lunes, 6 de agosto de 2012

El derecho de propiedad

¿Cuál es el derecho más importante? El derecho de propiedad. Es la base de todos los demás derechos económicos y sociales.
El intelectualismo progresista tiende a vincular este derecho como un patrimonio exclusivo de los ricos y, por ende, utiliza esa premisa para justificar actos delictivos y violentos ejercidos contra la propiedad argumentando que esos hechos en realidad son el emergente de situaciones de injusta distribución de la riqueza. Aquel que comete crímenes como robos y hurtos no está atentando contra sus víctimas; sólo expresa las desigualdades e injusticias de la sociedad.
En primer lugar, los derechos sociales no se conquistan a través de delitos. El bienestar general no se consigue por medio de una zozobra generalizada de inseguridad en el ejido social que incluya robos, asaltos, usurpaciones de propiedad privada y todo tipo de violencia callejera. Los hechos delictivos, lejos de representar beneficios sociales, sólo significan perversas ventajas para sus autores. Además, si se permite que el monopolio estatal de la fuerza sea puesto en duda, será reemplazado no por benefactores, sino por organizaciones capaces de imponerse por la violencia. De esa manera, termina por imponerse no el más interesado en el bien común, sino el más violento.
El resguardo del derecho de propiedad es fundamental para la proyección de una comunidad civilizada a través del tiempo. El estado debe, más allá de todo devenir político o ideológico, garantizar la presencia de este derecho, en teoría y práctica, ya que es una garantía constitucional crucial. El derecho de propiedad está presente, implícito y explícito, en los tratados legales de todos los países del mundo. También en pactos internacionales que lo prevén y lo protegen. Es un derecho natural del hombre que sencillamente se desprende de la vida en democracia. El artículo 33 de la constitución argentina expresa:  "Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados; pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno." Por su parte, la novena enmienda de la constitución de Estados Unidos dice: "No por el hecho de que la Constitución enumera ciertos derechos ha de entenderse que niega o menosprecia otros que retiene el pueblo."
Tal vez el factor más importante del derecho de propiedad sea que no solamente beneficia al propietario propiamente dicho de un bien determinado, sino que su ejercicio redunda en el bien común. Lejos de ser un derecho exclusivo de los ricos y que únicamente opera en su favor, protege el uso y disposición efectiva de los derechos patrimoniales. Puede estar presente en el reclamo de un trabajador contra su empleador, en el reclamo de un pasajero contra un hotelero, de un beneficiario de un sistema provisional contra el estado, que ha administrado sus aportes.
Las naciones que han triunfado en el mundo son las que han sabido establecer un sistema inteligente de premios y castigos igual para todos sus habitantes. Y el punto que las une a todas es que han colocado al derecho de propiedad en el lugar de lo sagrado, en el lugar de lo intocable. Por el contrario, los países que siguen políticas populistas, basadas en odios y culpas sociales, sólo consiguen atraso y decadencia año tras año, generación tras generación. Simplemente, el estado debe garantizar paz y seguridad para todos. Esa paz y esa seguridad implica el pleno ejercicio de este derecho tan importante. Si la mentada "lucha de clases" que pregonan los intelectuales marxistas se realiza contra los ricos, no hay razón para pensar que sus embates no llegarán a los pobres a los que se pretende favorecer. Si los sectores más favorecidos de la sociedad no tienen seguridad, nadie la tiene.
Sin un claro concepto del bien y el mal, todo el bienestar económico concebible no será suficiente para guiar a la sociedad hacia un destino de grandeza y bienestar verdaderos.

