 de abril, por nombrar otro de los factores del profundo desasosiego expresado en las calles.
Y a pesar de que, como en las dos anteriores marchas masivas no faltaron las estigmatizaciones a los manifestantes y las banalizaciones de sus reclamos, el mensaje fue contundente: la ciudadanía se expresó por la calidad institucional, por la seguridad, por la transparencia de las gestiones de los funcionarios y en contra de la inflación, de la corrupción, de la soberbia, de la mentira, del avasallamiento de la justicia, del cercenamiento de las libertades individuales y de la reforma de la constitución nacional.
Fiel a su estilo, lamentablemente, el gobierno decidió no tomar nota de este evento tan importante. Mientras se desarrollaba la marcha, la presidenta Cristina Kirchner, a bordo de su avión que la transportaba a Perú y a Venezuela, se dedicó a inundar el espacio virtual en la conocida red social twitter con un total de 60 mensajes contabilizados en los que ponderaba la acción de su propio gobierno y evocaba a Hugo Chávez entre otras consideraciones, pero ni una sola palabra de la marcha. En uno de los twits, concretamente el enviado a las 21:35 dijo: “El sábado por la mañana voy a ir al Cuartel de la Montaña donde descansa (Hugo Chávez). Quiero estar un poco más sola, sin tanta gente, sin tanto ruido.”
No, señora Cristina, usted no necesita ir a ningún lado para estar sola. Usted está sola. Porque el kirchnerismo está en la recta final, en la fase de su decadencia definitiva. El proceso es irreversible, ya no se puede volver atrás. Es la primera vez que el oficialismo kirchnerista sufre la aparición de personajes que revelan sus intrincados manejos a favor del poder, a espaldas del pueblo y flagrantemente en contra de sus intereses. Los astronómicos fondos desviados hacia paraísos fiscales son los que deberían haberse utilizado para las obras de infraestructura necesarias en el país y para la atención a jubilados. Esa percepción que cala hasta el fondo del poder kirchnerista, sumada a la deteriorada situación económica y, en general, a todas las irregularidades que afectan al país, fue la que se manifestó en la histórica marcha del 18 de abril, y la que nos hace ver un gobierno kirchnerista flojo, tratando de bailar sobre un escenario cada vez más tambaleante. Y en cualquier momento pueden aparecer más testimonios comprometedores que inclinarán aún más la balanza en su contra y lo dejará más desvalido. La endeble situación económica sumada a los graves hechos de corrupción son un golpe demasiado contundente como para que la debilitada presidenta lo pueda asimilar. Todas las encuestas marcan lo mismo: aumenta su imagen negativa, desciende su aprobación. Alicia Kirchner, por su parte, no consigue hacer pie en ningún escenario con vistas a las elecciones legislativas de octubre.
Cristina está sola. Y será mejor que tome nota de eso. Ni siquiera puede contar con Amado Boudou o Axel Kicillof, por nombrar dos de sus puntales más emblemáticos, porque tanto ellos como cualquiera de los alcahuetes que forman su entorno no tendrán el menor inconveniente en darle la espalda y salir caminando como el mejor cuando vean que ya no les conviene seguir cerca de ella, lo cual no debe estar muy lejano en el tiempo si tomamos en cuenta este irreversible proceso del deterioro de la “cohesión” kirchnerista.      
El gobierno está contra las cuerdas y, de hecho, podríamos afirmar que ya perdió la pelea por puntos. La runfla de alcahuetes televisivos, mientras tanto, seguirá desoyendo la voz de los hechos, atribuyendo el malestar de la población con el gobierno nacional a inicuas conspiraciones corporativas.
Hay una deuda pendiente. Exigimos la presencia de una fuerza política organizada, seria, coherente, que sea capaz de presentar propuestas, de exponer ideas. Una contrafigura real y desafiante. Justamente, uno más de los reclamos de la marcha es que los políticos opositores acusen recibo y se erijan en la alternativa política que anhelamos para llevar adelante la voz de un electorado que ha demostrado no doblegarse ante el avasallamiento de un régimen corrupto y demencial.