sábado, 4 de agosto de 2012

Una civilización del camino

Vea "Easy Rider" y déjese llevar en una formidable saga motorizada por los Estados Unidos, una pasión andante. Así tendrá una cabal comprensión de este país.
Estados Unidos es una civilización del camino. Mientras que otros pueblos se caracterizan por lo sedentario y tienden más al apego a un determinado lugar -el barrio, la ciudad, la provincia- los norteamericanos no cesan de desplazarse a lo largo y a lo ancho de su extenso territorio, en todas las direcciones posibles y por todos los motivos imaginables. Estados Unidos es el país del movimiento constante y permanente.
¿Cuáles son las razones que llevan así a todo un pueblo a experimentar, a innovar antes que repetir su pasado? A primera vista, la explicación sería que Estados Unidos es un país joven y, como todos los jóvenes, tiene mucho que aprender. Los norteamericanos no tienen pasado y, por lo tanto, están obligados a reinventarse continuamente como nación. Pero esta visión no es enteramente apropiada porque Estados Unidos tiene en realidad, detrás de sí, varios siglos de historia, una historia que se remonta a la llegada de los colonos del Mayflower a la bahía de Cape Cod, Massachusetts, en 1620. Los norteamericanos sí tienen historia, monumentos y héroes.
Los norteamericanos tienen historia, pero están convencidos, desde la proclamación de la independencia en 1776, de que son sus amos, no sus víctimas, porque creen en la libertad más que en el peso de las presiones históricas. Todo norteamericano está convencido de que participa de la creación de una nueva Tierra Prometida, sin equivalentes ni antecedentes. En los billetes de un dólar figura George Washington, su primer presidente, el militar que comandó sus tropas contra el poderoso ejército del rey Jorge III, el estadista bajo cuyo mandato la república cobró forma, el propietario cuya hacienda era servida por esclavos.
En el reverso de ese billete figura la leyenda "Novus Ordo Seclorum." En 1776, es verdaderamente un nuevo mundo el que inician los Padres Fundadores, porque ese "nuevo orden mundial" no se detiene en las fronteras del país que lo origina sino que se extiende al mundo entero. Esta nación es, desde hace dos siglos, el laboratorio de todas las experiencias políticas, económicas y sociales que tarde o temprano se volcarán al resto del planeta. De allá vienen las imágenes, las modas, las consagraciones. Los norteamericanos parecen estar impulsados por un verdadero sentido de la vocación, una profunda creencia de tener una misión especial de difundir su modo de vida en todo el mundo. Es precisamente este elemento heroico de la vida cotidiana el que otros pueblos carecen, resisten y resienten.
Y es en ese alcance universal en el que este "nuevo orden" está en permanente construcción. En ese mismo billete, hay una pirámide trunca. Incumbe a todos participar en su terminación. Sea o no norteamericano, esa obra tiene vocación universal: está abierta a todos. Por eso aún hoy siguen llegando millones de voluntarios, inmigrantes indocumentados o no, provenientes del Caribe, de Asia, de las fronteras de México o Canadá. Para millones de desheredados y refugiados del mundo entero, Estados Unidos sigue siendo la Tierra Prometida.
En 1963, un siglo después que Lincoln aboliera la esclavitud, Kennedy es asesinado. A pesar del tiempo transcurrido, fuertes síntomas de racismo persistían. En los estados del sur, los asientos traseros de los ómnibus y tranvías estaban segregados a los negros. La sociedad era muy puritana y conservadora. Ídolos conformistas y de imagen impoluta como los Plateros o Doris Day dominaban la escena.
En diez años, todo eso cambió completamente bajo los efectos de la guerra de Vietnam que significó el descrédito de todo lo conservador y adulto, la liberación femenina, el avance de la rebeldía juvenil, la contracultura, el movimiento hippie, Woodstock, la rebeldía de los negros y de todas las minorías.
Y lo cierto es que, en ese sentido, se ha avanzado bastante. No sólo los negros hace rato que se pueden sentar en el asiento que les plazca en los transportes públicos (y ocupan cargos jerárquicos de las más diversas actividades a lo largo y a lo ancho del país) sino también que Michelle Obama, una mujer de raza negra descendiente en quinta generación de esclavos como los que George Washington tenía en su casa, hoy es la primera dama de los Estados Unidos.
Norteamérica ya no es enteramente blanca y anglosajona. En realidad, hace mucho que dejó de serlo. Y esta coexistencia, ese verdadero "crisol de razas" en una sola nación es, sin duda, una de las experiencias más promisorias que se realizan en el formidable laboratorio norteamericano.
Los logros sociales de la década del '60 consiguieron redefinir el sueño americano, esa utopía que nunca parece terminar de definirse, esa pirámide siempre inacabada del billete de dólar. El mismo Kennedy había dicho que la sociedad americana es un proceso, no una conclusión, como si acaso hubiera podido ver que veinte años más tarde, ese mismo sueño sería nuevamente redefinido por un pueblo norteamericano que ya había adherido a la revolución conservadora del presidente Ronald Reagan.
Para comprender este país, hay que tener en cuenta la medida física de su inmensidad. Recorrer este país, conocerlo a fondo, es más que un mero hecho turístico; es una experiencia reveladora de libertad e independencia. Tal como en la época del Viejo Oeste, cuando el lema era "Go West, young man," Estados Unidos sigue siendo una civilización del camino. Los norteamericanos siguen siendo pioneros que la recorren ahora en automóviles de transmisión automática a 55 millas por hora en las vastas autopistas, pero en esencia siguen siendo pioneros siempre en búsqueda de esa utopía, el sueño americano. Como en esta clásica "road movie" en la que Peter Fonda y Dennis Hopper salieron a buscar a Estados Unidos... y jamás pudieron encontrarlo.