viernes, 5 de abril de 2013

La última oportunidad

La hora es grave. Está roto el contrato social. La Argentina está fracturada. Por un lado, el país del relato kirchnerista, el país en virtud del cual la Argentina se hunde en la vorágine de inflación, inseguridad, mentiras y prepotencia. Por otro lado, el país real; el país que muy sintéticamente, pero no por eso menos fehacientemente, acabo de describir.
Ya no se trata de ideas políticas encontradas. Se trata de una mafia con códigos operacionales de estilo propio que ha secuestrado la Casa Rosada encabezada por una demagoga, manipuladora y mentirosa patológica, y la runfla de obsecuentes que la rodean como abeja reina y la mantienen en el poder mientras el país involuciona, se cierra al mundo y se aferra a ideologías trogloditas de estatismo populista que sólo buscan aumentar el clientelismo como una forma de acrecentar el caudal de votos para su redil, estrategia que ven como el modo más seguro de perpetuarse en el poder.
El país está fracturado y la ruina es manifiesta a todo nivel. Pero esto tiene nombre y apellido: Cristina Kirchner y su díscolo vicepresidente-guitarrista Amado Boudou, el peor vicepresidente y el peor guitarrista del mundo. Las dos cosas.
Están destruyendo el país en nombre de una ideología que no existe. El gobierno se dedica a presionar intendentes y gobernadores no adictos, la justicia sigue sometida al poder de turno y más que justicia parece una escribanía, la galopante inflación no da tregua, la inseguridad sigue imperando en las calles, la consabida runfla de obsecuentes televisivos siguen cantando loas al régimen cual Ministerio de la Verdad del Gran Hermano de Orwell, y mandatarios de todo el mundo vistan Brasil y Chile, pero no la Argentina.
El kirchnerismo siempre puso especial énfasis en el aumento del empleo. Ese ha sido, sin duda, pilar de su retórica en un país en el que el desempleo había alcanzado niveles demenciales hasta 2003, pero lo cierto es que desde 2008, el empleo público viene creciendo a niveles muy superiores que el empleo privado. Esto, en la práctica, equivale a decir que la economía se está contrayendo y que el país no está creciendo. La Argentina, simplemente, no ofrece garantías para la inversión privada y está muy lejos de ser un país serio, confiable, predecible. El gobierno está otorgando puestos públicos como una manera de tergiversar las estadísticas que indican lo que hasta para ellos tendría que ser evidente: está aumentando el desempleo. No solamente eso. Estos puestos públicos son siempre para los adictos al gobierno (léase la Cámpora), para sus amigos, para los amigos de sus amigos, para los amigos de los amigos de sus amigos y para los amigos de los amigos de los amigos de los adictos al gobierno, ya que en un gobierno corrupto y mentiroso, se castiga y se excluye al idóneo y se premia al obsecuente.
El modelo se basó en que se puede generar una ilusión de progreso indefinido mediante el uso irresponsable de los recursos públicos, la emisión monetaria a discreción como fuego de ametralladora, la distorsión constante y permanente de la realidad y la red de complacencia mediática que en todo momento apoya esa distorsión. Pero como lo demuestra la experiencia mundial, el estado paternalista y dispensador de favores es una ilusión, y ni bien se consumen sus subsidios y prebendas, sus beneficiarios terminan tapados por el agua. Y los alcahuetes mediáticos, desde sus confortables asientos detrás de las cámaras de televisión pagados por los impuestos de los contribuyentes, analizan la cobertura de los hechos, y hablan y ríen, como la familia de robots del señor Hathaway de Crónicas Marcianas.