jueves, 2 de agosto de 2012

El mensaje de un árbol

"Los dos miramos el cielo azul, el castaño sin hojas con sus ramas llenas de gotitas resplandecientes, las gaviotas y los demás pájaros que al volar por encima de nuestras cabezas parecían de plata, y todo esto nos conmovió y nos sobrecogió tanto que no podíamos hablar."
Ana Frank escribió estas emotivas palabras en su diario en febrero de 1944. Ella y su amigo Peter se habían asomado por la ventana del desván, en la parte trasera de la casa donde se ocultaban de los nazis. Era el único contacto con la libertad que tanto extrañaban en su escondite. Luego, en agosto, los delataron. Ana murió en marzo de 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen, pero su legado sigue vivo.
Un retoño de este castaño que Ana menciona tres veces en su diario fue llevado al Centro Ana Frank Argentina, museo fundado el 12 de junio de 2009 para concientizar sobre los horrores de la guerra, los genocidios y las dictaduras. En la Argentina, donde se refugiaron muchos criminales de guerra nazis y hubo una dictadura militar, este museo funciona en el porteño barrio de Belgrano y atrae a muchos visitantes. Su director, Héctor Shalom, explica: "Comprender a Ana Frank ayuda a muchos jóvenes aquí a entender los horrores de la junta militar."
En 2010, Shalom llevó a la Argentina un retoño del castaño de Amsterdam. El largo viaje y los interminables trámites burocráticos no le hicieron nada bien al arbolito. "El vuelo intercontinental y la espera en el aeropuerto casi lo marchitaron," dice Shalom. Sin embargo, dos años después, ha ocurrido un milagro natural. Este retoño del castaño -árbol que no es nativo de América- se ha adoptado muy bien a su nuevo hábitat. Está creciendo en su jardín y se ha aclimatado a la inversión de las estaciones del año en el hemisferio sur.
El árbol de Ana Frank ha dado la vuelta al mundo. A medida que la enfermedad hacía estragos en el viejo castaño, dos grupos de personas empezaron a prepararse para el día en que ya no existiera. La Fundación de Apoyo al Arbol de Ana Frank recogió las castañas que cayeron al suelo y las sembró en macetas. Muchos de los retoños del árbol se donaron a organizaciones europeas que apoyaban la conmemoración de Ana Frank. En junio de 2011 se sembraron tres brotes del castaño en la calle Ana Frank de Weira, Alemania. La fundación conserva ahora unos 100 retoños.
La Fundación Ana Frank, la asociación oficial que administra el Museo Casa de Ana Frank en Amsterdam, también ha plantado retoños. En Europa, unas 70 escuelas llamadas Ana Frank han recibido algunos, al igual que varias organizaciones afines en Japón, Canadá y otros países. El monumento conmemorativo del Holocausto Yad Vashem, en Jerusalén, tiene uno. Y hacia finales de este año, la Casa Blanca, en Washington, y la Zona Cero de Nueva York tendrán retoños del árbol de Ana Frank, después de una cuarentena de tres años.
Además de estos arbolitos, la Fundación Ana Frank encargó a un vivero especial injertar siete esquejes. Seis de ellos se plantaron en el cementerio municipal de Amsterdam en 2005, para conmemorar el 60° aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.        
En la Argentina, el Centro Ana Frank recibe apoyo administrativo y económico de la Fundación Ana Frank de Amsterdam. En la planta baja del museo hay una exposición diseñada en Holanda sobre la historia de Ana Frank, de la ocupación alemana y de los campos de concentración. En el piso superior se han reconstruido la cocina, el cuarto y otras partes del escondite de Ana. Shalom consiguió piezas auténticas de hace 70 años para el inventario del museo, entre ellas un horno y jabón holandés en polvo. Hasta hay una versión del "Monopoly" de antes de la guerra que consiguió en Holanda. Las paredes, incluso, están decoradas con los mismos retratos de filósofos y estrellas de cine que Ana tenía en su habitación. El aire acondicionado es el único objeto contemporáneo.
Sábado 13 de mayo de 1944: "Ayer fue el cumpleaños de papá, que coincidió con sus diecinueve años de matrimonio con mamá. No vino la señora de la limpieza, y el sol brillaba como no lo había hecho todavía en 1944. Nuestro castaño está en flor, cubierto de hojas de arriba a abajo, e incluso más bello que el año pasado."
Esa fue la última vez que Ana mencionó el árbol. Hoy, en Buenos Aires, tras superar un largo viaje y la inversión de estaciones, su retoño se yergue desafiante en el jardín de una casa del barrio de Belgrano que recuerda el indecible horror de la barbarie nazi.
Hay un árbol que tiene algo que decirnos. El mensaje que este árbol, el árbol de la esperanza, recuerdo viviente de los horrores de la guerra tiene para nosotros es un mensaje de valor y fortaleza contra la discriminación y la intolerancia. Sólo el amor y la solidaridad vencerán al odio y al egoísmo. Es fundamental tomar conciencia, reflexionar y aprender de las cosas que han sucedido, recordando también la dictadura militar que tuvo lugar en el país. Podemos tomar la historia de Ana Frank como punto de reflexión para repensar los valores y conceptos de los derechos humanos, el respeto por las diferencias, la libertad y la democracia.

jueves, 19 de julio de 2012

Necesitamos poner límites

La verdad que atraviesa la Argentina es que el sistema entero está falsificado. Ese, y no otro, es su rasgo distintivo. El gobierno falsifica, manipula y adultera sistemáticamente las estadísticas oficiales, con lo cual distorsiona la realidad misma. La esfera misma de pensamiento está manipulada y distorsionada, y eso se lo debemos a la muy bien instalada red de medios acólitos a los que el régimen nos tiene acostumbrados, pero también al absoluto déficit de alternativas de oposición que funcionen como tal. Alguien tiene que poner límites a la soberbia, locura y arbitrariedad que caracterizan a este gobierno. La gran potencialidad que anida en este país se encuentra presionada, postergada, cohibida bajo un régimen que la está sometiendo, que la está golpeando en muchas más maneras de las que quizás nosotros podamos saber.
En un país donde las instituciones funcionaran como se debe, la presidenta Cristina Kirchner debería haber sido demandada por violar el secreto fiscal de cierto agente inmobiliario, al acusarlo, en un verdadero acto intimidatorio impropio de la figura presidencial, de no haber presentado su declaración jurada, o la declaración jurada de la firma de la que sería socio, por medio de la cadena nacional. Como abogada, Cristina Kirchner debería saber que el secreto fiscal sólo se levanta por la comisión de un delito o en el marco de un proceso penal en el que, obviamente, tiene intervención la justicia, y ésta decide el levantamiento. Si, además, vamos al caso de declaraciones juradas, el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, debería explicar por qué, desde diciembre pasado no hace públicos los gastos del presupuesto nacional. Es decir, del dinero que paga el pueblo argentino. El gobierno debería saber que los funcionarios tienen el ineludible deber de informar. El funcionario no debe controlar al ciudadano para ver qué hace. El ciudadano debe controlar al funcionario. Es la diferencia entre el estado de derecho y un régimen autoritario y avasallante.
Por supuesto, no es el único ejemplo. De hecho, la presidenta habla del estado y de los presupuestos como si ella fuera la dueña del dinero público. Habla de los gobernadores como si fueran sus empleados. Habla de los fiscales y los jueces como si fuesen sus subordinados y no un poder independiente, una de las tres ramas de poder que constituyen la división de poderes, núcleo mismo de la democracia moderna. Es capaz de retar a un gobernador, a un periodista, a un empresario, a un “abuelito amarrete” que le quería regalar dólares a su nieto, a un agente inmobiliario que tuvo la osadía de decir que cada vez se vendía menos y también a la Corte Suprema de Justicia como si estuviera por encima de todos (y todas) y como si el 54% de los votos que obtuvo el año pasado le sirvieran como carta blanca para hacer todo lo que se le antoja, sin ningún límite legal ni constitucional.
En recientes apariciones televisivas, el ex ministro de economía Domingo Cavallo aseguró que el matrimonio Kirchner apoyó sus políticas mucho más de lo que lo hicieron otros peronistas. “Néstor y Cristina venían a pedirme consejos y a darme apoyo,” declaró Cavallo. “Ellos apoyaron las políticas de la década del ’90 mucho más que otros peronistas o sindicalistas como Moyano.” Y agregó que la jefa del estado "es una mentirosa" y que tiene "una actitud oportunista". "Néstor me pedía aprender economía cuando conversaba conmigo, que ahora diga que se le atragantó la tostada es un actitud oportunista. Es una mentirosa, dice eso ahora pero no es lo que ella pensaba antes."
El tema de “la tostada” se refiere a las más que patéticas  declaraciones que tuvo recientemente la presidenta con respecto a su condición de calvo.
Allí ella había dicho: "Hoy me pegué un susto bárbaro a la mañana, la verdad. Recibo entre todos los diarios locales, además, El País, de España, el más importante de la madre patria, casi 2 millones de lectores. Miren lo que era la tapa: «La UE pone bajo tutela a España». Miren al pelado ese (por Guindos). Me trajo unos recuerdos que casi me amargan el desayuno, me quedé con la tostada atragantada".
Cavallo dijo que se sintió aludido, pero que no le importó. “La presidenta nos miente en todo, “dijo el ex ministro.
No sólo nos miente en todo, sino que todavía tiene el aval de gente que parece estar dispuesta a aceptar tanta mentira, tanta arrogancia, tanta prepotencia. En estos momentos, el índice de popularidad de la presidenta debería ser cero: la economía se contrae, la inflación se dispara, la inseguridad convierte las calles en tierra de nadie, la justicia es cualquier cosa menos independiente, la educación va en picada. Hay un hecho innegable que duele, que ofende como ningún otro, que es el siguiente: a la Argentina ya hay que compararla con pobres países gobernados por payasos y dictadorzuelos de cuarta como Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia cuando, en realidad, por su potencialidad, por sus recursos humanos y materiales, (en definitiva, por razones obvias que serían redundantes enumerar aquí) habría que compararla con Canadá y Australia. Ese, y no otro, es el  lugar que le corresponde a este país: ser un gran país. Cuán horrible, entonces, es nuestra actual clase dirigente: cuán mezquina, traicionera, cobarde, hipócrita, obsecuente, ignorante e incompetente. Lo peor no es que la mentira provenga de un partido político, demagogo en campaña o comunicador de turno, sino que el ardid está legalizado e institucionalizado para llevar adelante este falso modelo de país que sólo los necios más abyectos pueden aceptar.    
La política nacional tiene una deuda: el ciudadano necesita una opción para polarizar un voto opositor, y que esa opción se transforme en una alternativa electoral coherente. Contar con una auténtica alternativa de oposición es una necesidad imperiosa ante tanta mentira, delirio y arbitrariedad.