Y el viento sigue soplando y el mar muerto sigue muerto.
Y el agua nos tapa a todos, moral y materialmente. La tragedia es demasiado grande, demasiado general. Nadie se salva de ella. El gobierno nacional nunca se ocupó debidamente de las obras de infraestructura indispensables. Y para peor, nadie, ni el gobierno nacional ni los gobiernos locales parecieron estar preparados para enfrentar este desastre climático que nos azotó. La tragedia de la inundación dio cuenta de un estado ausente e improvisado, incapaz de garantizar derechos elementales que justifiquen su existencia. No tenemos derechos ni garantías de ningún tipo. No hay transportes públicos adecuados, no hay seguridad en las calles, no hay instituciones sólidas, no hay independencia judicial, no hay educación pública de calidad y, como quedó demostrado, no hay condiciones para afrontar una situación de emergencia.
El poder representa una situación terriblemente despareja para cualquier alternativa opositora, por fuerte que sea, ya que la balanza siempre se inclina para el que lo detenta. Por eso, hoy más que nunca, es menester la presencia de una verdadera fuerza opositora que sirva e freno al avasallamiento de esta dictadura demencial que está mancillando, que está destruyendo literalmente la república. Si ellos dicen “vamos por todo” nosotros tenemos que contestarles “hasta acá llegaron, hasta acá basta.” El disperso arco opositor tiene esa deuda: superar la inoperancia que lo caracteriza y erigirse como alternativa a tanta soberbia, delirio e impunidad. Sabemos que la tarea no es fácil en un espectro político devastado por diez años de prepotencia y de mentiras, pero es menester que políticos capacitados se sientan llamados a ejercer con valentía y decisión esta gran responsabilidad. Hay una oportunidad para comenzar a construir un proyecto político alternativo. El próximo jueves 18 de abril, marchamos a Plaza de Mayo en contra del gobierno kirchnerista. Como una digna continuidad de las históricas marchas del 13 de setiembre y el 8 de noviembre del año pasado, este evento puede significar el cambio de bisagra en la historia. Nadie puede predecir qué saldrá de ello, pero es una oportunidad, y eso es lo que importa. Porque, sencillamente, puede ser la última oportunidad para nosotros. La Argentina está yendo a velocidad crucero a convertirse en una nueva Cuba, y de eso no hay retorno. Si los argentinos no abandonamos nuestra parsimonia, si no somos nosotros los que ponemos límites a este delirio, serán otras las fuerzas que vengan a poner orden, y la próxima marcha la vamos a tener que hacer en Colonia o en Montevideo porque acá no nos van a dejar. No habrá retorno, insisto, cuando la Argentina sea como Cuba. Cuando llegue aquel día, la Cámpora va ser la AKámpora-47, porque van a salir a la calle con fusiles AK-47 y se van a meter por la fuerza en las casas para ver si la gente guarda ejemplares de Clarín, de La Nación o de Selecciones del Reader’s Digest. Y van a pedir los pasaportes para viajar 80 kilómetros en el país como hacían en la Unión Soviética.
El 18 de abril, a la noche, los argentinos tenemos una oportunidad. Debemos demostrar que somos capaces de decir "basta" a la soberbia con que se nos bastardea todos los días. Lo que está en juego es demasiado importante como para que los políticos opositores pierdan tiempo en discusiones superficiales. Es menester dejar atrás la mezquindad y anteponer los intereses de la nación para salvar a tiempo la república. Recordemos que, como dijo, Edmund Burke, lo único necesario para que el mal triunfe es que la gente de bien no haga nada.