lunes, 16 de julio de 2012

Para nosotros, la libertad

Estamos asistiendo a una nefasta intervención estatal en todos los campos que amenaza con la desaparición misma de la libertad, la poca que nos queda. Desde el momento en que Mercedes Marcó del Pont, la máxima autoridad del Banco Central de la República Argentina, anuncia que no se podrá vender propiedades en dólares, el peso argentino pasa a ser una moneda de uso interno, como de campo de concentración.  Lo fabrica el gobierno basado en su propia voluntad emisora y en la cantidad que desee para pagar sus gastos, pero únicamente sirve para cancelar obligaciones dentro del país-cárcel que han creado, un país donde los habitantes no  pueden disponer de sus ahorros de la forma que consideren más conveniente. ¿Dónde está la libertad? ¿Qué se ha hecho del principio constitucional de usar y disponer de la propiedad?  La moneda nacional no se puede convertir a ninguna otra moneda del mundo,  es inaceptable fuera del país porque ya no inspira la más mínima confianza y, mientras que la demanda interna tiende a cero, la oferta de dinero, por medio de la emisión, al infinito. Van a empapelar el país, lo hiperinflacionarán, y para oficializar esa hiperinflación van a sacar billetes de  $200 y $500 con las imágenes de Irigoyen y Perón, como si alguno de los dos tuviera la culpa de algo. ¿Cuándo la votaron a Cristina Kirchner?
La acelerada reducción de la actividad económica nacional que ya alcanza niveles que llevan a pensar en el fin del crecimiento y el ingreso en una etapa de recesión no puede atribuirse, como cuenta el relato oficial, a factores externos consistentes en la delicada situación de la economía mundial sino en realidad al cada vez mayor impacto de factores internos. Inflación y recesión son un verdadero cóctel explosivo por sus efectos en el ahorro, la inversión, el empleo, la salida de capitales y el desarrollo general de la economía y sus graves consecuencias sociales.
Se ha denunciado la circulación de billetes de 100 pesos mal hechos. Ese detalle no nos interesa. Los billetes son todos papel moneda falsa y el hecho que tengan los números mal impresos no cambia nada. Están empapelando el país con emisión monetaria fabricada por Boudou y Vanderbroele. Los billetes valen por cuanto el público los aprecia. En ese sentido, su demanda tiende a cero. La gente se desprende de esa moneda espuria  que no solamente es inflación pura sino que, además, no se puede cambiar a otra divisa. A menos, claro está, que se recurra al mercado negro en el que se paga un sobreprecio. Como en un campo de concentración, hay que sobornar a los guardias para obtener favores. El peso es moneda de cárcel, de ghetto, de campo de concentración: sólo de uso interno. Y si añadimos los problemas fiscales del país, el gobierno ha acuñado la fórmula para una debacle nacional histórica.
El grave riesgo que corre nuestro país de acentuar sus desequilibrios y desaciertos y de caer en una aguda recesión lleva a recomendar, entonces, un cambio de rumbo, aceptando e incorporando las reglas de juego de los países exitosos y desechando aquellas que están mostrando su incompetencia y dañinas proyecciones.
No solamente urge adoptar dichas reglas de juego sino que también es necesario volver con toda urgencia a asegurar los beneficios de la libertad consagrados en nuestra constitución nacional. Debemos volver inmediatamente, en letra y en espíritu, a un marco de vida democrática a la luz de la ley fundamental de la nación.  


sábado, 14 de julio de 2012

La historia y el relato

Todos leímos la obra más famosa de George Orwell, "1984." Parece que cuando Cristina Kirchner lo leyó, empezó a tomar notas. 
Siguiendo la consigna orwelliana de "el que controla el pasado controla el futuro, y el que controla el presente controla el pasado," el gobierno lleva adelante una campaña cuyo objeto es incursionar en el pasado a fin de confeccionar un relato de la historia funcional a sus intereses. Para sustentar y defender su relato, el gobierno amaña los hechos del pasado sometiéndolos a su voluntad.
Así, un gobierno que se arroga la condición de juez del pasado, a través de su muy bien instalada red de medios acólitos, pone todo su énfasis en desfigurar la historia, para lo cual se recurre a la estrategia de descalificar las obras de quienes trabajaron para impulsar un país caracterizado por el respeto a las instituciones, o bien se pronuncian diatribas contra personajes históricos que consolidaron la nacionalidad.
Se menoscabó al gran estadista y educador Domingo Faustino Sarmiento al cumplirse el año pasado el bicentenario de su nacimiento. Se cae en el absurdo de apelar de un día para otro sólo a la condición de abogado del general Manuel Belgrano, que prestó por igual extraordinarios servicios al país como modelo de hombre cívico y como comandante de ejércitos que batallaron por la independencia nacional. Se soslaya olímpicamente el legado de la Generación del 80. Pero tal vez el desfasaje más absurdo consista en la embestida contra la campaña del desierto del general Roca a la que ya estamos acostumbrados a oír por los mencionados medios adictos al régimen.
La nebulosa de propaladores del discurso oficial no pierde oportunidad de autoadjudicarse la defensa de los pueblos originarios y desconoce que los mapuches derrotados por las tropas de Roca ni siquiera eran originarios de nuestro territorio, sino que provenían de Chile. La conquista del desierto, en realidad, fue una guerra encubierta contra Chile por la posesión de la Patagonia. Julio Argentino Roca fue un político brillante que vio la importancia de asegurar la soberanía argentina sobre ese territorio para bien de la nación. Si no hubiera sido por Roca, hoy probablemente la Patagonia estaría bajo bandera chilena.
Y si vamos al caso del tan mentado “genocidio” que con tanta frecuencia se le endilga a Roca, tomen nota, señores revisionistas: las Naciones Unidas acaban de presentar al gobierno argentino un reclamo en el que se le urge a que adopte "las medidas legislativas y administrativas" que corresponden en favor de comunidades indígenas altamente desprotegidas en el territorio argentino. En términos relativos con las posibilidades de bienestar general de la contemporaneidad, podría decirse que la situación actual de los indios argentinos es más grave que en los tiempos en que la Argentina hacía esfuerzos por ponerse enteramente de pie.
Los esfuerzos para reescribir la historia son una muestra de la soberbia y arrogancia que caracterizan a un gobierno que pone en práctica la consigna de Joseph Goebbels, el siniestro ministro de propaganda nazi, “repite y repite, y eso quedará.”