lunes, 1 de abril de 2013

Que la razón prevalezca

En 1948, Corea quedó partida en dos como consecuencia de la división de la península por los soviéticos y los norteamericanos. Sería redundante hablar de las diferencias entre los dos países, pero hay un dato que vale la pena destacar: Corea del Norte tiene el quinto ejército más poderoso del planeta, con más de un millón y medio de efectivos y otros cuatro millones en la reserva. Frente al paralelo 38 que divide a ambos países, hay once mil misileras con capacidad de alcanzar todo el sur y también Japón. Su historial nuclear incluye tres pruebas entre 2009 y el 11 de febrero pasado. Esto fue lo que le valió un conjunto de sanciones internacionales, apoyadas entre otros por China, en contra de este país sometido a la dictadura de los K (Kim, no Kirchner).
Los exabruptos vocales del dictador Kim Jong-un, que no deja pasar oportunidad para amenazar a cualquiera, según consta en sus furibundos discursos, causan conmoción en el mundo entero. Corea del Norte se autoproclama "en estado de guerra" con Corea del Sur y afirma que "todos los temas que se planteen entre Norte y Sur se manejarán en consecuencia." De hecho, el régimen de Pyongyang está amenazando a Corea del Sur y a las bases militares estadounidenses de la península casi a diario desde comienzos de marzo, cuando los ejércitos surcoreano y norteamericano realizaban ejercicios de rutina, y ha ordenado a sus poderosas fuerzas armadas permanecer en estado de alerta. Kim Jong-un elevó aún más el tono dela confrontación al ordenar tener preparados sus misiles para atacar "en cualquier momento" intereses de Estados Unidos y Corea del Sur.
"Ha llegado el momento de ajustar cuentas con Estados Unidos," dijo el sábado pasado el gobierno norcoreano a través de su agencia KCNA. Washington ha dicho que se toma “en serio” las amenazas norcoreanas. Por su parte, países como Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia y China repudiaron las declaraciones de Kim y expresaron su preocupación por la delicada situación. El Foreign Office inglés afirmó que con sus “advertencias amenazadoras,” Corea del Norte sólo logrará “un mayor aislamiento,” y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia expresó su “preocupación” por la situación y pidió que el gobierno norcoreano se abstenga de “toda nueva provocación.”
Estas provocaciones, en efecto, sientan un precedente gravísimo. Pero lo que llama la atención es que el mundo entero pareciera ignorar las verdaderas circunstancias que provocan esta tensión. Corea del Norte se encuentra bajo un régimen comunista, un sistema en que un estado omnímodo interfiere en la vida de los habitantes, los cuales son simples súbditos sometidos al capricho de sus déspotas. Gracias a un sistema de represión y de lavado de cerebro constante y permanente, ese tipo de gobierno logra mantenerse en el poder a lo largo de los años sometiendo a las masas a la sumisión y a la miseria más abyecta en todos los niveles. En ese sistema tan perverso, el ser humano carece de toda posibilidad de ejercer una representación mínima en el poder, de torcer el curso de los acontecimientos si éstos no responden al interés o a la voluntad popular, de cambiar las políticas en trance si no son eficaces. Por el contrario, los gobernantes no tienen ningún tipo de fiscalización y a nadie le rinden cuentas de su nefasto accionar. 
En la división de 1948, la parte que llevaba las de perder era el sur, ya que toda la industria estaba en el norte. ¿Qué fue lo que sucedió? Corea del Sur, que logró convertirse en una democracia liberal exitosa y adoptó una economía de mercado, se posiciona en la actualidad como una gran potencia económica con un notable nivel de vida para todos sus habitantes. Su vecino del norte, en cambio, eligió el camino que todos conocemos, y hoy el mundo asiste a la tragedia de un país cuyo ejército, como dije antes, es el quinto más poderoso mientras que su ingreso per cápita es inferior al de Uganda. Y ahora se dedican a amenazar al mundo como si tal cosa. Corea del Norte debe abandonar su retórica bélica, cancelar su programa nuclear y poner a la gente y el interés de la gente, no los caprichos del gobernante, en primer lugar.
Kim Jong –un es un dictador peligroso y delirante que está llevando al mundo a un estado de crispación que nadie sabe en qué va a devenir. Ante tanta demencia, entonces, es de esperar que la prudencia y la razón canalicen las acciones de la comunidad internacional en su conjunto para que la razón prevalezca y, ya como un reaseguro a futuro, buscar ayuda para incorporar a este país a un legítimo lugar en el concierto de las naciones.             