jueves, 12 de julio de 2012

Gramsci y los indignados

El pensador marxista italiano Antonio Gramsci se diferenció de Lenin aseverando que, antes que el poder político, lo importante era la conquista de la hegemonía, por lo que se hacía necesaria una "agresión molecular" contra la sociedad civil, la cultura y los medios de comunicación antes que la lucha armada. Gramsci hablaba de "la larga marcha sobre las instituciones." De esa manera, la hegemonía se lograba cuando virtualmente nadie podría pensar fuera del orden establecido y, en última instancia, el proyecto político dominante no tendría alternativa. El pensamiento gramsciano puede sintetizarse en su frase: "Tomen la cultura y la educación y todo lo demás se dará por añadidura."
Gramsci sugiere el establecimiento de una contrahegemonía cultural que nazca de las masas del proletariado para arremeter contra la cultura "tradicional" o "burguesa" como él la conocía. Influir sobre la cultura significaba realizar una "guerra de posición" conducente a una "guerra de momento" lo cual no era otra cosa que tomar el poder. A diferencia de Marx, que creía en la dialéctica de la historia, Gramsci sostenía que no es necesario esperar la maduración del capitalismo para implementar el socialismo. Su consigna más conocida era: "instruir, agitar, organizar."
El pensamiento de Antonio Gramsci y su consiguiente estrategia han influido notablemente sobre el mundo actual. En efecto, es un gran referente de los "indignados" del mundo que levantan pancartas con su imagen en sus manifestaciones. La ironía es que la "larga marcha sobre las instituciones" ahora va al revés.
Gramsci, quien sufriera las persecuciones y encierros de Mussolini, se sorprendería al constatar que los indignados que lo llevan en pancartas pregonan el mismo modelo económico de sus represores fascistas: el férreo control de las empresas más grandes por parte del estado. Gramsci era comunista y, como tal, creía en la abolición final y definitiva del estado y en la propiedad colectiva de los medios de producción. Por el contrario, la consigna por excelencia del fascismo era: "Todo en el estado, nada contra el estado, nada fuera del estado."
Mientras Gramsci decía que "es en verdad admirable la lucha que lleva la humanidad desde tiempos inmemoriales por arrancar y desgarrar todas las ataduras," los indignados piden más de lo mismo: un leviatán gubernamental omnímodo que, además, en definitiva, ajusta y fortalece las ataduras con los burócratas del poder de turno. Las mismas ataduras que Gramsci tanto odiaba y quería destruir. Y es a raíz de estas ideologías de intervencionismo estatal que los indignados llevan adelante una cruzada por el absoluto control gubernamental de la industria, el comercio, la banca, la enseñanza y los servicios públicos. Es a raíz de tales ideologías que intentan tomar la cultura y la educación y, en suma, conquistar la hegemonía para obtener luego el poder político, un poder político tan omnímodo e inapelable como el que apresó a su maestro Gramsci por un total de diez años en las cárceles del dictador fascista Mussolini.   
Es que no se puede soslayar el hecho de que el nazi-fascismo y el comunismo se parecen no solamente por sus comportamientos aberrantes, sus consecuencias criminales, sino también porque parten de la misma base ideológica: el control gubernamental sobre todos los aspectos de la vida y el avasallamiento de las libertades individuales.
Tal vez el problema consiste en la incomprensión respecto de las causas de las condiciones de vida de las personas. Se trata de contar con marcos institucionales adecuados en libertad y en democracia. Hay que estudiar y difundir los principios y valores sobre los que descansa una sociedad abierta y, al mismo tiempo, rechazar los discursos de pretendidos iluminados que compiten desde los más diversos flancos para manejar la vida y la propiedad de los demás. Juan Bautista Alberdi sostenía que “no basta con reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en su principio y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso: el uso y la disponibilidad de sus ventajas… El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el estado en nombre de la utilidad pública.”
Los mencionados marcos institucionales permiten atraer inversiones que apoyarán al trabajador para elevar su productividad. El resultado será el aumento generalizado de la prosperidad, el apuntalamiento de las instituciones democráticas y, en definitiva, el aumento del nivel de vida para todos dentro del marco del imperio de la ley.