lunes, 18 de marzo de 2013

Que McDonald's administre la inmigración

El presidente Barack Obama está llevando a cabo una reforma inmigratoria que en esencia es un "reprise" del Acta de Reforma y Control de la Inmigración (IRCA, por sus siglas en inglés) sancionada por Ronald Reagan en 1986. Ambas se apoyan en los mismos pilares: legalización para inmigrantes ilegales que cumplan ciertas condiciones, sanciones a empleadores que tomen empleados sin documentos, refuerzo de controles fronterizos y aumento de cuotas de visas para cierta clase de individuos favoreciendo a algunos -graduados de carreras técnicas avanzadas, por ejemplo- sobre otros. Pero estas decisiones serán tomadas por funcionarios, no por el mercado. Todo basado en la presunción de que el estado, por decreto y mágicamente, es la solución a todo lo que nos pasa en todos los órdenes de la vida. ¿Quién necesita de un enfoque más flexible, ni que hablar en sintonía con las necesidades de la economía, cuándo el gobierno puede salvarnos a nosotros de nosotros mismos?
Las reformas de la era Reagan no previeron la forma en que las nuevas necesidades económicas sortearían las restricciones generando los aproximadamente 11 millones de inmigrantes ilegales que residen en la actualidad en los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque el estado no puede prever en qué consistirán las necesidades surgidas del funcionamiento de la economía a través del tiempo. Como en toda política intervencionista, el estado se atribuye la potestad de dirigir un mercado basado en decisiones que son tomadas por millones de individuos interactuando libremente a diario. El número de inmigrantes necesarios para cubrir puestos de trabajo, desde la recolección de frutas hasta la escritura de códigos informáticos es imposible de predecir desde una oficina del gobierno. Si los inmigrantes se trasladan de un país a otro, lo hacen por la simple razón de que en el país receptor hay empleadores interesados en contratarlos, con o sin el beneplácito del gobierno. El potencial de un trabajador inmigrante, que no cabe duda que ha venido a trabajar, es incalculable.
Richard Nixon dijo una vez que, de adoptarse un sistema más flexible que los cupos predeterminados de visas de inmigrantes, "cientos de millones de personas" emigrarían a los Estados Unidos. Pero él lo dijo en el contexto de la economía de la década del '70, cuando la economía global era muy diferente a la actual, mucho más estática y localizada, lejos de las innovaciones tecnológicas de hoy. En la actual economía, en la que asistimos a fenómenos de economías en rápido desarrollo que prometen ser líderes globales, los famosos "tigres asiáticos", por ejemplo, no es lógico suponer que un sistema más flexible abriría las compuertas para una invasión. En la primera parte de la última década, alrededor de 800.000 inmigrantes indocumentados entraron a los Estados Unidos cada año. Para el año 2010, la migración neta desde México, el principal país de origen, se había reducido a cero. La razón principal no fue el fortalecimiento de la patrulla fronteriza sino la desaceleración de la economía. Lo mismo había ocurrido después de pincharse la burbuja de las empresas punto.com. Ese es otro factor que Nixon tampoco hubiera podido prever.
El mayor problema de la inmigración es que está estigmatizada por muchos años de visiones basadas en la desinformación y el prejuicio. En ese sentido, uno de los más grandes temores es el peligro cultural que impera al respecto, y esto no es ninguna novedad. Los inmigrantes latinoamericanos, especialmente los mexicanos, que representan el fuerte de la inmigración a Estados Unidos a partir de mediados del siglo XX, sufrían la misma estigmatización que los irlandeses e italianos en el siglo XIX. Los inmigrantes erosionan la cultura local y la cambian para convertirla en otra. Pero lo cierto es que los inmigrantes muestran patrones de adaptación que echan por tierra cualquier argumento en su contra. Como regla general, la asimilación es fuerte en la segunda generación y se completa en la tercera. Esto se cumple tanto con los inmigrantes legales como con los ilegales. No solamente eso. La tecnología actual es un factor que ayuda mucho para la asimilación.
Volviendo a la economía, virtualmente todos los estudios demuestran que los inmigrantes ejercen una influencia pequeña, pero positiva, en la misma. La noción de que los inmigrantes le quitan el trabajo a los ciudadanos, en vez de cubrir las necesidades de la economía, es falsa y parte de la misma nebulosa de prejuicios con que se suele percibir el fenómeno de la inmigración.
¿Qué se puede hacer entonces? Volvamos a la presunción de que el capitalismo funciona. Dejemos el asunto en manos del mercado. Para eso, no se me ocurre nada mejor que la inmigración sea administrada por McDonald's. Sus locales están esparcidos por todo el orbe y sus servicios cubrirían todas las necesidades. Todo lo que hay que hacer es comprar, junto con el combo, una Immigration McCard para emigrar a los Estados Unidos. ¿A qué precio? A precio de mercado por la ley de la oferta y la demanda.
Así, poniendo la inmigración en el punto del mercado libre, los legisladores se sorprenderán de ver como la marea de inmigrantes fluctúa naturalmente. A veces, los números apenas se notarán.